Empezaré por hablar de Río Caribe, un pueblo que amo por diferentes razones. Primero porque está en la costa sucrense, en lo que es toda mi linda tierra, llena de héroes, poetas, gente por demás hermosa y porque allí nació mi bella compañera.
Se suele decir desde antaño que, en Río Caribe, nacieron los locos; allí los inventaron y están todos los que son y estuvieron los que han sido. Se dice de ese lindo pueblo que, había tantos locos que, bajo el gobierno de Gómez, quien en sus tiempos de guerrero por allí anduvo y, hasta si mal no recuerdo, estuvo preso en Carúpano, una delegación del mismo fue a Maracay a una entrevista con el entonces presidente-dictador, a solicitarle la creación en el pueblo de un manicomio.
Gómez, ante la propuesta, sin asombro, pues algo de eso sabía, respondió a los solicitantes, "¿Por qué no hacemos una cosa mejor que esa; le tiramos una cerca al pueblo?"
Para Gómez, todo el pueblo era un manicomio. Pero, Gómez no les dijo a quienes esa propuesta hizo que, por él y EEUU, toda Venezuela estaba cercada, vuelta un manicomio. Y él, autor de todo aquello, bien lo sabía.
En la Cumaná de mi niñez, tengo un recuerdo imborrable, allí también había muchos locos y hasta hubo un hospital de leprosos y tuberculosos. Y sé, pues los muchachos solíamos ser muy curiosos y jorungones, que, en casas de familias cumanesas, habitantes del centro de la ciudad, era habitual un cuarto, apartado allá en el fondo, hasta en el medio del patio, misterioso, donde se guarecía un leproso, tuberculoso que no llevaban al hospital respectivo por orgullo o un loco, atado a una cadena. Los pobres de los barrios no escondían sus locos, les dejaban deambular por el barrio y la ciudad. Recuerdo a Juancho la Pechuga, La Purpurina y el de la casa vecina a la mía, que era de los locos "furiosos", esos que golpeaban a quienes se les atravesaran.
A ese personaje, en la familia y menos fuera de ella, se le nombraba; de su cuidado se ocupaba una persona del servicio de adentro, traído de los barrios o pueblos aledaños sin contacto alguno con gente de la ciudad menos del entorno. En Cumaná decíamos, "cada familia tiene su loco". Eso era un secreto familiar y como de Estado. Es posible que ni siquiera estuviera registrada su existencia en documento alguno. Era una afrenta, un motivo de pérdida de prestigio y honra que en la calle se supiese que, en la familia había un loco, leproso o tuberculoso. Hasta, pienso yo, cada día se rogaba por su muerte para descargar aquella pesada carga.
Pero la Cumaná cercada también por Gómez, en su tiempo de gobierno, mucho antes, tuvo "una pila de locos"; cuando Caracas no se declaró independiente de la España tomada por Napoleón y su hermano "Pepe Botella", sino sujeta al reinado de Fernando VII, declararon la provincia libre e independiente de toda relación colonial y, esos locos, dieron alojo a los migrantes caraqueños, comandados por Bolívar, ante la arremetida de Boves en el año 1814 y antes, estuvieron entre los gestores de la llamada "Invasión de Chacachacare", un modo descalificativo de la historiografía caraqueña, a lo que se debería llamar, "Campaña Admirable de los Orientales", que liberó al oriente hasta los límites con la provincia caraqueña. Y de ese grupo de locos, formó parte el futuro Gran Mariscal de Ayacucho y de América.
Al salario le damos en Venezuela un tratamiento similar que a todos aquellos locos y enfermos daban y han dado; está escondido, como en un cuarto solitario y apartado, lleno de silencio y oscuridad y hasta herrumbre; se procura olvidarlo, que nadie lo recuerde y, se ha convertido en una fea palabra o como muy incómoda, demasiado incómoda, palabra. La gente del gobierno, quienes gobiernan y a estos apoyan, la borraron de su vocabulario. Quienes al gobierno se oponen, tanto que hasta le hacen la guerra, como que festejan el secuestro del presidente y su esposa, la ocultan, no con "el mismo celo", pues decir esto es poco, la enterraron en un hoyo profundo y le tiraron tierra y todo cuanto a esta ayude a hacerse por demás hermética.
Aquello que, la lucha salarial es bujía del cambio y rol fundamental de los trabajadores y su dirigencia, fue borrado del mapa o mejor del diccionario, pese se mantienen inalterables todos los dogmas. En los finales días de noviembre, es decir, mucho antes que los gringos mancillaran nuestra dignidad con el asalto de enero, en un acto al cual fui invitado a hablar, al hacerlo de los planes de Trump, mezcla de diplomacia con guerra, lo que quedó en evidencia con lo hasta ahora acontecido, que incluye la modificación de la Ley de Hidrocarburos, hasta pedí la formación de un frente patriótico, recomposición del gobierno, de acuerdo al carácter de la contradicción exacerbada y la revisión de políticas, tales como la salarial y la de servicios, empezando por el relativo a la salud. Y lo hice, porque tuve la percepción que algo iba a suceder, como que no era lo mejor y había que evitarlo, fortaleciendo a quien se mostraba débil.
Ya han transcurrido más de veinte días de la infamia, el atropello al derecho internacional y la moral venezolana, que significa la inusual invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente. Se habla de acuerdos, de fecundas, no sé para quién, negociaciones petroleras y de inmensos ingresos al tesoro nacional en lo inmediato. Demás está decir ahora, porque ya lo he hecho bastante, condeno el infame atropello del cual fuimos víctimas por orden de Trump. Pero también estoy consciente que, recomponer nuestras relaciones con EEUU ha sido y es un objetivo importante. No se trata de hacer discursos, firmar todo los días un convenio y ofrecer solidaridades que en nada se traducen. Es vital, determinante, asumir la realidad tal como ella es. Y en esto, está como ya he dicho, la necesidad de recomponer nuestra relaciones con el país del norte, pero dentro de un marco de dignidad y provecho. Ese es el real, potencial mercado y fuente de capitales para rehacer nuestra industria petrolera; pese el tango dijo que "20 años no es nada", si han sido suficientes para demostrar que lo antes dicho, es la más evidente "realidad".
Pero eso, lo de recomponer las relaciones con el país del norte y el gobierno de Trump, debe hacerse políticamente bien armados, dado la dudosa imagen que el presidente norteño vende, como que "se los metió en el bolsillo", cosa que no creo; simplemente hizo una escaramuza exitosa, que le sirve de elemento de negociación, presión y hasta de troyano para generar desconfianza, entre aquellos, los miembros del partido PSUV y hasta en la población toda. Y una buena manera de hacerlo es con un gobierno a la imagen de la mayoría de los venezolanos partidarios de la soberanía, defensores del interés nacional que, no sólo apoyen, den fuerza moral, sino que ofrezcan a la población, la sensación contraria que intenta imponer Trump.
Como dije antes, todo eso lo vengo diciendo desde bastante tiempo atrás; por esto mismo celebré leer unas declaraciones de Juan Barreto, de ahora mismo, en la cual pide al gobierno, dé los primeros pasos en función de ese deseado y necesario acuerdo.
Es necesario, pese lo acontecido o quizás más ahora por eso, entablar relaciones diplomáticas con EEUU, pero al nivel correspondiente, donde debe prevalecer la soberanía, el derecho internacional y el honor de cada quien. Pues EEUU necesita nuestro petróleo y nosotros necesitamos venderlo en las mejores condiciones. No debe prevalecer en nosotros un falso dilema ideológico, dado que el enfrentamiento entre las potencias por la multipolaridad, no pone en primer plano los problemas de los países y pueblos debilitados como el nuestro. Estamos obligados a negociar con quien nos convenga y haya reales posibilidades de hacerlo con ventajas, para aprovecharlas y, en base a ellas, construir nuestro futuro. Y también es realista, asumir con entereza que, las negociaciones no se pueden dar bajo el espíritu idealista, pero tampoco de vencido y ceder por demás a quien se exhibe vencedor.
Pero llegado aquí, no a la altura del texto, sino de la historia venezolana, se impone, en primer término, para rescatar la credibilidad y fe de la multitud, resolver el problema salarial. Recomponer en gran magnitud el ingreso de los trabajadores y reconocer los derechos de los jubilados; pues aparte de cumplir con la justicia y el derecho, es la forma de aumentar el consumo, generar demanda y motivar la producción, un proceder, en el cual hasta el mundo empresarial sale beneficiado. Más sí, de las negociaciones petroleras, de inmediato, se derivarían "cuantiosos ingresos" al arca nacional.
Pero pese a lo acontecido, las discretas manifestaciones de revisión de políticas y hasta cambios formales en la composición del gobierno, no se perciben signos, hasta ahora, de una recomposición inherente a la contradicción que aquel fortalezca y, de paso, tumbe la falsa narrativa de la entrega en brazos de Trump. Pero aparte de esto que, por demás trascendente, lo demanda la realidad y la lucha por la soberanía, tampoco se dice nada del salario.
Pese el cúmulo de informaciones que hablan como de un inmediato feliz, según los discursos de Trump y del gobierno nacional mismo, que ha anunciado algo así como un fondo con fines sociales, pareciera pensarse en seguir en lo mismo de los bonos y el espíritu de la beneficencia. Un espíritu, ajeno a la idea de incentivar la economía, motivar a los trabajadores y hasta a las nuevas generaciones a estudiar, crecer, prepararse para el futuro. Los bonos, la bonificación y hasta la falsa idea de igualdad, lleva a aquello que denunció Aldous Huxley, a la elaboración de hombres robots, lo que, en realidad, no es más que una condena a la decadencia permanente.
No es usual que uno espere sea el contrario quien aparezca tremolando nuestras banderas, lo que pudiera hacer, si hay algo de cierto en lo que, el mismo gobierno, parece esperar de la situación que ha empezado a emerger a partir del secuestro de Maduro. A menos que las petroleras, quieran aprovechar este ya existente estado idílico para ellas, de bonificación salarial.
Vamos a decir como el Chapulín Colorado, "¿ahora quién podrá defendernos".