Columna de Juan Martorano 470

¡Hasta siempre Donald!

Viernes, 23/01/2026 05:43 AM

Partir y no regresar, es sin duda el recorrido de un nuevo camino para el que se va y un gran pesar para los que se quedan…


¿Adonde irá el artista cuando muere?


¿Adonde irá el que luchó como potro sin rienda por su gloria?


Adonde, Adonde…


¿Será el átomo de futuras mentes?


¿En los anales históricos será olvido?


¿Será fulgor en la vencida tarde?


Quizá orgullo de poeta sea
darte el postrimer adiós,


En versos recordar tu nombre


Y al creador eterno ofrecer tu alma.

Sin duda, la muerte es uno de los fenómenos naturales que une a todos los seres humanos y hace que nos encontremos en nuestras diferencias, no tiene prejuicios, de modo que es capaz de arrancar la vida igual a ricos y a mendigos. Cuando se pierde a un ser querido la sensación de vacío es una de las más terribles que se pueda experimentar. Los pueblos latinos somos sentimentales y melancólicos por naturaleza, seguramente, producto de la mezcla de la furia y del sentimentalismo negro, el tradicionalismo europeo y la magia y el respeto indígena. De manera que somos pueblos muy apegados a la tierra, al pan y al amor por nuestras familias, es por esta razón que la muerte es un paso doloroso para los que se quedan añorando al que se ha ido.

La tarde del 22 de enero de 2026 será recordada como una de las más infaustas de nuestro país, por la partida de tres grandes: Walter Martínez, gigante del análisis geopolítico, de Emil Zabala, cineasta que retrató iconos deportivos y de mi amado Donald Myerston.

Que duro y que difícil es levantarse y escribir con esta infaustas noticias. Y sobre todo dedicar unas líneas al ultimo de los mencionados, por formar este parte de mi circulo más cercano.

Pero más duro es, escribir y no tener a un hombre de la calidad de Donald (el bueno) que siempre tuvo críticas a los aportes que hacía, pero también tuvo palabras de elogio y aliento cuando lo hacíamos bien.

Hoy, ante este reto inconmensurable de escribir con los ojos llenos de lágrimas al enterarme de la trágica noticia de tu partida. No escribo sobre el productor o el director de cine. Hoy acudo en esta edición para rendir tributo y honra a tu memoria y a tu legado como amigo, como padre y como extraordinario ser humano que no se fue, sino que simplemente cambio de paisaje.

Este enero ha sido tan duro y cruel, que no solo concreto una agresión a nuestra patria, sino que toda la vorágine de acontecimientos no me permitió recordar el primer año de la partida de mi querido Isaías ocurrida el 12 de enero del año pasado, y como si fuera poco, ahora el destino vuelve a golpearme con esta noticia triste que no hubiese nunca querido recibir, y que duele profundamente en el alma y en el corazón.

Fue un día cualquiera, no lo recuerdo exactamente, el mes y el día, pero fue en 2020 cuando producto de la necesidad de un techo, escribí sobre la necesidad de una vivienda. Y nuestra querida Viveca fue una de las primeras que me recibió en el caserón inmenso. En ese momento no me fui allí porque no me encontraba listo. Pero cuando las almas buenas y brillantes surgen, el destino se encarga de juntarlas.

Porque, vaya que hay que decirlo, yo no solo tuve un techo o un espacio en el cual encontrar refugio. Realmente querido Donald junto a Viveca, ustedes desde hace un poco más de año y medio me dieron un verdadero hogar, porque no es solo un techo que te da cobijo o un refugio sino un lugar en el que me he sentido verdaderamente cómodo y en casa, y sobre todo en un momento particularmente duro. Y en el que tu opinión fue determinante para poder estar en ese maravilloso espacio. Nunca tendré palabras y me alcanzará la vida para agradecértelo.

Ahora, cuando me encuentro en plena escalada hacia el retorno, que difícil será llegar y no encontrarte. Sin duda tu carácter, tu forma metódica y organizada de disponer todo, pero a la vez la manera que disponías todo para los que habitamos en el hogar que junto a Viveca nos has dado, creo que de alguna manera recojo el sentimiento de mis compañeros y hermanos Bernie y Luvi, nos sintamos cómodos, sin duda dejan un vacío que nadie podrá llenar.

Cuanta falta me hará querido Donald, llegar a la casa y buscarte. Cuando te veía en tu oficina leyendo, y siempre hacías un alto para conversar. Siempre Viveca me decía que él que estaría contento porque al igual que ella, tú me seguías desde hacía tiempo y bueno Dios te dio la dicha de que nos encontráramos en estos caminos.

Pero aunque pareciera que te sentías honrado, yo creo que la cosa es al revés. El honor era verdaderamente mío, porque a pesar de mis obligaciones y tareas, siempre tenía tiempo para escucharte. Realmente eres una institución, pero no tanto por tus vastos conocimientos sino por tu don de gente.

Así como tu disciplina y carácter que recuerdo y honro en estas líneas, debo destacar que lo que más recordaré será tu risa luminosa y cálida. Cuando te reías de mis ocurrencias o anécdotas porque antes que analista o escritor, antes soy por encima de todo humano. Gracias Donald por esos toques de humanidad que me regalaste y que atesoraré en mi corazón por siempre.

Algunos hablan del reto de la página en blanco pero mi reto hoy fue como escribir de ti cuando las lágrimas inundan tus ojos y la seductora nostalgia se agolpa en la mente, los recuerdos afloran y el corazón se arruga y rompe ante noticias tristes.  

Pero este homenaje y tributo que te rindo hoy me recuerda que nuestros seres amados no mueren cuando parten físicamente sino cuando dejamos de amarlos y recordarlos.

Además, porque la familia es mucho más que los lazos de sangre. La familia, y modestamente me precio de señalar que la mía es bien extendida, también la compone el afecto, la solidaridad, el amor, la empatía y todo lo que tu en tu paso representaste para muchos y muchas.

Tu nombre querido amigo, pero sobre todo padre, no quedará grabado en una fría lápida sino en tinta indeleble en nuestros corazones.

Como diría mi madre, los verdaderos afectos, los verdaderos amores los conocemos en la enfermedad, en la cárcel y en los momentos verdaderamente duros y difíciles, y en esos estuviste presente para mí querido Donald. Por eso nunca podré olvidarte.

No sabes como lamento el no poder estar físicamente para poder despedirte. Pero en medio de la tristeza y las lágrimas, si te abrazo desde mi alma y conciencia dándote el hasta siempre. Como ya te lo he expresado, siempre recordaré tus palabras, tus sabias enseñanzas, tu risa cálida y luminosa como un faro que además será guía de lo que me quedé de vida, el abrazo eterno que siempre me brindaste.

Ahora, estas en la presencia de Dios, y por lo menos en lo personal, te pido que intercedas ante nuestro creador para que me siga protegiendo, para que me dé luz y sabiduría para las decisiones y acciones que debo seguir tomando, tanto en lo político, en lo profesional, como en mi vida personal.

Y para cerrar, porque nunca las palabras alcanzarán para describirte, y como amante de la poesía, aunque me cuesta mucho escribirla, regalarte los  versos de una hermosa canción cristiana llamada «Cómo han caído los Valientes», como manera de honrarte en esta hora póstuma, y recordarte por siempre.

«Como han caído los valientes»

Angustia siento por ti, hermano mío

Salva tu alma infeliz entre espinos                      

Cuan dulce fue estar

La verdad te voy a extrañar

Ligero eras aun mas

Que las águilas.

Como han caído los valientes

Como las armas en la guerra

Caídos mas no destruidos

Derribados mas no vencidos

Mi alma guarda la fe en Cristo

Que en su venida estaremos reunidos

Y volverás a reír

Brillara tu genio infantil

Y cuando suene el clarín

Volverás a vivir.

Como han caído los valientes

Como las armas en la guerra

Caídos más no destruidos

Derribados mas no vencidos

Como han caidos los valientes

Aguardaran el dia durmientes

La orden final que los defienden

Saber que vive por los siglos

Saber que vive por los siglos.

Hasta siempre Donald

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