Sucre y su patria buena

Martes, 03/02/2026 11:59 AM

Cuando Antonio José de Sucre nació en Cumaná, un 3 de febrero de 1795, la América española era un hervidero de cadenas y sueños incipientes por la independencia. Su vida, un ir y venir de apenas 35 años, se forjaría en el horno de la guerra, la honestidad y su afán último de servir a la nueva patria americana en las repúblicas nacientes.

De Sucre siempre habrá que recordar su paso por el Ayacucho que selló la independencia continental. Fue, como describe O’Leary, el General que lo hacía todo él mismo, escrutaba las raciones de la tropa, escribía su correspondencia y velaba por el último soldado. Su carrera vertiginosa de cadete a Gran Mariscal, de Diputado a Presidente del Congreso, de Ministro a Diplomático, refleja una entrega total no al poder, sino al servicio de una idea mayor: La Libertad.

Sucre creyó en la regularización de la guerra cuando esta era inevitable, en la institucionalidad como cimiento. Como Comisionado para el Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra en 1820, buscó humanizar el conflicto, someterlo a normas. Su credencial diplomática para Chile y Buenos Aires, su Presidencia en Bolivia, hablan de un hombre que, tras empuñar la espada, empuñó la pluma para construir en democracia.

Hoy, al conmemorar su natalicio, su figura no es una reliquia del pasado, sino un espejo urgente para el presente de Venezuela. En un momento histórico donde el país inicia un complejo y esperanzador proceso de transición hacia la democracia, los valores que Sucre representó emergen con una claridad punzante.

En esta Venezuela del siglo XXI, la transición que se avizora tiene, como fundamental escalón, la aplicación de una Ley de Amnistía que libere a todos los presos políticos, y el cese definitivo de toda represión. Este no es un acto de generosidad, es un acto de justicia, el mismo que Sucre quiso ver por encima de la fuerza.

Es la regularización de la paz, el equivalente civil a su Tratado de 1820. Es el reconocimiento de que para reconstruir la "Patria Buena" que él soñó, es necesario comenzar por sanar las heridas, devolver la libertad y garantizar que nadie más sea perseguido por sus ideas.

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