Doctrina Monroe: esclavitud y onanismo

Lunes, 12/01/2026 11:15 AM

"Todo lo que deba ser hecho será efectivizado, sin espacio para la comprobación cierta de nada" (Epílogo de mi libro "El Pedestal Vacío, 1994, Ed. Catari).

Cuándo la realidad se convierte en una obsesión, produce una pérdida de identidad, no ignoremos que la sensibilidad exige distancia (un extrañamiento de la realidad cotidiana), pues la ley de la realidad se asemeja a la ley de la gravedad: ambas son ineludibles, universales y particulares.

Lo humano tiene que ver precisamente con ese espacio de tensión dinámica entre adaptarse y autoorganizarse, entre acatar o delinquir. La obsesión por la realidad no garantiza en absoluto mayor realismo en esta era de la amabilidad cual subterfugio de la indiferencia generalizada, como tampoco mayor realismo garantizara una justa valoración de la realidad.

Y la total despreocupación tampoco es justamente un signo de irrealidad, con la historia eliminada, día tras día... Y sin historia, no hay libertad. Sin matices, no hay soluciones que duren.

En tiempos donde todo se empuja hacia el blanco y negro, pensar con matices no es tibieza: es responsabilidad. Sostener la complejidad no es confusión: es coherencia. Cuando el activismo se vuelve identidad (cuando deja de invitar a pensar y empieza a exigir alineación), la bondad corre el riesgo de endurecerse y perder su capacidad transformadora.

Permanecemos en el milenio de la indiferencia, de los actos de amabilidad hipócrita, al servicio de la voluntad de perder y diluir la tonalidad de los acontecimientos que se suceden, siempre al margen de la voluntad de los pueblos que experimentan una transfusión de incertidumbre y sobrevida.

Revelar, comunicando la inmundicia en que se debate una humanidad domesticada, que soporta lo insoportable, en nombre de ningún sentido, una humanidad que ha dejado de ser destino… Nauseosa docilidad de la humanidad recluida en sus ghettos, ignorando la existencia del otro, experimentado una "fake life": vida falsa, instancia planificada a gusto y piacere de los poderes opresivos del planeta…

Nos queda el lenguaje, anunciarán quienes desde espacios de confort pontifican vacuidades, cuál componente de la historia que ya no se escribe, pero cuando se desplaza por la confusión en que medios y redes sociales narran el presente sin sentido, el vacío de significados provoca una pérdida de la vigencia de lo "real" para, de ese modo, dejar el pensamiento humano librado a una suerte de ser un eterno paria de lo que jamás aconteció.

Un mundo sin soberanía implica una redefinición del poder, donde naciones o pueblos pierden su autoridad suprema para autogobernarse, enfrentando desafíos como la pérdida de control sobre sus recursos, leyes y decisiones políticas frente a poderes globales (corporaciones, entidades supranacionales) o la fragmentación interna, una idea que se debate hoy en torno a la globalización, la tecnología y la necesidad de defender la independencia económica y social. No es una ausencia total, sino una lucha constante por la soberanía en nuevos dominios: digital, económico, cultural, y ambiental, más allá de lo militar.

¿Cómo se manifiesta la pérdida de soberanía hoy?

Control Global: unos pocos actores (económicos o políticos) toman decisiones que afectan a muchos, diluyendo la voz de los ciudadanos y estados.

Dependencia Económica: no tener libertad para dictar políticas económicas propias, quedando a merced de mercados internacionales o instituciones financieras.

Amenazas Digitales: la falta de control sobre la información y la infraestructura digital, clave para la seguridad y la autonomía nacional.

Desafíos Ambientales: la incapacidad de proteger recursos naturales estratégicos (agua, tierra) si no hay un Estado fuerte para regularlos.

El Debate Actual: soberanía en el Siglo XXI

Defensa de la Nación: líderes y movimientos argumentan que la soberanía se defiende fortaleciendo la economía, la industria y el bienestar social, no solo el ejército, para que la gente se sienta representada y el país sea fuerte.

Nuevos Campos de Batalla: la lucha por la soberanía se da en la educación, la salud, la cultura y la tecnología, no solo en fronteras físicas.

Soberanía Colectiva: la idea de que la soberanía no es solo del Estado, sino del pueblo organizado, que debe defender sus derechos y no dejar a nadie atrás, construyendo una comunidad unida.

En 2026, el concepto tradicional de soberanía estatal enfrenta una erosión sin precedentes debido a la convergencia de tecnologías disruptivas, crisis de gobernanza y nuevas dinámicas geopolíticas.

Desafíos a la Soberanía en 2026

Soberanía Tecnológica y de Datos: el control de las naciones sobre sus propios ciudadanos se ve desafiado por la IA agente y la infraestructura de datos centralizada por grandes corporaciones tecnológicas. La "nube soberana" se ha convertido en un objetivo estratégico para recuperar el control sobre la información nacional.

Intervencionismo y Seguridad: los eventos recientes, como las acciones militares en Venezuela a principios de enero de 2026, marcan una nueva era de intervenciones que desafían la autodeterminación territorial en la región.

Juicios Internacionales y Economía: estados como Argentina enfrentan "bombas de tiempo" en tribunales internacionales que comprometen su soberanía económica, con pasivos judiciales que superan los 30,000 millones de dólares y limitan la toma de decisiones presupuestarias.

El Surgimiento de un "Nuevo Orden"

Gobernanza Global: se observa una paradoja donde la globalización económica dificulta mantener simultáneamente la democracia y la determinación nacional.

Resistencia y Nuevos Liderazgos: para 2026, se anticipa un año de combate por la "verdadera democracia", frente a lo que algunos sectores consideran el despojo de la soberanía nacional por parte de élites financieras y modelos de negocios transnacionales.

Interdependencia Radical: expertos señalan que la soberanía hoy debe adecuarse a un mundo interdependiente, donde el aislamiento ("vivir con lo nuestro") se asocia con el estancamiento económico.

Este "mundo nuevo" se caracteriza por un desplazamiento del poder desde las fronteras geográficas hacia las redes digitales y financieras, donde la soberanía ya no es absoluta sino una negociación constante entre estados, organismos internacionales y gigantes tecnológicos.

En resumen, un mundo "donde la soberanía no existe" es un concepto que describe la erosión del poder nacional, enfrentando utópicamente, la necesidad de redefinir qué significa ser un país autónomo en una era globalizada, que pretende defender la soberanía en múltiples frentes, para asegurar el bienestar de sus ciudadanos en estado paria y disfrutando de su miseria intelectual y carencia de identidad.

Nota leída aproximadamente 188 veces.

Las noticias más leídas: