"Síndrome de Estocolmo" salarial, inherente a oposición extremista, gobierno y empresarios. Hora de revisar

Lunes, 12/01/2026 11:49 AM

Dos días atrás, una amiga, a través de X, me hizo mención de "El síndrome de Estocolmo". Casualmente, no hace mucho tiempo, tuve oportunidad de leer varios trabajos que tocan ese tema. En ellos se habla como operan en la mente humana, situaciones, como la de los rehenes por un asalto en un banco en Estocolmo; pasado apenas seis días, lo que habla más de la intensidad de los momentos compartidos que el tiempo, los retenidos a la fuerza en el banco, usados como piezas por sus captores, se convirtieron en cómplices de aquellos.

Un connotado psiquiatra, de la policía sueca, sentenció que, "El Síndrome de Estocolmo, es una reacción psicológica donde la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad se desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo con su secuestrador o retenedor".

No obstante, es bueno tomar en cuenta que, en el caso de Estocolmo, los retenidos, es decir varios, lo fueron dado el cerco tendido a tiempo por las autoridades para defender el patrimonio del banco; siempre es esto lo fundamental y la gente bien lo sabe. En los atracadores no había disposición contra los rehenes, que lo fueron, por circunstancias, si se quiere, fortuitas o azarosas. Además, pese la naturaleza del acto ilegal, entre los captores y sus rehenes pudiera, como en efecto sucedió, haberse producido una relación amistosa, dado el tratamiento cordial entre ellos, que ambos factores tenían su vida en peligro, más si los últimos evalúan, como pudo haber sucedido, mal la actuación policial en el curso de las negociaciones, donde se pudo haber puesto más interés en el dinero que en la vida de las víctimas.

Tal diagnóstico se derivó del hecho que aquellos rehenes, en 1973, se negaron a declarar contra los asaltantes de un banco, en Estocolmo, supuestamente por los vínculos emocionales derivados de aquella operación, entre ellos y los asaltantes.

Tal diagnóstico, sirvió para que los abogados de la joven, Patricia Hearst, secuestrada en febrero de 1974, en California, quien apareció en abril del mismo año, apenas un mes y unos días después, participando en un atraco en un banco, apelaran al diagnóstico de "Síndrome de Estocolmo", a manera de defensa o excusa, para lograr su libertad. Lo que no lograron, en el primer intento, pero, no obstante, en febrero de 1979, fue indultada y puesta en libertad por el presidente Bill Clinton. Tómese en cuenta que, en su caso, no fue un simple inhibirse a declarar contra los asaltantes sino sumarse a ellos, quienes en ella depositaron su confianza. Tanto que, participó en varias acciones y hasta se exhibió como solidaria, con la "causa" de sus captores.

La decisión de Clinton, más por el Síndrome de Estocolmo, pudo haber estado determinada por lo que fue William Randholp Hearst, magnate estadounidense, dueño de cadenas periodísticas y político de destacada actuación, abuelo de la joven Patricia Hearst. Posiblemente, por lo que tanto que unía a Clinton y el abuelo, se generó ese supuesto síndrome de Estocolmo alegado antes por la defensa de la joven Hearst.

Después de leer, como ya dije una buena cantidad de versiones sobre el asunto, tomando en cuenta los antecedentes y origen de la joven, opté por pensar que hay que ser demasiado cuidadoso al diagnosticar en asuntos como ese. Pues, en el caso de Estocolmo, el diagnóstico inicial, sólo fue de pocos días, pero intenso. Y en el caso de la señorita Hearst, por supuesto, no soy psiquiatra ni psicólogo, sólo un simple maestro de escuela, lo que no me avala y menos da valor a lo que digo sobre este asunto, me limito a decir que, todos los personajes a quien leí, me sugirieron, que quien alegó, en 1976, ante los tribunales "que había sido encerrada y cegada en un armario y sometida a abusos físicos y sexuales", lo que causó su decisión de comprometerse con el grupo y la llevó a participar en otras acciones apenas pocos días de secuestrada, buscó amparar su defensa en el "Síndrome de Estocolmo".

Pero en el caso de la joven Hearst, el acto delictual de sus captores, fue totalmente diferente al de Estocolmo, pues en este, la rehén o raptada fue directamente, escogida, personal, víctima; coartada su particular libertad, hasta dignidad y amenazado el patrimonio familiar. Y, además, según ella, fue brutalmente tratada por sus captores.

Lo cierto es que la señorita Hearst, participó por más de un año, como cómplice de quienes la capturaron, en diversos delitos y hasta con ellos se identificó de diferentes maneras.

Lo digno a tomar en cuenta de todo esto es como, factores que parecen distantes, ajenos y hasta contradictorios, pudieran hallar puntos de encuentro para reconciliarse, en función de los intereses y la subsistencia de ambos. Es un momento cuando los contrarios se unen, acuerdan, en voz tenue, muy bajo volumen, por conveniencia mutua.

El tema salarial en Venezuela, es como un "síndrome de Estocolmo", entre factores que, en el discurso, parecieran ser distintos y en otro caso lo son.

Fedecámaras y el gobierno, desde hace ya bastante tiempo, y lo es más si tomamos en cuenta la angustia que genera en los trabajadores, activos y jubilados, la extinción del salario, viven como bajo un estado derivado del "Síndrome de Estocolmo". Pues el gobierno venezolano es heredero del discurso de Chávez y quizás, digo yo, no sé, como decimos en Cumaná, "Sabrá Dios y canta Lucho" *, también de aquello que solemos llamar izquierda. Más si recordamos que, para esta, la lucha por el salario es "la bujía y hasta motor de la lucha de clases".

Para Fedecámaras, como ente del capital, pese la plusvalía, los buenos salarios son necesarios, no tanto por la subsistencia de la mano de obra, su mayor rendimiento, de la gente, lo que es importante, sino por el consumo. El aumento de este, incita a mayor producción, más beneficios y crecimiento. Es decir, Fedecámaras, en la Venezuela de hoy, tiene necesidad que el consumo aumente en buena medida y, esto sólo es posible, habiendo buenos salarios. El gobierno, de hecho, también debe tener el mismo interés, por lo ya dicho, por ganarse respaldo en la multitud y sus orígenes. Pero pese eso y, la ya larga conversación entre ambos factores, con la intermediación de OIT, no se produce el milagro de un acuerdo en materia salarial.

Un breve tiempo atrás, por un artículo que escribí sobre el tema de los salarios, recibí un correo de Jorge Roig, personaje que, como empresario, miembro, hasta ha sido directivo, de Fedecámaras, en el cual me dijo, "he manifestado mi preocupación por el impacto negativo de la bonificación del salario, especialmente en lo relativo a liquidaciones de prestaciones sociales, vacaciones y utilidades. Estas posiciones han sido discutidas en el Ministerio para el proceso social del trabajo, ante las diferentes centrales sindicales".

Por lo menos, siendo lo que es Roig, deja constancia de su preocupación. Pero agregó algo que, es como la "piedra de tranca en todo esto"; pues me señaló que "la Ley del Trabajo, considero importante destacar que, fue aprobada sin una discusión real entre trabajadores y empleadores, y constituye una herencia del presidente Chávez. Esto ha dificultado el reconocimiento de su inutilidad en los momentos actuales, especialmente en tiempos de sanciones y de inflación. La ley, en su forma actual, resulta inaplicable y perjudicial para todos los actores sociales".

Se trata, como sabemos, que la Ley del Trabajo vigente, establece que, las prestaciones sociales se pagan por el último salario y, en este momento, pensando en las devaluaciones habidas, para los empleadores sería desventajoso su aplicación, cuando haya que cancelarlas. Tanto que alegan que eso les acumularía un pesado pasivo o deuda. Pero también es verdad, que el pago de ellas, partiendo de lo salarial, prevista en Ley, dado que los bonos no entran en el salario, en nada beneficia a los trabajadores.

De modo que, el "Síndrome de Estocolmo", derivado de la acción conspiradora y violenta de la oposición que, dados los daños hechos a la economía, llevó a Fedecámaras a aliarse con el gobierno, implicó también un malestar para los trabajadores, por la imposición de la bonificación y congelación de los contratos de trabajo. Y esto, también, como un Síndrome de Estocolmo, afecta el consumo, crecimiento económico y en consecuencia a Fedecámaras. Por eso, a Jorge Roig y al ente empresarial, les preocupa "el impacto negativo de la bonificación del salario".

Para el empresariado, como dijo Roig, "La discusión sobre una eventual reforma de la ley del trabajo es un tema pendiente y debe abordarse de manera desapasionada y despartidizada".

Imagino que quiso decir, sin darle a esa discusión carácter político, electoral o que hay que desvincularla de lo hecho y pensado por Chávez. Y me dijo además "Desde nuestro espacio, hemos propuesto una Ley de Emergencia Laboral que permita cancelar mayores salarios sin implicaciones en las prestaciones sociales por un tiempo limitado y de manera opcional para el trabajador".

Es decir, según él, no hay inconvenientes en aumentar salarios, con incidencia en vacaciones y aguinaldos, dado que sólo habla "sin implicaciones en las prestaciones sociales".

Y terminó diciéndome, "La solución de fondo pasa por la continuación de los diálogos sociales que promueve la OIT, convencidos de que ese es el espacio adecuado para discutir este importante problema y buscar consensos que beneficien a todos".

Es decir, la política salarial o mejor la bonificación, es resultante de un acuerdo entre Fedecámaras y el gobierno, hasta con la intermediación de la OIT, como he dicho tantas veces, determinado por el artículo relativo a la cancelación de las prestaciones sociales. Un síndrome de Estocolmo, dado que el gobierno alega, por intermedio de sus voceros en esa área, tal como señalan los monetaristas, que el volumen de circulación monetaria dado esos aumentos salariales, generarían inflación, pese ese volumen también es impactado por el pago de los bonos. Porque en verdad, la razón fundamental, está en lo relativo a la Ley del Trabajo, particularmente en lo que concierne a prestaciones.

Pero si sacamos cuenta que, a un trabajador a quien hoy haya que cancelar sus prestaciones sociales, se calcularán de acuerdo al salario y este, el mínimo, es apenas de 130 Bs. mensuales, lo equivalente a menos de ½ dólar mensual. Por lo que, por eso sería muy poco lo a desembolsar por el empleador. De donde, uno concluye que, la vigente Ley del Trabajo, de hecho, por anulada, suspendida o congelada, de manera como infinita, en nada favorece a los trabajadores.

Pero este "Síndrome de Estocolmo" salarial, no termina en los factores antes señalados. Veamos como, quienes argumentan lo del aumento del torrente circulatorio monetario, pasan por alto, subestimándonos, que el pago de los bonos, hasta indexado al precio del dólar, también produce el mismo efecto. Pues no es, como se cansaron de decirlo Pascualina Curcio, Tony Boza, Andrés Giussepe y Juan Carlos Valdez, esa la razón de la congelación del salario y los contratos de trabajo, sino la Ley del Trabajo y, particularmente, lo relativo a las prestaciones sociales a ser pagadas por el último salario.

Es verdad que, la vigente ley del trabajo, promulgada en tiempos de Chávez, por una AN, donde hubo mucha gente que hoy no está con este gobierno, pero votó por ella, recogió lo que se desechó o eliminó en los tiempos de Caldera, en lo que Teodoro Petkof tuvo relevancia y casi "le costó el pescuezo". ¿Pero cómo ya dije, estando en vigencia, pero sin efecto alguno, qué cuesta modificarla, con espíritu transitorio, a cambio recomponer el salario, como que los bonos se "salaricen" y todo eso tenga efecto en las prestaciones sociales, vacaciones y aguinaldos?

En lo que habría que tener cuidado, es que las partes que se acuerden, como gobierno, factores sindicales y empresarios, cumplan lo prometido y lo estampado en los acuerdos. Porque es obvio que, en aquel tiempo, Fedecámaras particularmente, no fue consecuente con el espíritu de lo acordado y por ella prometido.

Pero en todo lo dicho, no se acaba lo del "Síndrome de Estocolmo salarial". Pese este acuerdo puso en sintonía a Fedecámaras con el gobierno, pues el ente empresarial se distanció de la oposición extremista, esta nada dice sobre ese asunto. Para ella, su alta dirigencia, la que determina su política, ese problema, el salarial, no existe. En el discurso de los máximos exponentes de esa oposición no aparece la palabra salario. Sólo de eso hablan militantes de muy bajo nivel que, por serlo, no tienen ni tendrán ninguna incidencia en las gestiones de esa tendencia.

Por todo lo anterior y dado los rasgos de la actual coyuntura, ante la agresiva política o "diplomacia guerrera y secuestradora, intimidante" de Trump, además de cosas de las cuales ya he hablado, como la formación de un frente gubernamental, integrado por los patriotas todos, anti injerencistas, también es de urgencia un acuerdo, aunque "transitorio", entre el gobierno y Fedecámaras, en materia salarial.

¿Si se ha llegado a límites antes nunca pensados, como quitarles valor a los contratos de trabajo, congelación salarial a límites inimaginables antes, contraviniendo con ello la tradición de las luchas populares y de los trabajadores, por qué no llegar a un acuerdo transitorio en materia salarial, de manera que los bonos se "salaricen", indexados como ahora lo están y se opte por volver a la práctica, si progresista de discutir los contratos de trabajo como demanda la ley?

¿Por qué no llegamos a concretar un "síndrome de Estocolmo" de esta naturaleza, para dejar a quien sea pertinente con los crespos hechos?

Es hora de despojarse de los dogmas y asumir la realidad, portándose realista y ágil, tal como es el movimiento.

*Se refiere a una canción titulada "Sabrá Dios", interpretada por Lucho Gatica.

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