No se estuvo a la altura del reto de nuestro desarrollo

Martes, 13/01/2026 12:25 AM

Inicio dejando muy claro que rechazo completamente la incursión militar grosera de EEUU en territorio venezolano, ocurrida al comienzo de la madrugada del 3 de enero de este año, que dejó más de 100 personas asesinadas en forma cruel y otro tanto número de heridos, instalaciones militares, educativas, de servicios y viviendas destruidas, y que secuestró violentamente al presidente constitucional de la república y a su esposa, trasladándolos ilegalmente en clara violación del derecho internacional, para ser juzgados por tribunales que no tienen ninguna competencia legal para ello, tal y como ha sido expresado por las Naciones Unidas y por una gran cantidad de países del mundo entero. Una acción brutal y arbitraria de ese tipo, basada en una superioridad militar por todos conocida, no tiene ninguna excusa y demuestra claramente el resurgir agresivo de la doctrina neocolonialista estadounidense sobre las distintas naciones del continente americano.

La infausta confrontación nacional entre los gobiernos chavecistas y la oposición extremista apátrida, que nunca aceptó haber sido derrotada en buena lid por el movimiento encabezado por Hugo Chávez, nos ha llevado a la crítica situación actual de lesión de la soberanía de Venezuela. Nunca se había producido, en nuestra historia republicana, un hecho de esta naturaleza, por lo que no cabe duda de que existe un cambio geopolítico más allá de nuestro continente, que explica la causa principal de lo ocurrido. El propio presidente de EEUU, con desparpajo, lo ha dicho: es el control de nuestras riquezas energéticas, minerales y mineras, como lo denunció el presidente Maduro, la causa de la política agresiva contra nuestro país. EEUU se siente vulnerable hoy en el mundo, siente vulnerable el dominio del dólar, de ahí que las amenazas se hayan extendido a otras naciones: Groenlandia, Canadá, México, Nicaragua, Cuba, Colombia, Brasil y Panamá.

Las excusas del mal gobierno, la democracia, el narcotráfico, el terrorismo, los DDHH y las amenazas a la seguridad gringa, son eso: excusas irracionales, que sólo las respaldan quienes desconocen la realidad y están seriamente afectados por la manipulación mediática extranjera existente, o por el odio derivado de sus experiencias personales y familiares. Esto, sin desmerecer, que las actuaciones del gobierno de Maduro estuvieron preñadas de hechos muy nocivas para Venezuela y su gente, sin que los muchos llamados a rectificar hubieran sido atendidos. La corrupción gubernamental, la ineficiencia del aparato de gobierno, la dilapidación de recursos, la destrucción del aparato productivo, el empobrecimiento gigantesco de la población, la inexistencia de la división de poderes, el control partidizado de la FANB, la ausencia de la alternabilidad constitucional, la represión desmedida, el ventajismo electoral y el discurso provocador son hechos ciertos probados.

Las anteriores consideraciones nos sirven para comprender que sigue siendo el poderío militar, y no las leyes ni el derecho internacional, ni mucho menos la razón, el que determina los escenarios políticos, económicos y sociales en el mundo y la relación entre las distintas potencias y el resto de los países. Los poderosos le pasan por encima, al costo humano que sea, a los países débiles, e inclusive a otros no tan débiles. Esto, en nuestro caso, significa que entendemos como una realidad que se nos impone la situación actual de nuestra relación con EEUU. Así, lo ha comprendido el gobierno actual del PSUV y de la presidente Delcy Rodríguez y está actuando en consecuencia. Así, parece que lo ha entendido incluso Diosdado Cabello, sin que esto quiera decir que estén contentos con la situación, ni que todos sus seguidores lo comprendan, ni lo compartan. Y éste es un reto que deben atender de inmediato, para evitar fracturas inconvenientes.

Respaldo, por lo tanto, las declaraciones de la presidente Delcy Rodríguez: "Venezuela continuará enfrentando esta agresión por la vía diplomática (..) como único camino para la defensa de nuestra soberanía y la preservación de la paz". Una posición distinta, por muy justa que parezca, conduciría a un derramamiento de sangre y una destrucción del país, que pondría mucho más en peligro nuestra existencia como nación. Lamento mucho que nuestros gobernantes del siglo XXI no hayan entendido que nuestra independencia, libertad y soberanía, no dependían de declaraciones altisonantes, ni de retos demagógicos, ni frases trilladas, sino de un programa efectivo de desarrollo científico tecnológico productivo, a partir del ingreso petrolero y otros materiales estratégicos, llevado adelante sin estridencias, que nos permitiera construir una nación con una población altamente educada y formada, capaz de abordar todos los retos futuros de la humanidad, entre ellos el de la defensa de su soberanía.

La Razón, pp A-3, 11-1-2026, Caracas.

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