El tablero internacional atraviesa una de sus mutaciones más peligrosas desde la firma de la Carta de San Francisco en 1945. La reciente denuncia del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, no es una simple retórica diplomática; es una señal de alarma sobre la desarticulación deliberada del orden jurídico global.
Al proponer la creación de una "Junta de Paz", la administración de Donald Trump no busca reformar el sistema internacional, sino sustituirlo por un directorio unilateral bajo control absoluto de la Casa Blanca.
Desde una perspectiva de derecho internacional crítico, la propuesta de Trump representa la antítesis del multilateralismo. Mientras que la ONU, con todas sus fallas y deudas históricas de democratización, se basa en la igualdad soberana de los Estados (Art. 2.1 de la Carta de la ONU), la "Junta de Paz" se erige como una estructura para-legal.
Lo que Lula denomina acertadamente como la "ley del más fuerte" es, en términos técnicos, el retorno al unilateralismo hegemónico. Estados Unidos está transitando de ser el "policía del mundo" a ser el "dueño del tribunal". Al ignorar el Consejo de Seguridad y crear un organismo paralelo, Washington busca:
Evadir el derecho de veto de potencias rivales (China y Rusia).
Institucionalizar la coacción económica y militar como herramientas de "paz".
Fragmentar el bloque del Sur Global, ofreciendo asientos en esta nueva Junta solo a aquellos que se alineen con sus intereses geoestratégicos.
La crítica de Lula es consistente con su doctrina histórica de 2003: la necesidad de una reforma profunda del Consejo de Seguridad que incluya a naciones emergentes. Sin embargo, la respuesta de Trump ha sido la ruptura total. En lugar de ampliar la mesa, Washington ha decidido cambiar el juego por completo. "Trump está haciendo una propuesta de crear una nueva ONU en la que él solito es el dueño", sentenció Lula.
Esta frase resume el peligro de una "anti-ONU": un organismo que no busca el consenso, sino la validación de la agenda estadounidense. La adhesión de una veintena de naciones a esta iniciativa (muchas de ellas dependientes de la seguridad o el comercio estadounidense) sugiere la creación de un bloque de satélites que debilita la legitimidad de las instituciones internacionales tradicionales.
Si la Junta de Paz logra consolidarse, estaríamos ante el fin del multilateralismo tal como lo conocemos. Las consecuencias serían devastadoras para el derecho internacional:
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Erosión de la soberanía: Los conflictos no se resolverían bajo tratados internacionales, sino bajo los criterios de oportunidad de la potencia dominante.
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Debilitamiento de Europa: La reticencia de las potencias europeas refleja el miedo a quedar relegadas a un papel secundario en un mundo donde las reglas se dictan en Washington y no en Ginebra o Nueva York.
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Polarización Extrema: La creación de una organización "exclusiva" empujará inevitablemente a los países excluidos a fortalecer bloques alternativos (como una expansión agresiva de los BRICS), dividiendo al mundo en esferas de influencia irreconciliables.
La "Junta de Paz" es el caballo de Troya de un nuevo imperialismo que ya no se conforma con influir en las reglas, sino que desea ser la fuente misma de la ley. Como bien advierte Lula, el mundo se encuentra ante una encrucijada: o se lucha por una ONU democratizada y pluricéntrica, o nos sometemos a una estructura donde la paz no es más que la sumisión al más fuerte.