Nota: Ésta es una versión pública de un mensaje de WhatsApp que le escribí a mi buen amigo Nelson Chitty La Roche como comentario a su último artículo de opinión ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos? Ruego indulgencia por el uso de ciertos coloquialismos.
Me gustó la duda mezclada con expectativa de tu artículo.
Me he convencido de que hay que apostar por mantener despejada esta "rendijita" de cambio en paz que se ha abierto ante nosotros. Sería criminal con el país conspirar para cerrarla.
Guardando las distancias que son muy grandes entre una coyuntura y otra (no es lo mismo que el primer mandatario fallezca en su cama a que sea secuestrado por la primera potencia militar del planeta), Delcy se me parece a López Contreras, y te relato este episodio (que tú conoces mejor que yo), porque desde niño lo escucho y ya mayor me ha interesado leer sobre el tema (a Betancourt y Caballero, principalmente).
Mi padre dejó en 1928 el ejército repugnado de Gómez, contra quien urdió algunas conspiracioncitas inútiles (participó en los planes de la rebelión militar del 7 de abril posterior a la algarada estudiantil de ese año, y sólo por un inopinado azar no fue hecho prisionero). Siendo luego viajante de comercio, observó que ascendía la estrella de López y fue a visitarlo en Capacho y le pidió reintegrarse a las armas. Terminó siendo su ayudante y estuvo presente cuando López entró a ver, y besar, el cadáver del Benemérito. Sus memorias llevan por subtitulo Del andinismo a la democracia porque vivió de cerca el intento agónico de López y Medina de evolucionar hacia un gobierno civil y plenamente democrático y porque fue protagonista hasta el último disparo de esa transición pacífica truncada.
Mi padre siempre destacaba que una característica principalísima de López para los oficiales jóvenes fue que era el más culto e instruido de los viejos generales, aunque fuese uno de los últimos oficiales de montoneras. Creo que nadie discute hoy que Delcy es de las personalidades más cultas e instruidas del chavismo.
Todos sabemos la historia. Calma y cordura, la frase afamada. El Programa de Febrero. La aspiración de una evolución sin solución de continuidad, que transfigurara al andinismo autocrático en un régimen democrático. Y lo que me interesa destacarte: como tú sabes mejor que yo, los demócratas se volcaron a procurar un cambio democrático rápido. Huelga petrolera y demás perlas. Betancourt (lo recordaba Caballero) se arrepintió autocríticamente por querer acelerar lo que tenía su ritmo propio, intrínseco.
Entonces hubo una regresión represiva. Todos terminaron exiliados. Desde Chile, Betancourt le escribía cartas melancólicas a López pidiéndole que lo autorizara a regresar al país y asegurándole su "buena conducta" ajena a los apremios indebidos.
De ayer para hoy me he puesto a pensar si esa involución a causa de las prisas fatigosas de los revolucionarios pedenistas y comunistas de entonces no fue lo que impidió que se pudiese realizar el sueño de López de un candidato civil a quien transferirle el mando en 1941. Entonces Escalante no se habría vuelto loco y la transición tal vez habría evitado el golpe militar del 18 de Octubre y luego el "salto atrás" pérezjimenista.
Lo cierto es que en ese clima, surgió de nuevo la figura de un líder militar, Medina, quien entonces no era visto como el demócrata que luego probó ser. Mi padre me contaba que los gomecistas de uña en el rabo llegaron a creer que se trataba de un Gómez redivivo.
-Lo tenemos de vuelta... ¡y joven! -era la expresión que se escuchaba entre ellos.
Al final la apuesta salió bien, porque Medina resultó incluso más demócrata que su predecesor, pero el tránsito a un gobierno civil se retardó varios años... y entonces el azar de la historia entró en escena, con camisas voladoras y demás. No valía correr ese riesgo cuando acaso con un poquito más de paciencia, y si López hubiese sido comprendido en la prudente cadencia de sus pasos, se pudo haber hecho en 1941 lo que a empellones se hizo en 1945 y sólo de manera estable y pacífica diecisiete años después, en 1958.
Así que creo que, aprendiendo la lección, hoy debemos ser comprensivos con el tamaño del enorme doble desafío que este gobierno tiene por delante:
• Mirarse las caras con el mandamás del norte e intentar defender, con dignidad pero sin los desplantes inútiles del pasado reciente, los girones de soberanía que nos quedan después del 3E.
• Y avanzar en un proceso de apertura democrática, necesariamente lento, cuyos ritmos la Presidenta es la llamada a evaluar, pues conoce el sistema de partido-Estado desde su interior: las demandas del chavismo impertérrito que acaso pretende sostenerse sobre el mismo discurso y con los mismos códigos.
Por eso creo que no es momento de ser gobierno y oposición. Sino abrazarnos en una venezolanidad que nos debe ser común. Todos, sin excepción, somos hijos de la patria. El "nosotros y ellos", como sigo escuchando decir, es una grande equivocación. Tu excompañero Agustín Berríos me dijo una frase interesante: "En las transiciones no hay oposición". A este gobierno, que es el único actor garante de la estabilidad y la paz (bienes preciados hoy, como si volviéramos a la batalla de Ciudad Bolívar en 1903), hay que darle desinteresado sostén... porque más allá está el abismo, el desbarrancadero sangriento de una posible conflagración entre venezolanos. Apoyo con independencia, apoyo crítico, como se quiera, pero apoyo. Y lo primero es medir con cautela la fuerza del pie derecho en el acelerador. Y constatar que es Delcy quien puede calibrar con mayor propiedad esa medición. Ya vendrán más adelante los momentos para apresurar los ritmos y ampliar las exigencias.
La Presidenta avanza sobre el filo de la navaja. Es un equilibrio inestable entre la voracidad imperial (aunque a Trump tampoco hay que tomarlo siempre literalmente, como también suele decirme Berríos) y el lastre del reflejo condicionado de la falsa conciencia revolucionaria que -yo que fui comunista puedo afirmarlo con propiedad- tiene la delirante y paralizante capacidad de chantaje de los dogmas religiosos, y sabemos cómo éstos han producido a lo largo de la historia, en unas y otras culturas, sangrientos cismas. Procurar, como hacen algunos, perturbar ese equilibrio para derribar a la gobernanta me parece de una irresponsabilidad supina.
En fin, amigo, poco a poco... No siempre, pero a menudo, a los pueblos se les presentan estas oportunidades inesperadas y únicas. Ojalá que los venezolanos no seamos necios (que la necedad de unos y otros nos trajo a este pantano de sangre y destrucción) y procuremos convertir esta rendija en un amplio portal por donde pase una nueva Venezuela libre y próspera.
Disculparás que me haya puesto pomposo y solemne, pero esta angustia que tú trashumas en tus artículos enjundiosos, y que yo comparto, y esta sensación lacerante de que nuestra generación le falló en su momento a nuestros hijos y nietos, porque estuvimos allí en el ojo del huracán cuando esta historia se incubó y no hicimos lo que debimos hacer y el país se nos despeñó hasta los recientes trágicos eventos que son una afrenta histórica para todos (o deberían serlo), me hacen darle rienda suelta al verbo... ése que fue antes que todo (Juan 1:1).