Por qué apoyo al gobierno de Delcy

Jueves, 22/01/2026 12:15 PM

Obviamente, es una pregunta que me hacen muchos. Así que paso a explicarme:

Se trata de un apoyo con autonomía e independencia... y con espíritu crítico (en fin de cuentas, creo que el chavismo se debe a sí mismo una autocrítica profunda, como se la deben las oposiciones, y como nos la debemos todos los venezolanos: algo hicimos mal en las últimas tres, cuatro, cinco décadas, que terminamos en el sombrío episodio del 3E). Pero es un apoyo claro, un apoyo sin esguinces: con la cara descubierta, a la luz del día y por la calle del medio.

Creo que la coyuntura actual, compleja y delicada, no admite una postura tan simple como la de gobierno/oposición. Me parece que reaccionar frente a los hechos recientes y en curso con el clásico "nosotros y ellos" es no comprender la singularidad y la excepcionalidad del nuevo momento político (para usar las palabras de la Presidenta) que se abre frente a nosotros. Es hacerlo con los códigos del pasado reciente anterior al remezón histórico que significó el 3E, como si habitáramos el mismo país de antes.

Siempre dije en numerosos programas de opinión que si se producía una intervención militar extranjera, el gobierno que existiese para ese instante se convertiría en mi gobierno, aunque el día antes hubiese estado haciéndole oposición. Como todos sabemos, esa intervención no está circunscrita solamente al infame episodio del 3E, sino que se prolonga en el tiempo mediante sutiles y no tan sutiles presiones y chantajes. Siendo, hasta nuevo aviso, este gobierno (el gobierno de Venezuela, dicho sea de paso) el que se ve las caras con el gigante del norte, con dignidad pero sin desplantes inútiles, entonces el de Delcy es mi gobierno.

La soberanía ha sido estropeada y restringida. En algo nos equivocamos durante estos 27 años de hegemonía chavista, tanto en el gobierno como en el campo opositor; en algo nos equivocamos los venezolanos todos (unos más, otros menos, pero todos), que de una soberanía limitada por nuestra objetiva ubicación geopolítica, como era antes de 1998, pasamos, luego de mucha estridencia antiimperialista, a otra más restringida aún, que es la que tenemos hoy. Al revisar nuestra historia reciente, no sólo pueden achacársele las culpas al malo de la película, que sería el Tío Sam, sino principalmente a nuestros propios errores como venezolanos. Es claro que no fuimos capaces de construir un modus vivendi con EEUU que asegurara tanta soberanía como fuese posible dentro del marco de tanta cooperación como fuese necesaria. En algún momento, ese equilibrio inestable se perturbó por errores nuestros. En esta materia, el error nunca es del poderoso contrario para el que ese quebrantamiento implicaba un costo mínimo. Para nosotros -debíamos haberlo sabido-, el costo era monumental, y lo hemos pagado con creces en términos de sufrimiento social, de crisis política, de apocamiento económico... y de soberanía.

Ahora nos toca reconstruirnos sobre estas bases dadas (si se quiere, impuestas). Nos quedan unos girones de soberanía que debemos cuidar como a la niña de nuestros ojos. A mí, en lo personal, me parece que en estas circunstancias es un deber patriótico ayudar a darle sostén a una Presidenta que, en nombre de todos (no de una parcialidad política, y, claro, depende de las actuaciones del propio gobierno que los venezolanos la perciban así), está sentada a la mesa con los gringos procurando los términos de un tratado de paz lo más beneficioso que sea posible para todos los venezolanos. Regatearle ese sostén me parece criminal con el país.

Por eso subrayo que, al menos en esta coyuntura (más adelante se verá), reaccionar frente al gobierno a partir de los reflejos condicionados opositores: con su lenguaje, su reivindicación como tal, sus propuestas, sus "exigencias", es de un facilismo y de una elementalidad supinos. Una oposición de Estado sabe que hay circunstancias excepcionales en que debe dejar de serlo para con autoridad moral y política poder volver a serlo después: los laboristas frente a Churchill en la II Guerra, Mao y los comunistas chinos frente a Chiang Kai-shek y el gobierno del Kuomintang cuando la invasión japonesa, por sólo mencionar dos ejemplos.

Si el 3E y lo que vivimos hoy como nación; si esta reestructuración de nuestras relaciones políticas, económicas y comerciales con EEUU, que ha de perdurar por muchos años; si la necesidad histórica de remar en una misma dirección, todos juntos como pueblo, a ver si este aprieto, esta contrariedad, este brete se convierte en una oportunidad de más democracia y de más prosperidad económica y social; si todo esto no es una de esas circunstancias excepcionales, entonces no sé qué lo es.

Así que creo que es la ocasión de poner a un lado diferencias y particularidades para, aún sin compartir todas sus ejecutorias, sostener a éste que debe ser visto (y la Presidenta tiene el deber histórico de ganarse esa condición) como el gobierno de todos los venezolanos.

Además de todo esto, conozco a Delcy. Recién graduada, la invité a trabajar conmigo en el Comité para los DDHH (el rostro civil de la Secretaría del MAS para los DDHH) después de la masacre de los inocentes del 27F. Conozco sus capacidades. Conozco su condición humana. Conozco su vocación de servicio. También por eso, porque sé quién es, creo que este gobierno merece un voto de confianza, o, si prefieren verlo así algunos oposicionistas perennes, el beneficio de la duda.

¡Démonos un chance como país! Ya es hora.

 

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