La Ética del Perdón

Lunes, 09/02/2026 09:30 AM

La reciente aprobación por unanimidad, en primera discusión, del proyecto de Ley de Amnistía marca un hito que trasciende lo jurídico para adentrarse en la dimensión más profunda de la convivencia humana: la ética del perdón.

Como sociedad, nos encontramos ante un espejo que nos pregunta si somos capaces de transformar el conflicto crónico en una paz sostenible o si seguiremos encadenados al ciclo infinito de la retaliación.

El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, ha sido enfático al señalar que la reconciliación no es un decreto unilateral, sino un compromiso bidireccional. Esta premisa es fundamental desde la psicología social y la filosofía política: el perdón no es olvido, ni mucho menos impunidad; es, en esencia, una decisión política y humana para desactivar los mecanismos del odio.

Desde la perspectiva del Derecho y la Filosofía, la amnistía (del griego amnestia, "olvido") no debe entenderse como una negación de la memoria, sino como una herramienta de justicia transicional.

En este sentido, la propuesta legislativa busca, abandonar la violencia como método de acción política, sustituir la venganza por el diálogo, aceptar que el adversario no es un enemigo a exterminar, sino un actor necesario para la democracia y sanar el tejido social, reduciendo los niveles de polarización que fracturan incluso el núcleo familiar.

Para que una ley de esta magnitud sea efectiva, debe ir acompañada de un cambio en la psique colectiva. El odio y la venganza son cargas pesadas que agotan el capital social de una nación. La psicología social nos enseña que el extremismo se alimenta de la deshumanización del "otro".

El acto de pedir perdón requiere la valentía de reconocer el daño causado y la responsabilidad de los propios actos. Por otro lado, la voluntad de otorgarlo exige una generosidad política que priorice el bienestar de las generaciones futuras por encima del resentimiento individual.

La unanimidad en la Asamblea Nacional envía un mensaje poderoso: la paz es un objetivo común que debe estar por encima de los intereses partidistas. Sin embargo, este marco legal solo será el inicio, si no existe una voluntad real de todas las partes, y que no se convierta en "una apariencia" de tolerancia.

La ética del perdón nos invita a comprender que la convivencia social no se basa en el afecto mutuo, sino en el respeto sincero a la dignidad del que piensa distinto, en la que debe cesar el lenguaje de confrontación.

Si logramos que el perdón sea el motor de estas nuevas realidades, estaremos construyendo una nación donde la política sea el arte del acuerdo y no el campo de batalla de los odios heredados.

La amnistía es la puerta y la reconciliación es el camino.

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