Andrés Giussepe: ¡No dudo que hay que subir el salario ya! (II)

El economista Andrés Giussepe.

El economista Andrés Giussepe.

Credito: Contrapunto

26 de noviembre de 2021.- Esta es la continuación de una entrevista realizada a Andrés Giussepe por Ciudad Caracas.

¿ES POSIBLE CON EL ACTUAL INGRESO FISCAL Y EL LEVE PERO SOSTENIDO CRECIMIENTO ECONÓMICO SE PODRÍA INCREMENTAR EL SALARIO MÍNIMO INTEGRAL DE LOS TRABAJADORES?

Actualmente en Venezuela sigue ese debate entre intelectuales chavistas y no chavistas sobre el nivel del salario, debido a la continua pérdida del poder adquisitivo que sufren los ingresos de los trabajadores y trabajadoras como consecuencia de la inflación inducida generada por la especulación en el mercado de bienes y servicios y los vaivenes del dólar paralelo, aunado a la política del Banco Central de Venezuela de permitir que el dólar oficial (interbancario) se ajuste hacia arriba cada cierto tiempo, algo que extrañamente ocurre al ritmo que lo impone el dólar paralelo (esquizofrenia cambiaria).

El reto aún pendiente por resolver por el Gobierno Revolucionario es el incremenor el salario mínimo a un valor que alcance por lo menos el nivel mínimo de subsistencia que establece el Banco Mundial, de 1,9 dólares diarios (57 dólares al mes).

¡No dudo que hay que subir el salario ya! No sé, considero que la mayoría de la población venezolana ha venido buscado sus propios medios para sobrevivir sin la necesidad de depender de la asistencia gubernamental ni esperando el incremento salarial. De hecho, en la actualidad hay dos mercados laborales: uno que gana en dólares (sector privado) y otro que gana en bolívares (administración pública). En el primero, un trabajador puede ganar como mínimo 40 dólares mensuales, mientras que en el sector público se referencia por un salario mínimo integral estimado alrededor de los 4 dólares mensuales. Esa distorsión hay que corregirla.

Los pronósticos de cierre del 2021 para Venezuela indican un crecimiento económico, a pesar de la pandemia, del bloqueo, de las medidas coercitivas unilaterales y la persecución financiera por parte del Imperio del Norte. Creo que el Gobierno encontró un camino para dinamizar la economía, luego de 9 años de guerra económica. Pareciera que se encontró una fórmula económica para motivar las inversiones, el emprendimiento, para superar las expectativas negativas y para incrementar la producción.

Que una firma inglesa de inteligencia financiera, el Grupo EMFI, pronostique un crecimiento del 6,2% en la economía venezolana para el 2021, y que Credit Suisse, otra analista financiera, la estime en 5,5%, a dos meses de finalizar el año, indica que el resto del mundo comienza a vernos con otros ojos, con potencialidades y la capacidad de superar las dificultades políticas y económicas inducidas por intereses imperiales.

Que el producto interno bruto, luego de ocho años de caída comience a aumentar sin la necesidad del apalancamiento tradicional de los ingresos petroleros (Pdvsa aún sin mostrar una reactivación progresiva), significa que la economía postpetrolera se está desarrollando sigilosamente.

Que la inflación acumulada a septiembre sea apenas de 208,9%, y que en el mes de septiembre de 2021 haya sido apenas del 7,1%, en comparación con la del año 2020 que fue del 17,9%, indica que la tendencia hiperinflacionaria ya desapareció y que la curva de inflación ya no es exponencial como lo era hace un año atrás, viene descendiendo continuamente.

Creo estamos en buenas condiciones para hacer ajustes en las fuentes de financiamiento del gasto público para poder devolverle al trabajador público un salario justo. Buscar estrategias más eficientes de recaudación fiscal que garanticen ingresos extraordinarios para pagarles más a los empleados públicos, más allá de seguir esperando a que aumenten los ingresos petroleros como lo sugieren algunos economistas del lado del Geconómica

Poco a poco debemos ir avanzando hasta llegar a comenzar a devolverles a los trabajadores los niveles de ingresos de hace 8 años atrás, para que decida junto a su familia qué consumir, en qué gastar su dinero, en vez que el Estado le siga suministrando combos de alimentos preestablecidos, electricidad y agua casi que regaladas, entre otros servicios que el Estado ha asumido forzados por la guerra económica.



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