Bajo la sombra protectora de la mata de mango, en la Tacarigua de Margarita que hoy exhala un aroma a tierra mojada, el periodista Juancho Marcano y su fiel perro Pipo contemplaban la sonrisa verde tierno de las plantas del conuco. Las lluvias recientes habían bendecido el suelo, pero en el alma de Juancho llovía una melancolía distinta.
—Pipo, hoy el viento trae un eco de galerón triste —suspiró Juancho, limpiándose el sudor—. Se nos fue José Ramón Villarroel, el admirado "Monguito".
Pipo, que entiende de ausencias por el tono de las palabras, aguzó las orejas.
—¿Y quién era ese personaje, Juancho?
—Era un gigante, Pipo. Cantor, músico, compositor y maestro. Lo llamaban "El Hijo del Huracán". Imagínate que heredó no solo la sangre, sino el vendaval de talento de su padre, aquel mítico "Huracán del Caribe", ese famoso galeronista llamado también José Ramón Villarroel quien paseó su arte no solo en el país sino también fuera de él. Monguito no solo aprendió de su progenitor, sino que pulió esa herencia para defender nuestro folklore con una pasión inigualable.
Juancho guardó silencio, mirando una nube pasar.
—Lo lamentable, Pipo, es que se marchó este 25 de enero de 2026, sumamente joven, con tanto camino por andar y tanto que aportar a nuestra identidad margariteña.
Pipo se acomodó sobre sus patas delanteras y, con esa sabiduría ancestral que los perros guardan en la mirada, sentenció:
—No te aflijas tanto, Juancho. Ya lo decían los griegos, esos que sabían leer el destino: "Los amados por los Dioses mueren jóvenes". Quizás arriba necesitaban un verso que supiera a sal y a tierra margariteña.
El periodista observó con admiración a su perro y luego lo abrazó.