Las decisiones de pocos y las desdichas de muchos

Sábado, 03/01/2026 01:38 AM

Es sorprendente como las medidas que tome un individuo, que podía ser el jefe de un klan, un rey, un papa, un emperador, un dictador o un presidente, o de unos pocos, como un triunvirato, un congreso, un parlamento, una corporación o una asociación puede influir en la vida de muchas personas y en el detrimento del medio ambiente. Por desgracia este parece ser el destino o el futuro del planeta porque, por lo general, tales decisiones no son para el beneficio de una mayoría, sino para el privilegio de un sujeto o de una caterva de ambiciosos.

Los libros de historia nos revelan que el mundo fue estructurado por los malos, porque estos saben hacer el bien el mal, en cambio los buenos nunca se han puesto de acuerdo para hacer eficazmente el bien. Es por esto que los malos logran almacenar grandes fortunas a costa de los tontos que se lo permiten.

El ejemplo más palpable y más evidente de todo lo anterior son las religiones, cualquiera que se escoja. Un individuo que se autoproclamó profeta, o enviado o hijo de Dios por alguna extraña razón es aceptado por un conglomerado. Al lado de este "elegido" se reúnen otro grupo de personas quienes con el tiempo se denominarán apóstoles o discípulos del augur y de seguido elaboran una doctrina. En el futuro este dogma se convertirá en un libro sagrado, por lo general un cúmulo de mentiras, o "la palabra de Dios" que será recopilado en La Biblia, o El Corán, o La Torá, o el Tripitaka, o el Avesta, o los Vedas… Ya con esto se tiene armado el tinglado para convencer a un prójimo de las bondades de dicha fe, no sin antes asegurarle premio al feligrés, si cumple con los preceptos, como el cielo, la ataraxia, el paraíso, svarga, el nirvana, yanna para el alma del difunto y si no cumple con los cánones, el castigo eterno como el infierno, el averno, naraka, yahannam como parte del fundamento de la secta.

Algo extraño, que a pesar de que todas esas religiones nos reseñan en sus libros sagrados las bondades de Dios y lo piadoso del ser Divino, los jerarcas de dichas religiones han llevado a los feligreses a las más cruentas guerras que conoce la historia de la humanidad. En verdad, la decisión tomada por los jerarcas (papas, obispos, pastores…) de las iglesias, durante siglos, no tienen motivaciones religiosas sino por el control del poder y del dinero. Durante la Edad Media, cuando la Iglesia Católica Romana ejercía un dominio omnímodo sobre casi todo el planeta, condujo acciones como las Cruzadas y la Inquisición. Estas sombrías actividades fueron responsables de miles de muertes. Sin dejar de lado las frecuentes beligerancias entre católicos y protestantes que duraron, en algunas oportunidades, más de un siglo. Fueron tales medidas, como consecuencias de las ambiciones pecuniarias de los jerarcas de la iglesia, las promotoras de las desgracias de miles y miles de seres humanos que no tenían nada que ver con la codicia de los papas y pastores.

El modelo anterior se mantuvo, no solo por las motivaciones vinculadas a la codicia y apetitos de los jerarcas de las iglesias, también estas se vieron reflejadas en vida civil durante las monarquías y los imperios que por siglos dominaron el mapa europeo y asiático. Las decisiones u órdenes de un rey o de un emperador, tal como las de un papa o un obispo, eran indiscutibles y debían cumplirse sin discusión alguna. Si algunos de estos decretaban una guerra contra otro reino o imperio, arrastraban consigo a miles de súbditos que no tenían nada que ver con los apetitos de los monarcas o soberanos representantes de dios en la Tierra.

Imposible dejar de lado la conquista, colonización, genocidio, destrucción de las culturas de los pueblos originarios del mal llamado Nuevo Mundo. Como es sabido el arribo a estas tierras de los codiciosos, asentados en de los reinos de Aragón y Castilla en siglo XV, se produjo como corolario de un contrato entre Cristóbal Colón con los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, con algunos comerciantes financistas del proyecto y también con la Iglesia Católica Apostólica Romana, con la condición que la riqueza sustraídas de las tierras "descubierta o por descubrir" debían ser repartidas entre los firmantes de la transacción. Como lo registra la historia, el genocidio de los habitantes de los territorios ocupados desde época precolombinas y el arrase de culturas antiquísimas arraigadas en estos parajes fueron consumados sin contemplación alguna, consecuencia de las decisiones de un grupo de avaros que aspiraban, tal como lo hicieron, acrecentar sus fortunas. Esto les costó a los habitantes de los pueblos originarios millones de muertos y el desarraigo de su cultura original con un nuevo idioma, una religión distinta a la de sus ancestros, una forma de vestir y de alimentarse diferente, todo esto impuestos a sangre sudor y lágrimas.

Con el tiempo el poder de la Iglesia Católica Romana se fue desvaneciendo, así mismo, muchas de las monarquías desaparecieron del mapa europeo y del asiático, de esta manera los absolutismos se convirtieron en parte de las lecturas de los libros de historia. Surgen, como secuela de lo anterior, en los siglos XIX y parte del XX las llamadas repúblicas. Ya los siervos y los súbditos dejaron de pelear por sus amos feudales, brotan las llamadas naciones o patrias y junto a estas, el nacionalismo, la autodeterminación y paralelo a esto los llamados soldados. Son a estos jóvenes los que utilizarán los amos del poder para defender la patria, es decir, la carne de cañón propicia para preservar y acrecentar los intereses de unas élites enquistadas en los gobiernos, ahora llamados democráticos.

Los ejemplos sobre el tema de este artículo son abundantes, por ejemplo, es el caso del que he reseñado en artículos anteriores. Se trata de la conferencia de Berlín (1885), en dicho cenáculo 14 países, principalmente las potencias europeas, Alemania, Reino Unido, Francia, Portugal, España, Italia, Estados Unidos, entre otros, decidieron repartirse el continente africano, es decir robarse tanto la tierra como las riquezas cumuladas en el sueleo y el subsuelo, así mismo la esclavización y explotación de los moradores en estos territorios. Para mejor comprensión del asunto, aquellos representantes de 14 naciones resolvieron robar 30.272.922 km cuadrados (superficie de África), teniendo presente que el área total de Europa (sin Rusia) es de 10.500.000 km cuadrados. La decisión de la ocupación y el robo de África por parte de los países europeos le costó a los sometidos más de 50.000.000 de muertos. El genocidio como práctica generalizada de los europeos.

Son los malos quienes deciden sobre la marcha del mundo, sobre quién tiene la desgracia de morir y quien tiene el derecho a vivir sobre los restantes escombros. Es caso de la Primera Guerra Mundial (1914), cuando el imperio austrohúngaro, el imperio ruso, el imperio alemán, Francia, el Reino Unido e Irlanda y Serbia decidieron enfrentarse en una conflagración bélica para resolver problemas económicos y territoriales de estos países, luego fueron incorporándose otros países a este Armagedón que convirtió en un verdadero infierno a una parte del planeta Tierra. Resultado de la decisión tomadas por unos pocos intransigentes: 40.000.000 de muertos entre civiles y militares y numerosas ciudades destruidas.

A pesar de todas las desgracias ocasionadas por las guerras los humanos no aprenden y la Primera Guerra Mundial le abrió las puertas a la Segunda Guerra Mundial. Ante la pérdida de la conflagración por parte de Alemania los países aliados o la entente, éstos aspiraban que el pueblo germano cargara con el costo de los gastos de la guerra y para esto concibieron sellar un pacto en el infausto tratado de Versalles, el cual fue algo denigrante y humillante para el país vencido. Este tratado fue discutido solo por tres personas: el representante de EEUU, el de Francia y el del Reino Unido. A pesar de las voces que anunciaban que dicho convenio traería en el futuro graves conciencias (tal como ocurrió), dichas voces no fueron escuchadas y el 1939 se inicia la Segunda Guerra Mundial. Como resultado de esta errónea decisión acontecieron lúgubres desgracias, como fue la muerte de casi 80.000.000 de personas que representaba el 3 % de la población mundial, además, de cientos de ciudades completamente destruidas. Así mismo, se dio inicio a la era atómica con el uso de bombas nucleares contra una población civil por parte de EEUU. Como se ve, el desafortunado fallo de tres personas se convirtió en una tragedia planetaria de gran magnitud.

Las estadísticas de las guerras siempre son lamentables, estas, por lo general fueron concebidas y llevadas a cabo por convenios o tratados desacertados donde participaron pocos "diplomáticos". De igual manera ocurre con los contratos o acuerdos entre empresarios para la explotación de recursos naturales, tales actividades, por lo general destruyen el medio ambiente y solo sirven para el beneficio de los dueños de las empresas.

Actualmente la humanidad está amenazada porque parece que el genocidio, el racismo y las invasiones, se están utilizando como mecanismos normales para dirimir los problemas entre los gobiernos, en menoscabo de poblaciones enteras y de determinados gentilicios. Genocidas como Netanyahu y sus cómplices como el gordinflón Donald, los presidentes y primeros ministros de la UE suministran armas letales para acabar con los palestinos y el prójimo permanece imperturbable ante las arremetidas y atrocidades cometidas por este criminal. Es notable como el presidente de EEUU embiste contra poblaciones indefensas por diversas vías, tal como las medidas coercitivas ilegales, persecución de migrantes, bloqueos del mar y del aire que impide el comercio con Venezuela que ocasiona graves problemas de la calidad de vida de 30 millones de venezolanos, de igual modo, del robo de tanqueros lleno de crudo pertenecientes a los hijos de Simón. Así mismo, el ególatra Trump bombardea a pueblos como Yemen, Nigeria, Irán sin ningún recato, a lo que se debe agregar la destrucción lanchas en el Caribe y el Pacífico con un saldo de más de un centenar de pescadores muertos. Esto sin presentar pruebas de algún delito cometido por los tripulantes de las naves, ni tampoco la recuperación de una bolsa con drogas. Ante este panorama la comunidad internacional permanece impertérrita, casi como cómplices, ante las irreflexivas y absurdas decisiones de un ser que se cree el dictador del mundo, tales disposiciones pueden arrastrar al planeta hacia la Tercera Guerra Mundial, tal como lo hicieron los firmantes del tratado de Versalles y el demente genocida Hitler. Por todo lo anterior voy hacer mía las palabras del activista español Pablo Hasél: "Para EEUU todo aquel que se oponga a su genocidio imperialista para los billonarios de siempre es o terrorista o antidemocrático o dictador". Lee que algo queda.

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