El Partido COPEI fue fundado el 13 de enero de 1946. Esta fecha marca el inicio formal del Comité de Organización Política Electoral Independiente, bajo el liderazgo de Rafael Caldera.
Rafael Caldera, fue su fundador y dos veces presidente de la República durante los períodos 1969-1974 y 1994-1999. Su oratoria precisa, su profundo pensamiento cristiano y social, y su capacidad para tejer consensos, lo convirtieron en una figura central de la democracia venezolana del siglo XX.
Pero Copei no era sólo Caldera. Otro de sus pilares fundacionales y figura indispensable para entender su historia fue Luis Herrera Campins. Periodista y abogado de formación, Herrera fue un militante de primera hora y estratega clave. Su liderazgo se forjó en las lides parlamentarias y en la construcción del partido a nivel nacional. Ascendió a la presidencia de la República en el período 1979-1984.
Su último candidato presidencial con opciones reales fue Eduardo Fernández en las elecciones de 1988, donde quedó en un distante segundo lugar frente a Carlos Andrés Pérez. "El Tigre" Fernández, abogado y sociólogo, se caracterizó en sus momentos de mayor activismo como un gran líder carismático y de discurso firme, quien años más tarde, en 1995, asumiría la secretaría general del partido en un intento por modernizarlo.
Hoy, a sus 80 años, el Partido Copei no es ni la sombra de lo que fue. Su mayor drama es una profunda división. Por un lado, un sector, que controla el aparato partidista legalmente registrado. Por otro lado, existe un grupo de valiosos dirigentes históricos y simpatizantes que, desde la autonomía y la crítica, se asumen como "copeyanos de oposición", reclamando la bandera del partido.
Recordar a Caldera y a Herrera en este aniversario, es evocar la memoria demócrata cristiana, un proyecto que marcó una época, pero también constatar cómo, en su ocaso, su legado se debate entre la sumisión a un poder autoritario y la resistencia testimonial de quienes aún creen en sus ideales fundacionales. 80 años después, Copei ya no es un protagonista, sino otro espejo roto de las contradicciones y traumas de la política venezolana.