Raza y origen del General Manuel Carlos Piar, Libertador de Guayana

Se llamaba Manuel Carlos Piar, y era un General de verdad, verdad. Nació en 1782. En el Convento de las Monjas Concepciones, donde actualmente está el Palacio Legislativo o Palacio Federal, su padre fue José Francisco de Braganza y Braganza, Príncipe de Brasil y heredero de la corona de Portugal, hijo de la Reina María II y Pedro III, reyes de Portugal, pertenecientes a la casa de Braganza. Su madre fue Soledad Belén Concepción Xeréz de Aristeguieta y Blanco Herrera, que años más tarde casó en 1787 con el coronel de origen vasco Joaquín Pérez y Narvarte, oficial del Batallón de Veteranos de Caracas. En 1874, cuando Guzmán Blanco ordenó la demolición del convento de las Monjas Concepciones, se encontró la partida de nacimiento del héroe de Guayana. Al mudarse el Archivo de las Monjas, personalidades idóneas y representativas, como Juan Pablo Rojas Paúl (futuro presidente de Venezuela) y el Juez Ovalles, dieron fe de haber visto en los referidos archivos el acta de nacimiento de Manuel Carlos Piar, hecho que le fuera transmitido a Herrera Luque verbalmente por su abuelo Andrés Herrera Vegas, quien se lo escuchó decir a su padre Francisco Herrera Vegas, quien viera también el referido documento. Guzmán Blanco, pariente muy cercano de la madre de Piar, para preservar el honor de su familia la hizo desaparecer. La partida de nacimiento que se halló en Curazao, fue introducida fraudulentamente por Guzmán, años más tarde. Existen métodos de laboratorio que pueden decirnos la antigüedad del documento. (Recuerden que Guzmán era un gran Farsante, corrupto ladrón y manipulador)

Como puede inferirse de la narración precedente, Manuel Piar no era hijo de la mulata María Isabel Gómez y del canario Fernando Piar, como lo pretende la Historia Oficial. Para las leyes de casta, vigentes para aquella época, el hijo de una mulata (hija de blanco y negra), era necesariamente pardo, de la clase cuarterones. Aunque hay insólitas excepciones, la casi totalidad de ellos exhiben rasgos negroides (tez, facciones, pelo). Quienes conocieron en vida a Manuel Piar lo describen como un ejemplar del tipo nórdico, que bien pudiera pasar por anglosajón. Como quiera que la tesis del Piar-mulato estaba al servicio de una razón política (mulato instigador de la lucha de razas) y de ocultar un escándalo que afectaba a la honra de Bolívar, Soublette y los Aristeguieta, el retrato de Tauvernier hubiese provocado necesariamente escritos y protestas en la prensa por parte de quienes lo conocieron, y en especial de sus enemigos, de haberse falseado su tipo étnico. Para la fecha de la publicación del retrato están vivos Carlos Soublette, el terrible fiscal, (Que tuvo que enfrentar la acusación de Timoteo Díaz, ordenanza de Piar, quien se presentó en traje de paisano. Cuando Soublette lee en voz alta su testimonio. Cuando concluyó su lectura, Timoteo le espetó: Yo nunca he dicho eso ¿Cómo dice? Como lo está oyendo, General. Yo nunca dije nada de eso; por lo contrario, dije que el general Piar era inocente de los cargos que se le hacían y sobre los que se me pregunta. Se han aprovechado de que yo no sé leer, para poner en mi boca una sarta de embustes). Diego Ibarra, fallecidos en 1870 y 1852, respectivamente. Están vivos, asimismo, Juana Bolívar (hermana del Libertador) y el Marqués del Toro, quienes por estar involucrados familiarmente en el escándalo hubiesen sido los primeros en protestar de no ajustarse el cuadro a la realidad. Para la fecha de la aparición de la historia de Rafael María Baralt sobreviven José Tadeo Monagas (quien lo conoció bien y fue su enemigo), Pedro Hernández (el malévolo Chingo), José Rafael Revenga, Bernardo Herrera y Toro (familiar de Herrera Luque), Feliciano Montenegro y Colón y Jacinto Lara. No obstante existir tan numerosos testigos que conocieron de trato y comunicación a Manuel Piar, ninguno objeta, al Piar caucásico de Tauvernier.

Refiere Rafael Pineda que en 1981, en una reunión celebrada en casa de Doña Mercedes Farreras, la gentil dama se confesó ante la concurrencia como biznieta de Piar. (Se nos ocurrió comparar –escribe Pineda- los rasgos de Doña Mercedes con el retrato de Tauvernier y todos convinieron en que ambos tienen el mismo aire familiar). Entre los presentes se encontraban los hombres públicos David Morales Bello y J.A. Armas Chity (Diario El Nacional, 19 de julio de 1981: Bisnieta de Piar) Doña Mercedes es caucásica de ojos azules, según informe personal de Pineda. Rubia, de facciones europeas y ojos azules fue, María Isabel Piar Boom, la hija de Piar, y su nieto, Roberto Syars Piar. Don Vicente Emilio Perrone, tataranieto de Piar y entrevistado en Puerto Cabello por Enrique Aristeguieta, declaró a éste que (Piar era blanco caucásico y que se mofaba del Libertador tildándolo de mulato).

El capitán Juan José Conde, su guardián o carcelero, hizo esta pequeña semblanza: Regular estatura, ojos azules, barbilampiño y su tez sonrosada (citado por Manuel Alfredo Rodríguez, Bolívar en Guayana. Don Policarpo Rodríguez, quien conoció a Piar cuando Rodríguez tenía diecisiete años, así lo describe: tenía muy buen aspecto y, aunque tostado por el sol, se le conocía ser muy blanco; sus facciones eran finas; sus ojos azules, y tenía unas manos muy bonitas. (Documentos del Deán Aristeguieta, citado por Tavera Acosta, Anales de Guayana). Refiere el Deán que al preguntarle a don Policarpo si Piar era mulato, le respondió: eso decían, pero no lo parecía en nada.

En 1885 el Dr. Mariano Briceño escribe, haciéndose eco de lo que le dijeron personas que conocieron a Piar: La noticia tradicional del origen de Piar es, que ni por su padre ni por su madre era descendiente de africanos. Según respetables testimonios de personas que lo conocieron, su fisonomía comprobaba que su raza era del Cáucaso (cita de Manuel Alfredo Rodríguez, El Capitolio de Caracas). Francisco Tosta García (1842-1921), lo pinta como un joven de color blanco, de pronunciado aire marcial y unos ojos azules relampagueantes. La Patria Boba).

Manuel Florencio O´Leary, el legionario británico que legara a la posteridad documentos de incalculable valor y que llega a Angostura un año después de la ejecución de Piar, lo describe como (un individuo de ojos azules, barbilampiño y tez sonrosada). O´Leary habrá de casar con Isabel Soublette, la enérgica defensora de Piar. De ella tomaría el retrato, que es muy similar al de Juan José Conde.

Tavera Acosta describe en 1907 a Piar con estos rasgos: Era de estatura regular, más bien alto que bajo y, aunque delgado, sus miembros eran bien proporcionados. Sus manos y pies pequeños y aristocráticos; ojos azules y grandes, como velados ordinariamente por una sombra de tristeza. Nariz aquilina. Tez blanca ligeramente sonrosada y un tanto quemada por el sol. De pequeño bigote rubio y fino y de escasa barba en las mejillas. El cabello también rubio y fino. El aspecto de su rostro y todo el conjunto de su persona era de suma distinción (Anales de Guayana). Tavera, al igual que Briceño y Tosta García, recogen en sus descripciones el juicio, por primeras o segundas personas, de la gente que conoció a Piar.

No obstante estas descripciones coincidentes sobre la raza de Piar, no hemos hallado ninguna, hasta la fecha, donde se le señale como mulato o negroide. De la misma opinión son los historiadores Manuel Alfredo Rodríguez, Rafael Pineda y Lucas Guillermo Castillo Lara.

1. De haber sido Manuel Piar de la raza de color, no hubiese podido contraer matrimonio con la holandesa María Boom y mucho menos en el Castillo de Ámsterdam, ante el Gobernador de la Isla y de la Honorable Junta Municipal.
2. La Junta Revolucionaria de Cumaná, constituida y manipulada por la oligarquía provincial, no hubiese consentido jamás en que llevase su representación ante la Junta Suprema de Caracas. (Larrazabal y Tavera.)
3. Por iguales razones, Miranda, a pesar de ser un revolucionario, no lo hubiese incorporado al ejército en calidad de oficial y, mucho menos, a su Estado Mayor, tal como lo afirman don Felipe Larrazabal y Tavera Acosta. Como resultado imposible que en dos años, un subteniente alcance el rango de General y de Segundo Jefe de la República. Cuando está más que probado, como lo recuerda Asdrúbal González, que la casi totalidad de los oficiales, tanto patriotas como realistas, eran de raza blanca y, en especial, los de rango muy elevado. El propio Bolívar, quien lo describe como individuo de tez clara en la requisitoria que libra contra él, lo eleva a la categoría de General en Jefe, tratando de demostrar con este hecho no discriminar racialmente a los pardos para los altos cargos militares. Incurre en un lapsus mental cuando argumenta. ¿No es obra de la Independencia y de la libertad e igualdad que disfrutan, de nosotros los blancos y títulos de Castilla.

Desde 1884 hubo diversas intentonas, entre otras la de Monseñor Arroyo Niño, Obispo de Guayana, (apareció envenenado y los documentos probatorios desaparecieron) de probar con un opúsculo (Origen y educación del General Manuel Piar) que Manuel Piar no era hijo de una mulata, sino de una empingorotada señorita caraqueña y de un noble personaje. El Obispo fundamentaba sus afirmaciones, además de sus investigaciones, en las memorias que sobre Piar escribiese el Pbro. Remigio Pérez Hurtado, confesor del ajusticiado. Hasta 1885 no se publica el proceso y muerte de Piar, existiendo justificadas sospechas de haber sido mutilado, interpolado y tergiversado dicho documento, A comienzos del siglo XX, historiadores de fuste, como Lino Duarte Level, Tavera Acosta y Ángel Núñez, dieron a la publicidad sesudos y documentados artículos sobre el silenciado origen del Héroe de San Félix; lo que les mereció agudas críticas y sarcasmos de la Historiografía Oficial y, entre otros, de Vallenilla Lanz y Landaeta Rosales.

Desde 1874 –escribe Tavera Acosta- en que comenzó a correr el rumor de la partida de nacimiento de Manuel Piar en el Convento de las Monjas Concepciones, se ha venido buscando con ahínco la partida de bautismo de Piar en los archivos de Curazao, y no se ha hallado porque en ellos nada ha existido sobre el particular (Anales de Guayana). Se han encontrado otros documentos, como su matrimonio con María Marta Boom y la partida de nacimiento de su única hija. En carta dirigida a Tavera Acosta por el Sr. Jacobo Salas, hijo y vecino de Curazao, le dice, con fecha 4 de enero de 1914, que luego de buscar infructuosamente en el Registro Civil de esta colonia y en la Iglesia Luterana, lo hizo en la Iglesia Católica de esta ciudad, con idénticos resultados, tal como lo certifica en esta nota el cura párroco: Certifico: que en los libros de la Iglesia Madre de esta ciudad no existe en ninguna parte de los libros de bautismo el de Manuel Carlos Piar hasta el año de 1780. La declaración y firma del documento es reconocida por el Sr. Hernán Leyba, Cónsul de Venezuela en Curazao.

Hay otros hechos igualmente concluyentes sobre la imposibilidad de que María Gómez haya sido la madre de Manuel Piar. Su edad: De haberlo parido en 1774, como dice el cuestionado documento, ¿Qué edad tendría para 1802, cuando casa con Pedro Colombo, de quien tiene dos hijas. De haber engendrado a Piar en 1773, a la corta edad de 14 años, tendría para la fecha de su matrimonio con Colombo la muy avanzada edad (de acuerdo al ritmo biológico de hace dos siglos y medio) de 42 años; y 43 y 44 respectivamente; al parir sus hijas. Para 1880 las posibilidades de contraer matrimonio para las mujeres de 39 años era, de 0,05. Nos olvidamos que el régimen dietético de nuestro tiempo, auxiliado por la medicina, la cosmetología y la odontología, han prolongado la juventud de las mujeres. Se nos hace difícil pensar que Pedro Colombo contraiga matrimonio con una mujer de tanta edad. De ahí que pensemos que sí la Gómez casó con Colombo en 1802, como sí lo prueban los documentos, y parió dos hijas en los años siguientes, nunca pudo ser la madre de Piar, ni en 1774 (como pretende el documento), ni en 1777, ni en 1782, en que nació realmente Piar.

La verdadera razón del fusilamiento de Piar: Como ya se ha comentado suficientemente en el texto, expresándolo a través de las reflexiones del Pbro. Remigio Pérez Hurtado, las causas invocadas contra Piar estaban totalmente viciadas e injustificadas para condenarlo a la última pena, previa degradación. No deja de llamar la atención que hombres tan honestos e idóneos como los que integran el Consejo de Guerra lleguen a tal veredicto, por grande que haya sido la presión y manejos del Libertador para eliminarlo, Fernando Galindo, su abogado defensor, que tan indignado se muestra contra el Libertador hasta el punto de echárselo en cara abruptamente luego de la ejecución, antes de desertar, como lo hicieron innumerables soldados y oficiales al creer a Bolívar un peligroso déspota. Galindo, a pesar de lo que dice el representante de los Estados Unidos, es un hombre justo, valiente y cabal, que en modo alguno hubiese secundado a Bolívar en el ajusticiamiento de Piar. La ejecución de Piar no es una decisión de los siete jueces, sino de toda la oficialidad. ¿Qué ha podido determinar tal unanimidad de criterios si las pruebas que están a la vista son insuficientes? El Padre Pérez Hurtado piensa que Piar pudiera estar en connivencia con su tío Juan VI de Portugal, (¿Dónde pudiera encontrar un militar probado y de su estatura, que además es sangre de su sangre?) a la sazón en Brasil, para segregar Guayana de Venezuela. Fernando Galindo, como puede leerse en la defensa, le da mucha importancia a los papeles hallados a Piar donde se prueba que desciende de los príncipes de Portugal. Como también extraña el extravío que sufren estos documentos. De haberse probado una confabulación entre Piar y los portugueses, aquel se habría convertido en reo de alta traición, siendo perfectamente comprensible su condena a muerte previa degradación, tal como lo quiere José Antonio Anzoátegui, su intimo amigo. De haber sido ésta la situación, y tomando en cuenta la potencia militar de Portugal hubiese sido de una gran peligrosidad, como lo señala el confesor de Piar, fusilar a “un príncipe de la sangre”, haciendo público el parentesco y la razón del fusilamiento. De haber sido esto cierto, es muy posible que el Libertador hubiese llamado con suma cautela a toda su oficialidad para enterarla del asunto. A pesar de estas razonables suposiciones son tan pocos los hechos concretos que la respaldan que sería excesivamente aventurado lanzar esta hipótesis.

He aquí otros documentos y testimonios donde se afirma que Manuel Carlos Piar era hijo del Príncipe y de Belén Aristeguieta: Leandro Aristeguieta hace la siguiente afirmación por escrito en San Félix el 26 de agosto de 1906: La señorita Soledad Xerez de Aristeguieta casó secretamente con un Príncipe de Braganza. En el año de 1874 me encontré en Caracas con el Deán de esta Catedral, Pbro. José Leandro Aristeguieta, mi tío carnal, quien me informa que el general Juan de Mata Guzmán había ido a buscarle en nombre de su hermano el general Antonio Guzmán Blanco, Presidente de la República, y que éste le había mostrado unos documentos que en pergamino que fueron encontrados por el Dr. Zacarías Briceño en los archivos de Maturín; documentos que comprueban eficazmente el matrimonio de la señorita Belén Soledad Xeréz de Aristeguieta con el Príncipe de Braganza, y los cuales deben existir en los archivos de la sucesión Guzmán Blanco. La madre de Guzmán Blanco, como ya hemos dicho, era sobrina de Doña Belén Soledad Xeréz de Aristeguieta. (Cita de Tavera Acosta, Anales de Guayana). Don José Aristeguieta, nieto de Don Miguel de Aristeguieta y sobrino de la enigmática Belén Soledad escribe: que habiéndole llamado la atención que el Pbro. José Félix Blanco cada vez que se refería a Piar lo llamaba el Príncipe, le preguntó a su abuelo por la razón de tal apodo, respondiéndole éste: Piar era mi primo, hijo de don José de Braganza y Doña Belén Soledad Xeréz de Aristeguieta. Existe una carta muy significativa de Don Miguel de Aristeguieta a su primo Carlos Soublette, donde le dice, refiriéndose a Bolívar: lo único que yo no le perdonaré nunca es la forma en que sacrificó a Manuel Carlos: pues como el sabe, como yo, que por las venas de éste corría sangre de nobles y sangre de su sangre. Observa Tavera Acosta, que esta carta existe en el archivo de la familia Soublette.

A comienzos de 1986 el Dr. Enrique Aristeguieta entrevistó en Puerto Cabello, donde vivía, á Vicente Emilio Perrone, de 79 años de edad, hijo del Sr. Domingo Perrone. Ratifica el Sr. Perrone el juicio, la hija de Piar, María Isabel Piar Boom, engendró dos hijas naturales: Emilia, su antepasada, y Carlota Piar, quien casó con Lord Robert Syers, siendo los padres de Roberto Syers Piar, quien publicó importantes estudios, igualmente silenciados, sobre su ilustre abuelo.

No es ninguna historia fabulada, como algunos quieren hacer ver. Más bien es una historia silenciada y retenida.

Parte de lo aquí escrito también yo se lo escuché al Dr. Enrique Aristeguieta Grancko en 1956, donde el afirmaba que era pariente de Manuel Carlos Piar. Lo comentaba con un religioso Historiador y Visitador Provincial de una Congregación Cristiana, y un ingeniero y profesor universitario de toda la vida, con el cual éste servidor laboraba, por lo tanto estaba allí de asomado.

Salud Camaradas, Bolivarianos.

Hasta la Victoria Siempre.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net

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