Una extraña cosecha del fascismo


Uno de los primeros días del mes de Junio, Caracas amaneció poblada por
monigotes. Estos colgaban al modo de aquel extraño fruto con el que solían
cargar los árboles del Sur de los Estados Unidos. De esta forma Billie
Holiday le cantó a las víctimas de la violencia del KKK:

"He aquí un fruto para que el cuervo arranque
para que la lluvia recoja
para que el viento absorba
para que el sol corrompa
para que el árbol deje caer
He aquí una extraña y amarga cosecha."
(De la canción "Strange Fruit")

La sombría cosecha de cadáveres del fascismo ha sido abundante en el campo,
a partir de la aprobación de una ley de tierras por parte del gobierno
popular. Los asesinos se ven amenazados por la consigna de que la tierra
debe ser para quien la trabaje.
Un escuálido sofisma de los rastreros pretende que "en este país hay un solo
responsable", y que a las víctimas de la violencia se les nombre "los
violentos". Tal fuerza tiene entre las clases acomodadas, que para estas
resultaron de buen tono los colgamientos a los que ensayara el fascismo en
Caracas.

La sensibilidad parece estar reñida con la modorra de la abundancia
material. Esta insólita insensibilidad delata la tremenda gangrena social
que es el lumpensifrinariat. En este estrato se ha alimentado la creencia de
que Globovisión es una buena excusa para dejar de pensar. Entre sus mentores
espirituales contamos a Escrivá Balaguer y a Osmel Sousa.

Resulta de una tremenda escualidez moral escandalizarse ante una inflexión
violenta de la voz, un ademán violento, de "el único responsable", y desviar
la mirada de los horribles crímenes de una bárbara sociedad civil. De esa
llamada sociedad civil son miembros los capos terratenientes, y paladines
los terroristas de la Plaza Francia.

La velada simpatía por el genocidio político de gran parte de las clases
medias y altas es la base política del fenómeno fascista. Este, en un
ejercicio perverso del lenguaje, enarbola las banderas de la libertad y la
democracia, precisamente las primeras víctimas de su ascenso al poder. Ya en
Venezuela hemos vivido el derrumbamiento de las máscaras, pero esto no
parece haber deparado enseñanza alguna a los fascistas. ¿Puede amenazarse
con la muerte a quien ha demostrado estar dispuesto a arriesgarse
generosamente por lo que considera justo? Por pretender escoger otro modo de
hacer vida social, el sistema nos condenará a una muerte temprana, y esa
posibilidad real la admitimos. Pero no es la única. También es posible
consolidar una alternativa frente al capitalismo reinante. Mientras nos
asista la conciencia de esta posibilidad, nos mantendremos de cara al
futuro.


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Simón Rodríguez Porras

Músico y militante del Partido Socialismo y Libertad.

 @guitarraylapiz

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