El 4 de febrero de 1992 irrumpió en la historia venezolana como un quiebre traumático de la vida democrática del país. Para comprender su magnitud, es indispensable remontarse al contexto que lo gestó. La Venezuela de finales de los años 80 y principios de los 90 era un polvorín social.
El llamado "Caracazo" de 1989, una explosión popular brutalmente reprimida por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, había fracturado el pacto democrático establecido en 1958 y evidenciado el profundo descontento con una clase política percibida como corrupta y ajena al colapso económico.
Esa inocultable realidad hizo que un grupo de militares, liderados por los comandantes Hugo Chávez Frías y Javier Arias Cárdenas, justificaran su rebelión como un acto para redimir a la patria.
La asonada, militarmente fallida, pero políticamente exitosa, se encapsuló en dos palabras que se convertirían en un mantra político: "Por ahora". Esa frase no era solo una admisión de derrota táctica sino la promesa de un regreso por un cambio radical ante un sistema político moribundo.
Más de tres décadas después, el balance de aquella promesa es desolador. Lo que se vendió como una "revolución" redentora se transformó, para millones de venezolanos, en una pesadilla. El proyecto político nacido del 4F, inicialmente alimentado por un genuino apoyo popular ante la descomposición del antiguo sistema, derivó en un autoritarismo bestial.
El Estado de Derecho se subordinó al poder político y la economía, paulatinamente fue destruida por la gestión errática, y una corrupción asfixiante. La memoria de este 4 de febrero, está teñida de promesas incumplidas. No es una fecha para la celebración, sino para la reflexión crítica y el reconocimiento de los errores.
Este 4 de febrero es un recordatorio aleccionador de cómo los atajos golpistas y las promesas mesiánicas pueden conducir al abismo, El legado del "Por ahora" no es el futuro que se predijo, sino la lección dolorosa de que la verdadera redención nacional solo puede construirse sobre los cimientos irrenunciables de la libertad, la justicia y el respeto absoluto a la soberanía popular.