Los conceptos de imperio e imperialismo representan formas distintas de entender cómo opera el poder global en la actualidad. Negri, en su obra Imperio, sostiene que el imperialismo tradicional ha terminado, y lo define como una extensión de la soberanía de los Estados Nación, más allá de sus fronteras para dominar otros territorios con un centro claro (metrópoli) y límites geográficos definidos. Mientras Imperialismo es un nuevo orden global descentrado y desterritorializado, que no posee un centro de poder único ni fronteras fijas, una red de instituciones supra estatales (ONU, BM, DAVOS, FMI) y corporaciones multinacionales que gestionan el mundo de forma híbrida y flexible.
Harvey por su parte mantiene que el Estado nación (especialmente EEUU) sigue siendo un actor central, aunque bajo una nueva lógica territorial y económica, y define al imperialismo como una fusión entre la política de los Estados (poder territorial) y los procesos de acumulación de capital (poder económico). Su tesis central es que el imperialismo actual sobrevive mediante el saqueo y la privatización de bienes públicos (agua, tierras, recursos, pensiones) para resolver la crisis de sobreacumulación del capital, mediante la acumulación por desposesión.
Por otro parte, Gustavo Bueno estableció una distinción que hoy nos interesa rescatar: distingue entre imperios generadores e imperios depredadores; para él un imperio es un sistema ilimitado de sociedades jerarquizadas, es decir, sólo delimitado por factores externos al propio imperio como pueden ser otros imperios. Este sistema jerarquizado se establece de forma unilateral o multilateral en relación con una sociedad política concreta y que puede ser depredador/generador en el entendido de que son categorías acuñadas desde el campo filosófico, y siempre dialécticas, nunca simplistas, pues hay que reconocer que, todos los imperios tienen actos de generación y de depredación.
Bueno, explica que distinguirlos es simple, los imperios son generadores sí, a pesar de las acciones de explotación colonial, convierte a las sociedades colonizadas en sociedades de pleno derecho. Es decir, propicia la transformación, en cuanto imperio universal, de las sociedades intervenidas en sociedades políticas, cultural y socioeconómicamente desarrolladas. Según el autor, los Imperios de Alejandro Magno, el romano y el español serían ejemplos claros.
El autor reflexiona acerca de este tema y explica que incluso "a través de sus actos particulares de violencia, de extorsión y aun de esclavización, por medio de los cuales estos imperios universales se desarrollaron, lo cierto es que el Imperio romano terminó concediendo la ciudadanía a prácticamente todos los núcleos urbanos de sus dominios, y el Imperio español, que consideró siempre a sus súbditos como hombres libres, propició las condiciones precisas para la transformación de sus Virreinatos o provincias en Repúblicas constitucionales" (Bueno, 1999, p. 465-466).
Concordamos sólo en parte con su aseveración, pues basta recordar a los conquistadores españoles quienes aseguraban que los indígenas nativos de nuestras tierras no tenían alma.
Volviendo al tema central, para Bueno, los imperios son depredadores si mantienen una relación estructural de explotación con las sociedades que organizan. Esto quiere decir que el imperio, impide el desarrollo político de tales sociedades para aprovecharse de sus recursos socioeconómicos, llegando incluso a destruirlas. Los ejemplos paradigmáticos serían el Imperio inglés, el holandés, el portugués y el francés.
En esta línea, los imperios generadores comparten el idioma y la tecnología con las sociedades intervenidas. Mientras que los imperios depredadores emplean su propia tecnología para destruir la realidad de la sociedad intervenida. Es importante la aclaración teórica, pues si no la hay se pierde el criterio de distinción y, por tanto, la delimitación histórica se difumina. Está claro que en la actualidad el término imperio no goza de gran prestigio. El pasado imperial suele ser omitido, mitigado o rechazado lo máximo posible. No obstante, es imprescindible una interpretación coherente y sistemática de la idea de imperio para comprender la historia y las realidades políticas.
Pensando en los imperios depredadores y el caso venezolano, después de la invasión, ocupación e imposición de un tutelaje a nuestro país, con unas autoridades "encargadas", que hasta antes de la incursión no reconocían e insistían en su ilegitimidad, ahora resultan útiles para "manejar la situación". Lo cierto, lo tangible, es que una nueva realidad está presente en Venezuela, nos sacude, avanza a pasos acelerados, acompañada de muchas más transformaciones para las que debemos estar preparados.
En éste, el peor de los escenarios -ocupación y chantaje- unos y otros se culpan mutuamente: unos por permanecer en el poder "por las malas o por las buenas", acabar con la Constitución, irrespetar la voluntad popular, perseguir, criminalizar, torturar, encarcelar a diestra y siniestra, y no conformes con eso acabar con los derechos laborales de los venezolanos para convertirse en una mezcla rara de autocracia/tiranía híbrida, mientras otros, no menos culpables, por pedir expresamente, tramitar y celebrar una invasión a su propio país.
Y ahora resulta que por, culpa de unos charlatanes criminales que polarizaron la sociedad, sucedió lo peor de los dos mundos. Bolívar no solo fue profanado físicamente, sino que con los actos que "el gobierno encargado" cumple, y celebra el otro polo, botan por una letrina del legado del pueblo histórico y todos los Libertadores. Un ejemplo es la reciente aprobación de la Reforma de la LOH: ese día terminó de perderse lo que quedaba de la República.
Entendemos como lo planteó Bolívar desde su pensamiento geopolítico y luego lo pensará Carl Schmitt en el libro sobre el Nuevo Nomos de la Tierra, que el escenario geopolítico plantea la tesis de los grandes espacios, espacios que debían ser marcados por un hegemón generador, como único camino de defensa de los Estados Nación en vista de la amenaza del liberalismo caótico internacional y como única manera de que entre Potencias, se generaran grandes espacios que permitieran mantener equilibrios en las relaciones internacionales.
La pregunta hoy, es sí, en la visión casi que se maneja desde algunos sectores en EEUU, este hegemón imperial será generador o depredador. Si escoge el camino de la depredación, como indican todas las señales, tarde o temprano será presa de su propia autodestrucción, en lo inexorable del orden internacional.
Esta autodestrucción, sustentada en la visión de imperio depredador, se parece a la visión de Hobbes: relaciones internacionales como estado de naturaleza, de desconfianza y conflictos potenciales entre los Estados, miedo y necesidad de seguridad y poder absoluto de las monarquías, hoy -regímenes tecno feudales manejados por CEO´S para el saqueo. Lo que deberían plantearse, tal como lo hiciera Spinoza, es ver las relaciones y tensiones entre las naciones manejadas desde las potencias (potentia) de cada una de ellas, basadas en tantun ius quanta potentia, subrayando la búsqueda de la utilidad común, sugiriendo una posibilidad de alianzas regionales, pues los Estados se unen por "utilidad común" para aumentar su potencia, más que sólo por miedo. Ambas visiones son realistas, y definen a la soberanía como un poder limitado solo por la potencia de otro Estado.
Independientemente que sea una monarquía, una tiranía, esa tiranía tiene en lo real una potencia. La clave está en entender que a mayor poder existirá una mayor arbitrariedad, inseguridad, miedo dominio atroz y depredador y menos potencia que significa buscar la paz no por el miedo, sino mediante la cooperación, generando acuerdos útiles, pues existirá menos asentimiento y comprensión para un acuerdo nacional.
Una nación en unidad con su gobierno, siendo una unidad compacta, es otra potencia ante el concierto de otras naciones divididas en conflictos internos. La clave está en buscar el arte de la concordia, que es la geometría de la potencia como estrategia del conatus de la Nación. Una geometría como ética de la potencia.
En este contexto, es imprescindible frente a los acontecimientos que suceden hora a hora en nuestro país y en el mundo, pensar y distinguir entre las fuerzas disolventes caóticas depredadores y aquellas conservadoras generadoras, para el bien de los seres humanos y del planeta, pues lo que está sucediendo es nada más y nada menos que la ruptura del Tratado de Paz de Westfalia que dio origen a los Estados Naciones, que consagró la soberanía territorial, la integridad nacional y la no injerencia en asuntos internos, poniendo fin a las ambiciones imperiales y papales de dominio universal en Europa.
La consecuencia inmediata de esta desaparición es el desorden, el caos. Mientras, paralelamente se trata de construir un orden basado en tratos y acuerdos entre hegemones que pueden ser depredadores o generadores. Roto el orden normativo que representaba un sistema internacional basado en estados soberanos (Westfalia) estamos en presencia de un movimiento geopolítico de conformación de bloques regionales o esferas de poder dominantes (Graussraum) como lo pensara Bolívar, Schmitt, Mao y el propio Buela como generadores versus el neoimperio tecnofeudal del caos y el exterminio de los depredadores.
Con la operación de Rusia en Ucrania, luego la intervención de EEUU en Venezuela, se constata el quiebre definitivo del sistema o el orden según normas, basado en la ficción compartida de las relaciones internacionales post segunda guerra mundial. Diría De Benoist "o bien un planeta gobernado por una potencia hegemónica, o bien un "pluriverso" articulado entre varios polos de poder, cultura y civilización: grandes espacios", realismo geopolítico puro y duro.
Los enemigos internos de la patria lograron su cometido: entregar al país a otras potencias. Y si EEUU no comprende la idea del sentido compartido y sigue equivocándose pensando que solo la fuerza puede construir algo duradero, incluso aliándose con quiénes han destrozado al país, terminará no sólo en más crueldad, sino en un desastre.
Los venezolanos tenemos que abrir los ojos. Con la ocupación, captura de la renta y el eufemismo de la "apertura" el país entra en otro carril. No hay soberanía y con ello no hay posibilidad de democracia. Pero éso es apenas una arista del drama.
Por otra parte, está el tema del comercio y la industria nacional y los efectos de la ocupación y la "apertura". Los empresarios especialmente, o corren o se encaraman. Pues no es solo la inversión extranjera que viene, sino la cultura de eficiencia que trae consigo (especialmente la de EE.UU.) No es hora de luchar por migajas, parcelas y protección. El juego cambió. Y lo que viene está determinado por estándares apoyados en competencia por talento, en medio en un país hecho ruinas; actualización tecnológica, cuyo rezago es real y las articulaciones están oxidadas por años sin competencia, dádivas, estatismo, discursos pomposos pero poca productividad y orientación al logro y una mentalidad global, que nos pone la vara alta a todos, pero especialmente a la industria nacional, pues te integras al sistema o quedas fuera. El mundo no espera y la dinámica del mercado es implacable.
Este neoimperio que se debate entre depredador o generador, entre la imposición de la ideología del tecnofeudalismo de los neorreaccionarios o la defensa de los valores liberales tradicionales como parte de su esencia, se disputa además entre sostener un pragmatismo que impone plazos para elecciones, apropiándose bajo amenaza de bombardeos de nuestros recursos, asignando "autoridades" cual conserjes de las migajas que no tienen ninguna credibilidad, ni posibilidad de crecer en el tiempo, pues sufren de lo que llamamos de una "tasa decreciente de marginalidad perenne" pues su descrédito es inherente y entre lo real verdadero que es la soberanía nacional y la voluntad popular.
Y no hablemos de los adalides que pidieron invasión -y lo lograron- ninguno de ellos, en este país tiene credibilidad ni prestigio. Son una piel de sapa. Es un error garrafal seguir sosteniendo un régimen de probeta, un régimen que no tiene fecundación real, natural, ni tiene legitimidad ni legalidad. Sólo tiene a un patotero mafioso de padrino que los usa para saquearnos. Para ellos, las elecciones son flatus vocis.
Un régimen apoyado desde afuera, sin ninguna legitimidad. Los venezolanos nos preguntamos ¿es qué acaso esto no es una inmoralidad? Los acusaste de narco terroristas, aplicaste bloqueos navales y aéreos, extrajiste mediante una operación militar a quien fungía de presidente, ¿y ahora bajo asedio y agresión criminal los usas para terminar de destruir lo poco que queda de un régimen que denominaste "forajido y fallido" y además te apropias para seguir saqueando al pueblo de nuestros recursos?
¿No ha sido suficiente sufrimiento para el pueblo venezolano? ¿Será que el plan es la impunidad y el retiro en el extranjero por los favores recibidos, petróleo saqueado mediante? ¿No habrá entonces ni repatriación de capitales robados, ni justicia por los crímenes cometidos?
Insistimos: es una vulgar, usurpación de lo real. Y en este escenario, no habrá paz, ni libertad ni prosperidad, sin justicia. Es un artificio. Se trata de que entiendan que, sin respeto a la soberanía nacional y a la voluntad popular, un durará mucho el experimento.
Los pueblos no se suicidan, está ahí, su conatus inmanente. No se trata de tomar decisiones, en nombre de otro país soberano, basándose en apreciaciones erradas, usando el eufemismo del pragmatismo, y permitir así que la hidra persista y se siga arreglando en medio de cambios gatopardeanos. Cambiar para no cambiar nada. El mal es un régimen interno -en el poder y fuera de él como oposición apátrida- y externo que se perpetúa como un arreglo extorsivo represivo a toda la población.
Hoy, sin temor a equivocarme no menos del 90 % de la población que se encuentra dentro y fuera del país rechazan absolutamente este estado de cosas. Por lo tanto, lo que se ha vendido como que hay que permitir en la transición que los que ustedes mismos denominaban "gobierno narco terrorista" o entregarle el mando "a la oposición apátrida" y aun así, imponiendo que sean unos u otros los que sigan a cargo, basándose en la premisa de evitar un caos, no es cierto. Es totalmente errónea esa percepción y apreciación sociopolítica. Creo están manipulando la verdad, con el fin de hacer ver creer que son una fuerza, falsificando con ello, la realidad del país.
Otro punto que deben entender los captores del país es que, no hace falta tutelaje alguno, ni protectorado para manejar nuestros recursos, mucho menos acabar con nuestra historia petrolera y el dominio sobre los recursos de suelo y subsuelo justificado en "inversiones".
Si quieren realmente "ayudar" presten su experticia "técnica financiera" para realizar auditorías forenses de los miles de millones que han saqueado y transferido a los bancos de Europa, EEUU, China, Medio Oriente, entre otros actores del sistema financiero global y devuelvan ese dinero a quiénes somos sus dueños originales: todos los venezolanos. Estoy convencida que habría más que suficiente dinero para rescatar al país, equilibrar la moneda, el poder adquisitivo del venezolano, salarios dignos, estabilidad económica, reconstrucción de infraestructura, sin necesidad de endeudarnos nuevamente. Por el bien ético y económico del país, esos capitales deben ser retornados.
La debilidad que no distingue la ceguera y ambición de parte del gobierno de EEUU, es que su "plan" falla, pues es el valor tanto de la figura "encargada" como de la "supuesta salvadora" es que ambas se muestran neutrales, funcionales al poder invasor y que solo gestionan en función de permitir lo que Trump necesita y que coincide con lo que han estado haciendo, de hecho, es terminar de conculcar los derechos constitucionales, los hace cómplices del horror y del saqueo, el silencio frente a esta barbarie, también es complicidad.
Es decir, el plan prevé "una interdicción civil prolongada" sin elecciones, sin consulta, en donde "la encargaduría técnica" semejante con cualquier burócrata del FMI, evite problemas políticos, continue el vaciamiento de contenido a la democracia, evite el reclamo social, y mantenga la "paz para los capitales". ¿Será la paz de los sepulcros lo que están buscando?
La idea peregrina de una fase técnica, sin lo vivo de la política y lo político sin lo real, no funcionará por mucho tiempo. El tema es que el grupo encargado sí está haciendo política colaborando técnicamente y pretendiendo perpetuarse sin UN VOTO. Y los otros reclaman el triunfo en el marco de un CNE desprestigiado y sin acceso a las actas y al voto físico. Maniobran en el tiempo, para ganar tiempo. Estos grupos, sí tienen el tiempo de la guerra real, no la inmediata.
¿Entonces, a qué llaman transición? ¿A un blanqueamiento de los saqueadores y normalización de la impunidad? ¿Y eso por qué? ¿Será porque están cumpliendo una misión? Extravertir capitales a manos de los verdaderos dueños: las noblezas europeas y su banca. Con esta lógica, lo que están diciéndole al mundo es que el crimen sí paga. Blanqueamiento e impunidad. Los criminales cómo héroes y además lo grita: ¡es fantástica! ¡Venezuela es un gran país! ¡Son fantásticos! Después de llamarlos criminales. ¿Raro no?
El sector neorreaccionario de EEUU que empujó esta pseudo solución, hizo su trabajo: dejó a los "técnicos" que mejor le garantizan sus recursos y el orden social. Mientras el país se convierte en un abasto de venta de recursos petroleros y mineros. Ahora, para Trump y sus socios Halliburtong, Exxon, etc, etc… usando para controlarnos a las fuerzas militares de su propio país.
El metamensaje que están dando es que el crimen sí paga y, por tanto, todo vale. No sólo para nosotros, para cualquiera en el mundo. Este pragmatismo, les costará su libertad, pues utilizar una chatarra pseudo institucional para dar apariencia de seguridad jurídica de un Estado -que por arte de magia por solo extraer a Maduro dejó de ser fallido y forajido y ahora es un estado magnífico y un gobierno fantástico- acabará con su imagen de estar cumpliendo un plan -MAGA- y de un sistema generador, para mostrarse como los que es: un imperio en decadencia y depredador.
Un imperio generador es un imperio como geometría de la potencia de una región arreglada por convenios y acuerdos, con la comprensión de que lo más útil es el otro cuando genera y nutre, no la invasión y la ocupación. Sólo una democracia soberana, real, viva será el mejor sistema generador y potenciador, no una democracia vaciada y viciada, donde el poder fetichizado y divorciado de las necesidades de los ciudadanos, se ejerce mediante una autoridad que ostenta fuerza, violencia y dominio para cumplir sus objetivos y que es capaz de llegar al absurdo incluso, de pedir y celebrar una invasión a su propio país.
Parafraseando a Spinoza decimos que las masas sí hacen historia, porque la potencia mediante la cual el Estado ejerce su poder, descansa en la potencia de la multitud y ésta se manifiesta cuando todos o al menos un gran número de individuos, deciden al mismo tiempo, no obedecerla más.