Antes que sea demasiado tarde

Miércoles, 02/11/2022 10:39 AM

"En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su madre

corre el peligro de ser sentenciado a muerte"

Albert Camus

La frase fue utilizada por el autor de origen Franco-argelino, para presentar su novela El Extranjero (1942) con la cual se dio a conocer en el Mundo de las letras. Algunos exégetas de su obra señalan que el título se debe a que, etimológicamente, "extranjero" deriva del francés antiguo "estrangier y del latín extraneus, que significan extraño. En tal sentido, todo aquel no actúe como el común de la gente, que no se ciñe a lo que la sociedad considera correcto o verdad, corre el riesgo de ser condenado por extraño a la condición humana.

Así las cosas, Meursault, personaje principal de la novela, termina siendo condenado, porque durante el juicio al cual es sometido, decide no mentir, ser él y, con ello, no amoldarse a lo que socialmente se considera correcto. El acusado, contrario a lo que todos esperaban, no lloró y tampoco mostró reacciones propias de quien está de duelo, más aún cuando la persona fallecida, es la madre. Tamaña aparente "falta de sensibilidad" es lo que determina su condena y no el crimen cometido ni las implicaciones del mismo.

Traigo este referente literario, para introducir el tema que hoy ocupa mi atención. Probablemente mi postura, las motivaciones que me inquietan y llevan a escribir esta semana, terminen mereciendo la condena de quienes, sin darse cuenta, opinan desde un lugar común, desde ese espacio en el que todas y todos consideran correcto, aceptable; y por lo tanto no toleran o sencillamente repudian la posibilidad de que alguien se ubique fuera de él o se atreva a considerar otra visión de las cosas.

Iniciamos la semana con el horrendo crimen perpetuado contra una niña de apenas 5 años, en el sector Tronconero del municipio Guacara del estado Carabobo. La noticia ha conmocionado al país y las reacciones frente a la misma han traspasado las fronteras nacionales. Como suele ocurrir en estos casos, lo atroz del crimen generó la condena inmediata y generalizada de la población. No ha faltado cualquier tipo de calificativos para señalar a quien aparece como principal victimario, el hermanastro de la víctima.

Ya dice un viejo refrán de autor desconocido: "Cuando las masas ejercen la justicia, suelen ser más crueles que los tiranos". Pero en este caso no se trata de una reacción por parte de la gente, aparentemente cruel y sin justificación. La misma responde a la magnitud del hecho ocurrido, que vela la capacidad de pensar y dirimir atendiendo a todas las variables implícitas. Y como toda reacción, carece de la reflexión previa que caracteriza a una acción.

Las acciones se piensan, las reacciones no. Tal vez por eso, antes de emitir un juicio (repito, plenamente justificado) pocos se detuvieron a ver el rostro del muchacho de 14 años, capturado y señalado como el autor material del crimen. Cuando vi en la prensa la fotografía de aquel rostro que refleja a una persona que, pareciera no tener la más mínima idea de la situación en la que se encuentra; cuando noté su estado de indefensión, su vista perdida; cuando vi el clamor desesperado de una madre que le ruega que se entregue, tal vez temerosa de que se lo linchen; no pude evitar preguntarme ¿Qué nos pasa? ¿cómo es posible que esto ocurra? Un amigo cercano al ver al victimario, expresó: "doble tragedia".

La niña, el hermanastro, un padrastro por un lado y padre por el otro; dos mujeres; si, dos madres desgarradas por un mismo hecho en el que los protagonistas son su prole. Una vez más la mujer en el centro del debate, en el banquillo de las acusadas. Las madres del victimario y de la víctima (también mujer) apuñaladas por el mismo dolor, condenadas por el mismo jurado, ambas rumbo al cadalso. ¿y los padres? Entiéndase, los varones, los papás. ¿Y el Estado? ¿Y nosotros? Tú, yo, todos y todas… ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estamos ahora? Porque, de hecho, esto ocurrió y está ocurriendo de nuevo en este mismo momento mientras escribo. Podemos capturar a mil victimarios y condenarlos, pero seguirá ocurriendo si no vamos a la raíz del asunto, si no comenzamos a preguntarnos qué podemos hacer para evitar que cosas como estas se repitan.

Pero lo que debe discutirse es incómodo. - ¿Vas a seguir con el bendito machaque del patriarcado y el machismo? -De eso no se quiere hablar - ¡Por Dios! ¿Qué tiene que ver la letra y contenido de canciones que incitan a la perversión sexual y lesionan la integridad de nuestros niños y niñas? - De eso no se puede hablar- ¡Ahora resulta que yo hipersexualizo a mis hijos! ¡Con mis hijos no te metas! De eso no me hablen. Sin darnos cuenta, tal vez, caemos en una actitud de doble racero, doble moral, sin detenernos a pensar hasta qué punto formo parte de este círculo vicioso, que nos está conduciendo a una decadencia cultural y social que nos pone en peligro permanente.

Resulta más placentero y menos riesgoso, no parecerse a Meursault, el personaje de Camus. Para qué asumir, no mentir, para qué correr el riesgo de atreverme a cuestionar nuestra conducta, nuestro accionar. Para qué criticar lo que todos ven como correcto; es mucho más fácil hacer lo que hacemos todos y todas.

Sin pretender ser mejor que nadie, más bien asumiendo mis carencias y la parte de responsabilidad que me toca, hoy quiero atreverme a no decir lo mismo que todos, quiero comportarme como un "extraño", un "extranjero". Quiero pedir que fijemos la atención más allá del fenómeno. Quiero preguntarme cómo pudimos generar un homicida, un feminicida de tal magnitud, en tan solo 14 años. Algo está mal mi gente. Que el martirio de Franyelis no sea en vano y se convierta en la bofetada que nos despierte, antes que sea demasiado tarde.

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