Pipo apenas sintió que tocaron el portón del garaje, salió y comenzó a ladrar, pues la persona que estaba ahí no era conocida. Después salió Juancho y al reconocer a un amigo, se acercó a dicho portón lo abrió y ambos se dieron un abrazo cálido y fraterno y luego dicho amigo, señaló: "Ese perrito es ladrador". "Si", le contestó Juancho, y agregó: "Pero solo ladra cuando ve gente fea", y su interlocutor, le respondió: "Entonces ese pobre perro no dejará de ladrar viviendo contigo". Ambos se rieron y Juancho aprovechó e invitó al visitante a sentarse en la silla del garaje y ahí entablaron conversa, mientras Pipo buscó la sombra de los helechos para echarse.
- Pero, cuéntame, me dijeron que andaba por el extranjero visitando a tus hijos, manifestó Juancho.
- Si, di una vuelta fuera del país y visité a varios países, donde todo es muy bonito y organizado, pero al final sientes como fastidio y empieza la nostalgia a picarte en el cuerpo y llegas a la conclusión de que no hay país como éste y más aún este pueblo de la Tacarigua de Margarita.
- Si supieras que he visto por ahí a varias personas que después de haber vivido por varios años en otros países, se han regresado y han llegado a la misma conclusión, es decir que no hay como Venezuela, sea como sea, indicó Juancho.
- Por otra parte, dijo el amigo, uno necesita ir a esos mundos cuando está joven y completamente sano y no con esta edad que ya tiene ciertas limitaciones y ciertas enfermedades y eso implica que debes andar con su morral de pastillas una para cada mal y al final no sabe si te prestan o no, pero hay que tomárselas.
- Pero es así, no queda de otra, yo también tengo varios medicamentos por ahí que no me dejan salir, pues a cada hora tengo que tomarme una o dos pastillas. Pero hablando de otra cosa, te pregunto: El negocito que tenías, ¿qué pasó?
- Fracasó, dijo el amigo.
- Bueno eso está dentro de los riesgos, aunque Franklin D. Roosevelt decía: "En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada"
-Exacto Juancho, dijo el amigo y se paró y se despidió y el periodista le abro el portón y regresó a sentarse junto a su perro Pipo, o sea debajo de los helechos.