La historia política de Venezuela hasta el presente ha estado hilvanada con hilos de Amnistía. Cada una de esas leyes, desde la de 1936 hasta la de 2007, han sido un gesto político profundo, un intento de cerrar heridas, solucionar conflictos y, en el mejor de los casos, refundar un mínimo de convivencia.
La Ley de Amnistía de 1936, decretada por el presidente Eleazar López Contreras, para liberar a presos políticos y exiliados, fue el inicio de ese tortuoso camino de alzados y reconciliados en el siglo XX. En 1947, La Junta Revolucionaria de Gobierno concede una Amnistía General. La medida autoriza el regreso al territorio nacional de los venezolanos exiliados políticamente.
En 1958, tras la caída de la dictadura perezjimenista, la Amnistía fue oxígeno para la naciente democracia y de este modo la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal decretó Amnistía para los perseguidos políticos. Al asumir Rafael Caldera el poder en 1969, se promulgó una nueva Ley de Amnistía para los alzados de la todavía insurgencia armada.
La Ley de Amnistía de 1979, durante la presidencia de Luis Herrera Campíns, favoreció a los grupos armados del PRV - FALN y Bandera Roja. En 1994 Rafael Caldera utilizó el perdón para reintegrar al teniente coronel Hugo Chávez y sus compañeros Comacates, los alzados del 4F.
En este siglo XXI el mismísimo presidente Hugo Chávez emitió un Decreto de Amnistía a finales de 2007, que benefició a sectores de la oposición involucrados en el golpe de Estado de abril de 2002 y el paro petrolero de 2002-2003
Hoy, la Ley de Amnistía General, anunciada por la presidente encargada, Delcy Rodriguez, pasa a ser un paso fundamental para una salida pacífica, democrática y electoral creíble, tal como lo exige la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Una Ley de Amnistía General, sin excepciones y consensuada debería ser el primer gesto tangible de voluntad de diálogo real. Sería el puente entre la confrontación y la disputa civilizada en las urnas. Es el acto de reconciliación nacional que precede a toda gran transición y a un futuro democrático.