La Iglesia y el laberinto electoral (II)

Viernes, 03/03/2006 07:45 AM

*LO CONFIESO: gozo una bola con las cosas de Chávez. Y gozo porque no he perdido, por suerte, el humor. Un presidente desenfadado, distendido, jodedor, es una delicia. Un presidente vacilador, que saca de quicio a una oposición sin gracia, es un espectáculo gratificante. Un Jefe de Estado que le mama gallo al oponente, que se burla del imperio y de todos los poderes fácticos, es una bendición. Al menos para mí, y estoy seguro que para la mayoría de los venezolanos. Quienes tuvimos que calarnos a un Rómulo Betancourt retrechero, altanero, que incluso humillaba a sus compañeros de partido y de gobierno; a un Rafael Caldera momificado, estatuario, cargado de odios, siempre con un lápiz y una libreta a mano para anotar el nombre de aquellos que lo criticaban y pasarles el recibo; a un Carlos Andrés Pérez más falso que saludo de alcabala, insoportablemente poseído de una sabiduría de utilería; a Lusinchi y a Herrera Campíns, que pretendieron asociarse a la mayestática hueca del poder para subsanar sus carencias como dirigentes, realmente que el estilo de gobernar de Hugo Chávez es un bálsamo. Sus enemigos jamás lo admitirán -sería el colmo que lo hicieran-, pero es así. Y en ese detalle reside, en parte, el amplio respaldo popular que hoy tiene.

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*CHÁVEZ es impredecible, pero todo cuanto hace lo trabaja, lo medita y aguarda el momento para llevarlo a la práctica. Aplica a la política lo que aprendió en la Fuerza Armada y viceversa. Sabe que la política lo es todo; y que la política implica olfato, serenidad en el momento de actuar, conocimientos y estudio del adversario.

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*MIENTRAS LOS enemigos de Chávez nunca han indagado lo que éste es; mientras por pereza intelectual o deformación política tan sólo se limitan a despreciar a Chávez, a desestimarlo con criterios elitistas, el presidente hace todo lo contrario: mide a cada uno de sus enemigos de arriba a abajo, les conoce sus mañas, los defectos y virtudes, intenciones y propósitos. A nadie desprecia Chávez. Algunos colaboradores suelen comentar sobre sus dogmas políticos: a) "no hay enemigo pequeño", y b) "el juego no termina sino con el último out", que nunca olvida. Tiene claridad acerca del momento en el que debe circular una iniciativa, cuando debe lanzar una propuesta para desestabilizar al adversario o, simplemente, para aproximarlo y neutralizarlo.

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*SI EL país contara con una oposición cerebral y no biliar, capaz de hacer política racional -política de verdad-, que dejara la conspiradera y renunciara a creer en pajaritos preñados, seguramente podría distinguir cuándo Chávez lanza un pote de humo o cuándo hace una propuesta seria; cuándo mama gallo y cuándo no; hacia dónde se dispone a ir o si toma un rumbo diferente. Pero la oposición lo que hace es arrecharse y, por consiguiente, pierde los estribos. Se le nubla la capacidad de razonar y pone la torta. Mientras Chávez, a distancia, observa y se muere de risa.

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