Ruralidades

Pestes anti obreras

Cuidado, no se trata solamente de la que “bajó” de las montañas de África “enviada por los monos” a contagiar sólo al hombre negro. Ni la última, la del cochino blanco, que se la salpicaron primero al obrero mexicano, molestoso este a los racistas del norte de América, una vez que le exprimen las pocas fuerzas que le quedan después de padecer las atrocidades del hambre en su propio país, provocada por las políticas ventajistas del capitalismo yanqui contra la clase trabajadora de éste continente, donde los gobernantes comprometidos con el imperio, prefieren que sus connacionales arrastren el orgullo patrio a cambio de una migaja llamada remesa.

De las dos pandemias anotadas, la primera, con la abreviatura tenebrosa de SIDA que, según la sapiencia del gran Arístides Bastidas, obrero de la palabra escrita, es la maldición licuada por un laboratorio londinense propiedad de los mismos racistas, aliados de los enemigos de los obreros que, de unos cuantos países de América del sur, se ven en la necesidad de emigrar al norte en busca de las migajas sobrantes de lo que los gobernantes entreguistas prefieren que los capitalistas nos arrebaten.

Entonces, las dos pestes de laboratorio, de las que el antídoto se lo reservan los asesinos por mampuesto, no son las únicas de las que tenemos que defendernos. Hay una tercera peor, pero blandengue ante la realidad de los hechos: la traición. Esta peste se delata a si misma cuando el traidor se echa al hombro las flaquezas. Pero hace tanto o más daño, por cuanto se trata de la integridad; de la unidad social de la clase obrera, la cual recibe los golpes más dolorosos, que es cuando vienen de la misma clase y que encuentra en el traidor, provocador y cizañero, la “cortina de humo” de la tergiversación.

Ejemplo. Hubo una vez un hombre que dijo que su destino le indicó el camino por donde transitan los obreros, con lo que despertó la curiosidad del anotador para la posteridad. Entonces, año 1986, el hombre se preguntaba: ¿Qué beneficios le ha producido esta democracia que conocemos, vulgar y falaz, a la clase obrera venezolana?... y se contestaba con algo que hoy, los monetaristas demagogos desdeñan: el aspecto social. Así, del transporte por ejemplo, el hombre decía que los obreros “viajan en los peores autobuses, en las peores condiciones”. Del seguro social, la educación, de la recreación… “son miserables”.

Era verdad. Pero ahora, cuando el hombre no debería decir lo mismo, los cambios lo dejaron en evidencia y durmiendo en los laureles de la “democracia” vulgar y falaz. Esta situación, como la del cizañero sorprendido con las manos en la masa, lo puso a silbar pajaritos y, de vez en cuando, a palabrear como las cotorras. La última. A este gobierno obrerista, como el de Hugo Chávez Frías, lo responsabiliza de “incentivar el conflicto laboral”. Y de lo más perverso que se le pueda ocurrir a un disociado: “Esta situación tiene que ver con un estilo y una práctica bajo el auspicio del régimen actual, el cual le brinda protección a esos grupos…”

Andrés Velásquez, como así bautizaron al susodicho hombre, pretende hacernos creer que él, encubridor, no tiene conocimiento en cuanto a que los que crearon las mafias para la venta de los cupos laborales fueron, precisamente, los hombres de la “democracia vulgar y falaz”. Y que la primera muerte petrolera ocurrió en El Tejero, Edo. Monagas. Y, más próximo al gobernador “matancero”, en la misma Ciudad Guayana, los cupistas de la construcción sobresalieron por las masacres contra los sindicalistas de la región. Y uno se pregunta ¿bajo el auspicio del Gobernador Velásquez?

Al pueblo venezolano no se le olvidan las muertes de Carlos Andrés Pérez, por las que siempre acusaba a los camaradas. Esa experiencia nos hace pensar que los traidores asimilaron al gocho.

Patria, Socialismo o barbarie.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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