La Enmienda Platt fue un instrumento jurídico y político, que marcó profundamente las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Aunque formalmente se presentó como una garantía para la independencia cubana, tras la guerra hispano-cubano-estadounidense, en la práctica funcionó como un mecanismo de control e intervención estadounidense, en los asuntos internos de la Isla. Su origen, aplicación y consecuencias evidencian las tensiones, entre soberanía nacional e imperialismo, en el contexto del expansionismo estadounidense.
El origen de la Enmienda Platt se remonta al final de la Guerra de Independencia de Cuba (1895–1898) y a la intervención de Estados Unidos en el conflicto contra España. Tras la derrota española, Cuba quedó bajo ocupación militar estadounidense (1898–1902). Aunque Estados Unidos había prometido respetar la independencia cubana mediante la Resolución Teller, aprobada por el Congreso de Estados Unidos el 20 de abril de 1898, fue una resolución que declaró el desinterés estadounidense, por ejercer soberanía o control sobre Cuba, reconociendo su derecho a la independencia tras la expulsión de España. Esta norma estableció que Estados Unidos pacificaría la Isla y luego cedería el control a su pueblo, pero muy pronto quedó claro, que lo que buscaba era asegurar su influencia estratégica y económica en el Caribe.
En 1901, el senador estadounidense Orville H. Platt, impulsó una serie de condiciones que debían incorporarse a la Constitución cubana, como requisito para el retiro de las tropas estadounidenses. Estas condiciones se conocieron como la Enmienda Platt. Su aprobación fue impuesta bajo presión política y militar, lo que limitó seriamente la capacidad de decisión del naciente Estado cubano, sin capacidad de prevenir acciones hostiles, ante las amenazas del gobierno gringo.
La Enmienda Platt fue incorporada a la Constitución de Cuba en 1901 y posteriormente formalizada en un tratado permanente entre ambos países en 1903. Sus disposiciones más relevantes establecían que Cuba no podía firmar tratados, que comprometieran su independencia, que Estados Unidos tenía derecho a intervenir militarmente para preservar el orden interno y que la Isla debía arrendar territorios para bases navales estadounidenses, como Guantánamo, que aún en pleno siglo XXI existe.
En la práctica, la enmienda convirtió a Cuba en una república con soberanía limitada. Estados Unidos la utilizó, como justificación legal para intervenir directamente en los asuntos cubanos, como ocurrió durante la segunda ocupación militar (1906–1909). Además, favoreció los intereses económicos estadounidenses, especialmente en sectores como el azúcar, las tierras y los servicios públicos.
Las consecuencias de la Enmienda Platt fueron profundas y duraderas. En el plano político, debilitó la legitimidad del Estado cubano y fomentó la inestabilidad institucional, ya que las intervenciones extranjeras le impedían el desarrollo de una democracia autónoma. Muchos gobiernos cubanos se vieron obligados a actuar en función de los intereses estadounidenses, lo que generó descontento popular y desconfianza hacia las autoridades. En el ámbito económico, la enmienda facilitó la penetración del capital estadounidense en Cuba, creando una economía dependiente y poco diversificada. Grandes extensiones de tierra y empresas estratégicas, quedaron en manos de inversionistas extranjeros, lo que profundizó las desigualdades sociales.
Desde el punto de vista social y cultural, la Enmienda Platt se convirtió en un símbolo de humillación nacional. Alimentó el sentimiento antiimperialista y fue un factor importante en el surgimiento de movimientos nacionalistas que exigían plena soberanía. Este rechazo culminó en la derogación de la enmienda en 1934, durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt y su política del "Buen Vecino", aunque la base naval de Guantánamo aún permanece bajo control estadounidense.
La Enmienda Platt fue una herramienta de dominación que condicionó el desarrollo político, económico y social de Cuba, durante más de tres décadas. Aunque se presentó como un medio para garantizar la estabilidad y la independencia, en realidad limitó la soberanía nacional, y consolidó la influencia de Estados Unidos en la Isla. Su legado permite comprender mejor las raíces históricas del conflicto entre ambos países y la importancia de la autodeterminación de los pueblos, como principio fundamental de las relaciones internacionales. Estados Unidos aún persiste en su política guerrerista y expansionistas, aplicando invasiones con ataques bélicos como los sucedidos el 3 de enero en la ciudad de Caracas.