¿Qué hacer con el odio y la venganza del extremismo político?

Lunes, 09/02/2026 12:53 AM

El escenario político contemporáneo nos enfrenta a una patología de la convivencia: el extremismo que, lejos de buscar la alternancia democrática, persigue la aniquilación del "otro" mediante el auxilio de potencias externas. En el caso del sector extremista antichavista, la persistente solicitud de ataques militares por parte de los Estados Unidos no es solo un dilema estratégico, sino una ruptura del contrato social y un síntoma psicosocial de alienación.

Desde el Derecho, debemos ser tajantes. La libertad de expresión termina donde comienza la instigación a la agresión armada contra el propio territorio. En términos de soberanía, la solicitud de intervención militar extranjera se encuadra en la figura de traición a la patria. No se trata de criminalizar la crítica al gobierno, sino de proteger la base material que permite la existencia del Estado: la integridad territorial y la autodeterminación.

Como expertos en psicología social, observamos que este extremismo opera bajo una lógica de deshumanización. El adversario político ya no es un ciudadano con ideas distintas, sino un "enemigo" que debe ser extirpado, incluso a costa del bienestar general.

La Venganza como "Justicia": El extremista percibe la intervención extranjera como un deus ex machina que vendrá a ejecutar la justicia que ellos, por vía democrática, no han logrado capitalizar.

Erosión del Sentido de Pertenencia: Pedir bombas sobre tu propio suelo revela una desconexión emocional profunda con la comunidad nacional y una actitud lamentablemente antipatriótica.

Filosóficamente, el llamado a la guerra es una manifestación de la necropolítica (política de muerte). Frente a esto, la respuesta del Estado y la sociedad civil no puede ser simplemente un "espejo" de ese odio. La solución pasa por:

La resignificación del Diálogo: Someter el conflicto a la palabra, no a la pólvora. Quien pide intervención externa está admitiendo su incapacidad de convivir.

Justicia Restaurativa: Es imperativo que el sistema legal actúe, pero con el fin último de restaurar la paz, no de alimentar el mártir del extremista.

Soberanía Ética: Fortalecer la conciencia de que los problemas de casa se resuelven en casa. La ética de la convivencia exige aceptar que el "otro" no va a desaparecer, y que cualquier solución que implique violencia extranjera solo dejará un territorio en ruinas para ambos bandos.

¿Qué hacer? La respuesta es Firmeza Jurídica, Educación Cívica y Reencuadre Narrativo. Debemos despojar al extremismo de su disfraz de "lucha por la libertad" y mostrarlo como lo que es: una renuncia a la política con "P" mayúscula y una entrega de la dignidad nacional.

La convivencia social no se construye con el exterminio del oponente, sino con la edificación de instituciones tan sólidas que hagan que cualquier llamado a la invasión sea percibido no solo como un delito, sino como un absurdo histórico.

 

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