Está en juego el futuro

Lunes, 12/01/2026 03:40 PM

No soy analista internacional, sólo trato de entender lo que pasa y visualizar hacía donde parecieran apuntar las señales. Algo necesario para poder argumentar mis preocupaciones. Ha pasado una semana desde ese nefasto ataque del 3 de enero por parte de fuerzas gringas. Fue un ataque anunciado y logró su objetivo. No especularé sobre lo sucedido, ni voy a esperar por las explicaciones gubernamentales. En todas partes la verdad es elástica.

Lo central es lo que ahora siento que se nos avecina. Su análisis siempre será producto de las sensaciones que uno percibe, sean intuitivas o generadas por un pensamiento crítico. Trump ya le ha dicho al mundo sus pretensiones y no son sólo palabras, llegaron, bombardearon y secuestraron a la pareja presidencial para mostrarnos su decisión, dejando la pelota en nuestro campo. Ella no puede ser tomada y encerrada en los blichers. En revolución le correspondería al pueblo chavista trazar las líneas rojas.

Para esa revolución el asunto es muy complejo, el derecho internacional ha dejado de existir. El multilateralismo, es decir, la actividad conjunta de los países para atender asuntos que les conciernen, ha sido lanzado por USA a la papelera. Digamos adiós definitivamente, a la ONU -su consejo de seguridad es sólo un micrófono para que los débiles puedan quejarse- adiós a la OTAN, la UE y, de paso, también la OEA. Sólo USA, China y Rusia, en equilibrio inestable, decidirán -para evitar una catástrofe nuclear- lo que se hace. A lo sumo sobrevivirá el FMI, el Banco Mundial, los BRICS y similares, porque son instrumentos para el manejo de la economía en sus respectivas áreas de influencia.

Esto significaría, en el caso de Venezuela, olvidarse de contar con la ayuda militar de esas otras dos potencias, para enfrentar a USA. Ni siquiera para escoltar los tanqueros, que salen de nuestros puertos. Se convertirían en hechos las palabras de Trump donde anuncia que el petróleo venezolano les pertenece, pagándonos como les dé la gana.

En estas circunstancias nuestro gobierno ha anunciado el inicio de un «proceso exploratorio de carácter diplomático» con el gobierno norteamericano, con el objetivo de restablecer las relaciones de ambos países y al mismo tiempo recibirá una delegación de funcionarios de ese país. Es decir, vamos a negociar -es realmente un chantaje-, con el gobierno gringo, la extracción de nuestro petróleo. Pues bien, es de suponer que la dignidad es nuestra última línea roja. Ella significa la devolución del presidente y la primera dama y la eliminación de todas las sanciones impuestas. Otra cosa se parecería demasiado a bajarse los pantalones.

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