Soy católica pero no asisto a la Santa Misa ya que me siento mejor rezando en mi hogar, o en la Iglesia cuando está vacía, sin la presencia de los agitadores políticos (en lo que se han convertido algunos mal llamados sacerdotes) que perturban el espíritu y tranquilidad de los fieles que asistimos a la casa de Dios a ofrendarle nuestras acciones.
Es deprimente escuchar la liturgia dominical impartida por quienes deben traernos el piadoso mensaje de Cristo, aquellos con voces destempladas y ojos desorbitados llenos de odio, para, a seguidas, apreciar el impacto que sus palabras producen en los ya indefensos globovisionfílicos o los consecuentes seguidores de la TV comercial.
Burda manipulación eclesiástica que nos genera toda una mezcla de sentimientos: dolor-compasión-vergüenza. y no nos queda más que pedirle a Dios Todopoderoso, con mayor fuerza, mantener nuestro equilibrio psíquico y rezar por estos seudo-sacerdotes (quienes muy conscientes anteponen sus intereses políticos y personales, o sus egoísmos, por encima del mismo Dios) que sólo merecen compasión y lástima. Verbigracia Monseñor Baltasar Porras, que bien sabe lo que hace y por qué lo hace; pero debería responder algún día por el daño que infringe, por su contribución a una mayor perturbación de la paz que tanto se necesita y de parte de quien más debe propiciarla, avergonzando a unos, soliviantando a otros, dividiendo al conjunto, o, conduciendo al desencanto o alejamiento de la Iglesia Católica Apostólica y Romana sobretodo a quienes jamás nos alejamos de nuestros propios ideales, o a quienes serán siempre fieles a preceptos religiosos fundamentales de amor al prójimo.
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