Entre la tensa calma y la normalidad

Miércoles, 14/01/2026 03:32 PM

"La paz no es simplemente la ausencia de guerra; es una virtud, un estado mental, una disposición a la benevolencia, a la confianza y a la justicia". (Spinoza)

Venezuela atraviesa un momento sociopolítico que desafía los marcos teóricos tradicionales de la ciencia política y la psicología de masas. El inicio del año escolar a todos los niveles, transcurrido sin contratiempos, junto a la ausencia de estallidos sociales violentos o conflictos civiles fratricidas, nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza de la estabilidad actual. ¿Estamos ante una normalidad genuina o habitamos lo que la filosofía política denomina una "paz negativa"?

Desde la psicología social, el comportamiento de la ciudadanía venezolana actual revela una adaptación profunda. La ausencia de saqueos y desórdenes públicos no debe leerse únicamente como un síntoma de conformidad, sino como una evolución de la consciencia colectiva.

El pueblo ha comprendido que la violencia sistémica solo profundiza la vulnerabilidad del tejido social. Existe un deseo intrínseco de orden funcional: la necesidad de que las escuelas abran, que el comercio fluya y que la vida cotidiana recupere su ritmo.

Esta "normalidad" en el inicio de clases es un hito simbólico poderoso. La educación es el principal aparato de cohesión de un Estado-Nación; cuando las aulas se llenan, se envía un mensaje de continuidad institucional que prevalece sobre la incertidumbre.

Observamos que la paz pública es el requisito sine qua non para el ejercicio de la soberanía, un Estado que no se fragmenta en una guerra civil demuestra una madurez en sus estructuras de control y una voluntad ciudadana de dirimir conflictos por vías no bélicas.

Sin embargo, debemos distinguir entre:

"La Normalidad Estructural", donde las instituciones funcionan de manera fluida y el contrato social es sólido y la Tensa Calma, un estado de equilibrio donde, a pesar de las presiones externas y las fricciones internas, los actores sociales deciden priorizar la convivencia.

En el caso de la "tensa calma" es un concepto dialéctico. Es el reconocimiento de que existen contradicciones no resueltas, pero que la sociedad ha elegido la preservación de la vida y el futuro (representado en el regreso a clases) por encima de la anomia.

Venezuela está demostrando una fortaleza sociológica inesperada: la capacidad de operar dentro de la institucionalidad a pesar de las narrativas de colapso que suelen proyectarse desde afuera.

La normalidad que vivimos hoy es una conquista del día a día. Que no haya saqueos es señal de que el respeto por el otro y por la propiedad comunal sigue vigente. Que haya clases es señal de que la esperanza sigue siendo un proyecto nacional.

Venezuela navega hoy en ese espacio intermedio entre la quietud y el movimiento. Reconocer esta estabilidad es vital para defender nuestra soberanía. El reto actual no es solo mantener esta calma, sino transformarla en una normalidad cada vez más sólida, donde el bienestar sea la norma y no la excepción.


 

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