Aceptar que Trump, nos imponga un llamado a elecciones, mañana o pasado, sin cumplir lo determinado en lo constitucional, sería no sólo un delito sino una desvergüenza, una indignidad. Ni a la oposición que lidera la señora Machado, eso le favorece y menos ennoblece. E.D.
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Trump, en su manera atropellante de mirar la vida, más cuando tiene tras de sí el mayor y enorme respaldo del poder militar y económico del mundo y sentirse tentado a invocar la Doctrina Monroe, aquella de "América para los americanos", pudo haber ideado un plan. Para eso cuenta también, con respaldo de factores opositores internos, pese carezcan de organización y asideros en la trama del Estado para impulsar propuestas y, en función de ellas, movilizar la multitud.
Por su imperiosa necesidad de recomponer sus relaciones con Venezuela a cómo hubiere lugar, optó por secuestrar a Maduro, ofrecerle a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, muchas cosas necesitadas por nosotros; de las que nos quitaron e inversiones que ellos necesitan hacer.
No tuvo empacho, en decirle a su estilo, a la señora Machado, que no era la apropiada, por lo menos en este momento, dado no tiene respaldo militar, en los órganos del Estado, ni de partido, para ejercer el gobierno. Además, esa alternativa, ponerla a ella a gobernar, hubiera podido generar un caos difícil de controlar. Esto pues, lo dijo Trump a la aspirante.
Quizás la haya convencido con la oferta tranquilizante de esperar por un proceso de "transición", iniciado desde ya, para llamar a elecciones en breve, lo que estaría sujeto a previas muestras del bienestar para cuando ella acceda a Miraflores. Ofertas sujetas a la disposición de quienes ahora gobiernan a aceptar lo que desde la Casa Blanca se planifica. Ya hay ofertas, muestras destellantes y algo más que alegóricas, de lo podría venir de inmediato si en Miraflores no sólo perciben la seña sino asumen su contenido. Es obvio que, la entrada de los capitales estadounidenses a un país arruinado, con abundante petróleo, destruida la estructura para extraerlo, más abierto ese mercado, tendría gran repercusión en la economía interna.
Pero, pese Trump, políticamente en lo inmediato, no produjo los cambios que sus aliados internos y él mismo desearían, sí dejó sentado un mensaje, el que da a entender que, tiene el control sobre Venezuela; es más lo dice sin sonrojo. Sugiere que tiene a la vice en funciones presidenciales en la manga y con ella, todo el poder del Estado. Es él, quien aquí manda. Tal mensaje tiene la idea que todo lo controla y quienes ejercen el gobierno son sus cómplices. Una manera de bajar adentro los ánimos, crear indisposición y hasta enfrentamientos. Genera dudas y envenena. Pues habla como si en el barco se produjo una sublevación y los del puente de mando se les rindieron a sus pies. Una manera también de contentar, satisfacer a los suyos.
Ya hay discursos, a mi me han llegado, procedentes de gente cercana al gobierno, según los cuales, ya Trump agarró el toro por los cachos, cuando de inmediato, hizo ofertas y puso a disposición del gobierno cuantiosos recursos a cambio de un supuesto "proceso de transición".
Por lo anterior, una de las esperanzas creada a los aliados, pues militantes no son, no hay estructura de partido, es la idea que pronto, más pronto que más nunca, se convocarán a unas elecciones. Hasta hay quienes ya le ponen plazo de tres meses.
Se calcula que, dado según ellos, el 28J la candidatura del señor González se impuso de manera arrasadora, más tomando en cuenta que, el descontento nacional derivado de la miserable vida que llevamos la mayoría de los venezolanos, el resultado volvería ser el mismo. Esa visión les alegra. Una oferta de Trump, muy tentadora.
Desde la Casa Blanca, por distintos medios eso se deja como colar; pues como ya dijimos, el discurso es que el gobierno interino es sólo eso que, en lenguaje coloquial llamamos, una simple "mampara". Como para reforzar esto, Trump, días atrás, en lugar de enviar un diplomático, que pudiera haber sido Grenell, quién bastante se ha reunido con Jorge Rodríguez, envió a un policía y el mayor, el jefe de la CIA. Un mensaje para atemorizar, muestra de desprecio y fortalecer la idea de cuánto control, sometimiento, tiene Trump, sobre la gente que gobierna.
Por hablar de esto, vuelvo a recordar mi libro "Crónica de un paro. Venezuela en una encrucijada", un simple comentario acerca de los intentos de golpe contra Chávez, justificándose en el artículo 353 constitucional. El mismo que Germán Escarrá, entonces en la oposición, ayudado por Pablo Medina, aquel que, antes se exhibía como un radical, pidiéndole a Chávez que se negase a reconocer y pagar la deuda externa, en lo que justificaba su descontentó, enarboló para justificar el golpe.
En ese entonces, el asunto, como relato en mi libro, editado y puesto en venta por Amazon, una trampa también mía para comprobar mis dudas, ratificadas en lo que esa empresa, siempre me ha dicho que nunca se ha vendido un ejemplar, pese lo exhibieron y aún exhiben a un muy alto precio, se resolvió con una sentencia del TSJ, según la cual, la única salida legal para destituir al presidente, es por un referendo revocatorio. No hay otra forma. Es el pueblo elector quien tiene la facultad de decidir sobre ese asunto. El lector puede hallar la referencia y publicidad del texto, con el siguiente link: https://www.amazon.com/-/es/Venezuela-una-encrucijada-Crónica-Spanish/dp/3847388193
Pero, hay un, pero. Para desatar un proceso de esa naturaleza, el presidente debe haber sobrepasado tres años de ejercicio, la mitad del período establecido constitucionalmente. Y es natural que así sea, dado que, para evaluar a alguien, juzgarlo competente y merecedor o no de seguir en el cargo, hay que darle un tiempo, el mismo a quienes le toca hacer la evaluación. No se puede evaluar sin la acción pertinente en el tiempo previsto y necesario. El presidente debe actuar un tiempo razonable y los evaluadores observar. Maduro, en este, su segundo período, apenas tiene un año, le faltan dos para ser juzgado de acuerdo al artículo constitucional correspondiente.
Además, es un hecho público que, el presidente, fue secuestrado. No ha muerto, renunciado al cargo y desde EEUU, cuando fue llevado al tribunal, declaró que sigue siendo el presidente; es decir no ha renunciado.
Entonces no hay manera de darle legalidad a una convocatoria de elecciones presidenciales en breve. Habría que esperar por lo menos, para no decir algo trágico, que se cumplan los tres años que establece lo constitucional.
Pero hay algo más. ¿Cómo legalizar un revocatorio, que es un acto de evaluación del funcionario, si razones ajenas a su voluntad, como la fuerza del secuestro, no le han permitido ejercer? ¿Cómo evaluarlo de una manera distinta a lo que es, un presidente secuestrado por el gobierno de otro país, uno distinto al nuestro?
¿La decisión de destituirlo en ausencia involuntaria, un secuestro, no sería crear un falso y hasta despreciable fundamento para deponer a un presidente?
¿Sería legal y moralmente aceptable qué una fuerza opositora interna y lo peor, externa, secuestre al presidente, sin importar de quién se trate, para que, en el mejor de los casos, se convoque a un proceso revocatorio para destituirle?
En estas circunstancias, entonces, el proceso al revocatorio no tendría cabida ni validez alguna. Tendrían que liberarlo, dejarlo que cumpla el plazo pertinente y someterlo al proceso determinado en lo constitucional. Aunque pudieran, si hay disposición y necesidad para eso, ponerle en libertad para que renuncie al cargo, lo que le daría legalidad y moralidad a la declaración de ausencia absoluta.
De manera que, no está en manos del gobierno, ahora encabezado accidentalmente por la señora Rodríguez; tampoco de la AN y del TSJ, decidir llamar a nuevas elecciones. Y como ya dije, al presidente estando secuestrado, no se le puede evaluar en un revocatorio. Eso sería atentar contra la constitución y los derechos de los venezolanos, lo que se agrava si eso está determinado por una fuerza y poder extranjeros.
Al gobierno actual o a quienes gobiernan, les está impedido, por la legalidad y otras cosas más sensibles, llamar a elecciones estando las cosas como están. Hacerlo, lo que no creo esté en los planes de los gobernantes, pese Trump haga todo para crear esa sensación, implicaría no sólo violar la Constitución, sino en verdad mostrar la imagen que Trump impuso su voluntad y hasta se adueñó del país; convalidar lo que malsanamente dice, que gobierna Venezuela a través de intermediarios. Y no creo que eso haya sucedido ni está sucediendo.
Además, llamar a elecciones estando el presidente secuestrado, sin ser sometido a proceso revocatorio, lo que no puede hacerse por aquello mismo, existiendo entonces la figura presidencial vigente, sería a todas luces ilegal. Hacerlo sería violar lo establecido en lo constitucional y ratificado en proceso judicial del TSJ. Hasta el mismo Simón Bolívar saldría afectado por tal proceder. Aparte de un acto ilegal lo sería por demás inmoral y contrario a las glorias de la patria.
Pero además de lo anterior, la violación constitucional ya denunciada, daría validez a la idea que, no somos un país soberano, sino una colonia estadounidense, donde el gobierno de ese país puede destituir al presidente que hayamos elegido y también reconocerle el derecho, a todo aquel que tenga una pequeña fuerza y enorme ambición, a alzarse contra los poderes constituidos de conformidad a lo constitucional y establecer el orden que le venga en gana. Entonces, sería la fuerza y no los votos, la que se impondría de verdad en Venezuela y lo que es peor una impuesta desde fuera. Hasta el discurso opositor, según el cual, intenta rescatar la democracia y los derechos civiles, correría por el suelo.
Entonces, por dignidad, soberanía y legalidad constitucional, el gobierno venezolano, en su búsqueda de acuerdos con Trump, está impedido, no puede tener en sus planes, atender a la exigencia de acordar un llamado a elecciones, ahora ni más tarde, a menos que medie la renuncia del presidente vigente. Hacerlo, sería darle legalidad al secuestro, sus consecuencias, que implicó además un buen número de muertos, entre otros males y sentar un mal precedente. Y sería, además, un reconocer que los resultados electorales del 28J fueron forjados, en lo que, los gobernantes actuales, tendrían tanta responsabilidad como Maduro.
Debo dejar claro una vez más que, rehacer nuestras relaciones con EEUU es necesario, para ese país, sus capitales y para los venezolanos todos; es sólo un poema, los años transcurridos lo han demostrado, las reacciones actuales también, esa imaginación que un espacio divino nos espera; hemos extendido las manos, multiplicado los ruegos y el milagro no se expresa.
De modo que, estamos ante una encrucijada, pues no sería noble, dado nuestro historial de país soberano, permitir que, un gobierno extranjero decida nuestro destino y tampoco valedero legalmente, dado que se violaría de manera descarada y flagrante, como se suele decir con contundencia, la establecido en nuestra constitución, la primera aprobada por votación popular.