Ruralidades

tragedias en semana mayor

No olvidaremos la de Barcelona y la de Naricual. Pero para medir “importancia” empezaremos con las más conocidas, por más informadas universalmente, dada su magnitud por sucedidas en la capital de nuestro país Venezuela. La del terremoto de 1812, por “castigo de Dios” a los luchadores por la independencia. Primer embuste conocido de parte de la jerarquía eclesiástica, cuando todavía no habían sacerdotes que dijeran la verdad de Jesucristo socialista. La otra más reciente, la de la Iglesia Santa Teresa, la del limonero de “San Pablo”. También en Caracas, por “culpa” de un desprevenido devoto que quiso pagar una promesa con una vela encendida frente al mismo santo de su devoción. (Muerto no habla)

Siempre, y en ambos casos, el dedo acusador de esa misma jerarquía, enquistada en la iglesia del Redentor, a partir del momento que mataron a Pedro por el cerco del criminal Domiclo Nerón, a finales de los 60 del siglo I, todavía ensangrentada la corona de espinas con la que hicieron derramar la sangre divina del Redentor para que se nublaran sus ojos, inutilizadas sus manos, para que no viera por última vez la cara de sus asesinos.

Se repite la historia de las “culpabilidades” con la tragedia en la Semana Mayor de 1937 en Barcelona, centenares de muertos, que lo fueron por “culpa” de los campesinos y devotos de la ciudad, incluidos cumaneses quienes, según la jerarquía de entonces, desobedecieron las instrucciones del Obispo de Guayana de apellido Mejias, a quien pertenecía la parroquia barcelonesa y quien prohibió la procesión de jueves y viernes santo. Pero no dijeron la verdad en cuanto a que el Obispo en cuestión era un tipo déspota contra la bondad de los mismos sacerdotes de la Parroquia barcelonesa. Como tampoco dijeron la verdad que exculpara al gobernador de entonces, Arreaza Calatrava, a quien tildaron de por vida como “trago amargo”. Nadie se atrevió a decir que el obispo guayanés, no oriundo de la tierra de la sapoara y el Caroní, fue quien llamó a su pariente de Relaciones Interiores, de donde emanó la orden a la plaza militar, acantonada en Portugal, al mando del teniente Carrillo (el negro Carrillo) a quien uno de sus militares le pegó un plomazo en un pie al disparársele el fusil antes de la orden de ataque a un pueblo sin armas, venido de todos los rincones del Estado, acostumbrado a la prédica por la paz de los seres humanos como lo dejó dicho el hombre de carne y hueso; el hombre que murió por La Verdad, sin esas babosadas de “Cristo viene”, a menos que venga convertido en millones a luchar como Él lo hizo, por el Socialismo y la verdad, que es lo mismo, entre los seres humanos.

A propósito de aquella trágica semana santa, hay quienes la ubican en Febrero. Que recordemos, si es que fue así, la semana Mayor siempre “cae” en Abril, a excepción de cuando el calendario mariano da la vuelta y coincide con los últimos días de Marzo, como ahora mismo.

Y sin observar el orden de los acontecimientos, no podemos dejar de mencionar la tragedia de Naricual (8-04-46). Nos tocó de cerca y en el alma. No quedamos en el sitio quizás por joven, y a un año de habernos cesanteado por comunista, explotó la mina de carbón. Nuestro padre y 17 hombres más perecieron en esa tragedia por culpa de “ellos mismos” al laborar en miércoles Santo. Pero no se dijo que los patronos necesitaban el mineral para la locomoción de los buques de guerra que agredieron la paz por órdenes del capitalismo mundial.

Patria, Socialismo o barbarie.

(*) pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez (*)


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