La Iglesia y el laberinto electoral (II)
Por: Marciano
Viernes, 03/03/2006 07:45 AM
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*CHÁVEZ es impredecible, pero todo cuanto hace lo trabaja, lo medita y aguarda el momento para llevarlo a la práctica. Aplica a la política lo que aprendió en la Fuerza Armada y viceversa. Sabe que la política lo es todo; y que la política implica olfato, serenidad en el momento de actuar, conocimientos y estudio del adversario.
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*MIENTRAS LOS enemigos de Chávez nunca han indagado lo que éste es; mientras por pereza intelectual o deformación política tan sólo se limitan a despreciar a Chávez, a desestimarlo con criterios elitistas, el presidente hace todo lo contrario: mide a cada uno de sus enemigos de arriba a abajo, les conoce sus mañas, los defectos y virtudes, intenciones y propósitos. A nadie desprecia Chávez. Algunos colaboradores suelen comentar sobre sus dogmas políticos: a) "no hay enemigo pequeño", y b) "el juego no termina sino con el último out", que nunca olvida. Tiene claridad acerca del momento en el que debe circular una iniciativa, cuando debe lanzar una propuesta para desestabilizar al adversario o, simplemente, para aproximarlo y neutralizarlo.
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*SI EL país contara con una oposición cerebral y no biliar, capaz de hacer política racional -política de verdad-, que dejara la conspiradera y renunciara a creer en pajaritos preñados, seguramente podría distinguir cuándo Chávez lanza un pote de humo o cuándo hace una propuesta seria; cuándo mama gallo y cuándo no; hacia dónde se dispone a ir o si toma un rumbo diferente. Pero la oposición lo que hace es arrecharse y, por consiguiente, pierde los estribos. Se le nubla la capacidad de razonar y pone la torta. Mientras Chávez, a distancia, observa y se muere de risa.