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Apoyo la decisión gubernamental de defender la soberanía venezolana por las vías pacíficas y diplomáticas, pues de lo contrario se correría el grave peligro de desaparición total de la nación, ante el poderío militar devastador del ejército imperial de EEUU y la debilidad global existente para resistirlo. Pero, llevar adelante esta misión requiere del apoyo de todos los venezolanos y no sólo de quienes integran la autodenominada "revolución bolivariana".
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El "nosotros" gubernamental debe referirse a toda la nación, a los venezolanos de buena voluntad, como se decía en el pasado, sin importar si apoyan o no al gobierno o si simpatizan o no con la presidente encargada. La unidad que está siendo convocada debe ser de la nación, no de una parte de ella y mucho menos sólo de quienes apoyen parcialidades políticas, sin importar lo significativas que se crean. Saldremos adelante no puede significar que la "revolución" saldrá adelante, ésa sería una concepción que nos conduciría al desastre nacional.
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Debo recordarle al gobierno, que el amor por la patria no está localizado en ninguno de nuestros genes, pues no es un hecho natural, sino de naturaleza cultural, que se establece durante la experiencia de vida de los seres humanos, en la cual, la educación formal y la formación ciudadana tienen el papel más relevante. Con el deterioro grave educativo existente, que se extiende desde mucho antes de este siglo, más la miseria imperante en una mayoría de la población, es imposible pensar que nuestros nacionales hayan podido adquirir e incorporar en todo su ser el sentimiento patrio de pertenencia.
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El gobierno actual debe ser muy audaz en los pasos que deba dar, desde el punto de vista de la restauración de la democracia. Es imprescindible abandonar la confrontación permanentemente belicosa, muchas veces por motivos baladíes. Ésa no puede ser la base de su sustento. En un país completamente dividido no será posible lograr ninguna estabilidad, que permita su crecimiento y desarrollo, recupere su soberanía y logre un estado de bienestar cada vez mayor de sus ciudadanos. La política de marginar a quienes se oponen, preconizada por la oposición violenta y apátrida, sería absurdo que se convirtiera en la política de quienes los han enfrentado exitosamente por años.
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Es necesario plantearse con sinceridad y valentía la construcción de un gobierno de emergencia nacional, que incluya a quienes gobiernan y a quienes los han enfrentado firmemente, pero en forma democrática y exigiendo siempre el respeto de la constitución de la república.
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Prometer no significa nada en estos tiempos, a menos que las promesas sean seguidas en forma casi inmediata por acciones concretas claras en función de la obtención de lo prometido.
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Hay que dejar en manos de la oposición aquellas posiciones, que supervisan y controlan las acciones del ejecutivo nacional; así como tomar medidas similares con los gobernantes regionales y locales, de manera que el control del ejercicio de sus poderes no quede en manos de sus correligionarios. Se deben eliminar los estamentos creados, para administrar recursos y ejercer las atribuciones, que la constitución y las leyes otorgan a gobernantes regionales y locales. Debe eliminarse la nociva práctica de aprobar presupuestos deficitarios, que reducen en forma ficticia los ingresos a ser percibidos, para considerarlos luego, una vez recibidos, como ingresos extraordinarios, y burlar entonces las disposiciones constitucionales sobre la materia.
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Informar directamente a la población, a través de todos los medios, de las acciones que se han tomado y sus resultados inmediatos, es una forma de crear confianza en la ciudadanía, que comienza a sentirse informada; de salirle al paso a los rumores y manipulaciones, de quienes continúan con sus planes desestabilizadores; de contribuir a la tranquilidad de la gente, al combatir la incertidumbre que aún persiste, y de iniciar los necesarios procesos de participación popular, en los planes de desarrollo nacional.
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Instrumentar informaciones cotidianas muy concretas y sintéticas, fácilmente comprensibles, sin caer en la tentación politiquera demagógica, ni en discursos proselitistas ideologizados, que, al ser percibidos y reconocidos por la audiencia, van a generar un rechazo total inmediato, creando un escenario contraproducente al interés actual de la nación.
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Se debe ser muy objetivo en la percepción que se tenga de la opinión del pueblo venezolano. Los estudios serios de opinión y lo que uno siente en las calles es que más de la mitad de la población apoyó la intervención militar gringa en su propio país. Es triste y lamentable, pero tiene que ver con muchos factores inatendidos todos estos 27 años por los gobiernos chavecistas e incluso desde mucho antes. La destrucción de la calidad de la educación básica y media, como ya dijimos, es el aspecto más relevante a ser considerado como responsable de este hecho.
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No se trata de crear organismos supuestamente amplios, que funcionen bajo control gubernamental, para presentarlos como organismos de consulta y participación plurales. Eso es un autoengaño, que nadie en la oposición seria se v a creer. Lo ideal es incorporar a esa oposición seria como aliada en el rescate de la soberanía nacional, en la necesaria nacionalización del dialogo, que hoy el gobierno realiza con el presidente de EEUU, pero esta vez claramente comprometido a construir una ruta de consenso democrático, dentro del marco constitucional, sin sorpresas de ningún tipo.
Observaciones iniciales a la cúpula gubernamental
Por: Luis Fuenmayor Toro
Viernes, 16/01/2026 01:08 AM