(Con una mueca de estupor)

Observando, por país, los noticieros

No hay que tener la lucidez económica de un Carlos Marx, la profundidad filosófica de un Heidegger ni el poder satírico de Nietzsche para darse cuenta de cuanto ocurre en el mundo y del que nos ofrecen parte de los noticieros televisivos, ya que los impresos han casi desparecido. En estos vemos una sucesión de hechos que tienen a los habitantes del planeta en vilo en cuanto a política, economía, sociedad o ideología: por ellos vemos desfilar guerras, refugiados, abusos, declaraciones, crímenes, entrevistas, foros, reportajes y un sin más de actos espurios agravados por la explotación irracional de recursos y de abusos contra la Gran Natura, agravados por el cambio climático y la pandemia. En un diez por ciento, mas o menos, observamos noticias de deportes, espectáculo y "cultura" referidas a algunas expresiones artísticas, cine, tv, bailes, humor (por cierto, casi desaparecido, cuestión muy grave), cocina, etc., un cinco por ciento de programas o canales formativos. Al televisor lo tenemos como fondo noticioso de calamidades y miserias (me sorprendo al toparme por causalidad con una buena película) mientras cumplimos las diarias rutinas.

España. Diluida en una política de pactos y bloqueos, una política puramente electoral, el país se diluye en una tragicomedia de partidos repartidos entre la demagogia del Partido Popular, el socialismo de segunda mano (PSOE), un partido fascista de la ultraderecha (Vox) y otros de menor cuantía. Al país lo mantiene en verdad el turismo, el comercio, la economía privada o las iniciativas independientes. mientras el gobierno se hunde en el marasmo de una nobleza de reyes en fuga a otros países, escándalos de corrupción y otras agrupaciones políticas o legislativas ornamentales, que ya han comenzado a perder toda credibilidad. Por lo pronto, los "Fondos Europeos" (la plata del FMI) va salvarles la vida para emprender la "reforma laboral", es decir, a endeudar al estado para pagar las pensiones de los viejos y hacer unos cuantos negocios, como el que acaba de hacer una diputada del Partido Popular para comprar unas mascarillas de protección para el pueblo donde se ha embolsillado una bicoca de millones de euros, después de unas elecciones en las legislaturas. Después de Aznar y el siniestro Rajoy, el PP negocia con Vox para sacar del poder, a toda costa, a Pedro Sánchez, quien debe ahora estar saltando de alegría por el escándalo.

Inglaterra. El primer ministro Boris Johnson –versión inglesa de Donald Trump—se dio el tupé de organizar orgías privadas en mansiones y ahora quieren llevarlo al banquillo, lo han presionado a abandonar el cargo. Él se ha disculpado muchas veces, con la mano en el corazón, pero nadie le cree, y está muy pendiente de dar discursos para apoyar la invasión estadunidense a Ucrania, mientras el Reino Unido se ha apartado, con el Breixit, de la Comunidad Económica Europea pues no piensa compartir –ni tonto que fuera-- sus libras esterlinas con países que no trabajan, pues todos se asumen como un círculo de capitales que pretenden echar mano de las riquezas acumuladas por el imperio británico a través de siglos. Sin embargo, los grandes clubes de millonarios siguen operando desde Londres (del tipo club Bilderberg), desde donde irradian su por poder encima de cualquier gobierno, tribunal o estado. Obligaron a Johnson a dimitir, pero el gobierno británico sigue haciendo de las suyas: apenas hace unos días se robó el oro de Venezuela como si tratara de una chuchería.

Francia. Macron, presidente de laboratorio, armado en una probeta pieza a pieza y de un formato bastante predecible, se alza en Europa como figura, pero no tiene discurso propio, abre la boca para obedecer a los poderosos del norte. Casi todo le ha salido mal a Francia con él en lo social y en lo económico, pero todo lo tapa con un barniz de publicidad turística del Paris cultural capital del mundo, y ese tipo de referentes turísticos de la cultura supremacista, aun cuando no pudo evitar la destrucción de Notre Dame hace pocos años. El Louvre, el buen gusto, la cocina, la Torre Eiffel, los Champs Elisées, el vino; en fin esos son símbolos eternos de todo aquello que ocurre dentro del nuevo orden mundial ya son tan eternos..

Alemania. Ya pasó de moda. Ángela Merkel y su cohorte de seguidores ya han perdido poder en Europa. y todo tipo de credibilidad política debido al cúmulo de manipulaciones diplomáticas que ya dejaron de surtir efecto. Recordemos además el oscuro pasado nazi que no pueden borrar.

Estados Unidos. Para quienes se hicieron ilusiones con Joe Biden luego de la aparatosa caída del histriónico Trump, aquel senil señor que dio traspié en un avión y no iba a mostrar tanta violencia, se equivocaron con él: resultó ser aún más letal, pues sólo cumple órdenes del Pentágono, es decir: guerra, guerra y más guerra. Mientras tanto, y para divertirse, aplica sanciones, sanciones y más sanciones que nadie termina de comprender, pero llama mucho la atención, pues aspira seguir cumpliendo el papel de vocero universal, de policía del mundo. Pero si recrudecen los bloqueos a diestra y siniestra: Venezuela es uno de sus blancos preferidos, complementados con robos de activos y demás. Como eso no fue suficiente, se inventó una guerra en Ucrania. "Si los rusos invaden les daremos su merecido", amenaza. El gobierno fascista de Ucrania se separó hace algunos años de la antigua Unión Soviética para conformar un bloque de poder en Europa junto con la OTAN, organización de índole guerrero-militar experta en exterminios al servicio de los EEUU, quien pierde irremisiblemente su poder, aterrado frente a China y Rusia, intentando mantener a toda costa una guerra en Ucrania, para minar el poder político de Europa mientras se divierte presentando a Rusia como amenaza, cuando en verdad son ellos quienes promocionan una tercera hecatombe mundial que sería la última, pues ya estamos en medio de un exterminio bacteriológico, climático y económico que nos mantiene entretenidos...

China. China solo cree en sí misma. Su economía marcha inmutable con productos para todos los gustos: A, B, C, D, E…escoja usted el que más le convenga, que nosotros lo tenemos a distintos precios, usted solo tiene que pagar de acuerdo a sus posibilidades, no se preocupe por nada. Clonan los productos de cualquier país y todas las marcas habidas y por haber y mientras los demás compran sus bagatelas ellos cultivan cereales, arroz, maíz trigo, avena, legumbres, frutas, hortalizas, pescados, carne, aves, vacas, cerdos, todo lo producen y alimentan a su pueblo y se autoabastecen con impresionantes sistemas de rendimiento. Ejercen un gobierno callado pero trabajador, todo lo hacen con método, con disciplina y logran sus objetivos; deberíamos algún día imitar sus técnicas y procedimientos.

Rusia. A pesar de todo su poder, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es quien mejor se ha comportado, quizá, en el damero político mundial. Digo "a pesar" porque la mayoría de los países creen que tener poder es imponerlo a los demás, y ejercer dominio fuera de sus fronteras, ganar más territorios e imponer una ideología, etc. Putin ha sabido manejar ese poder con racionalidad y una política sensata, toda vez que Rusia ha debido ingresar a la sociedad capitalista de modo muy lento, mediante una diplomacia equilibrada sin par en occidente, pues el país también hace parte del territorio europeo, siempre con el matiz distinto de respeto a las diferencias. Debió renunciar Rusia temporalmente a su pasado revolucionario, bolchevique o comunista, para librar una difícil batalla con los lobos acechantes, en medio de una nueva guerra fría. Los EEUU no pueden esta vez con Rusia, no tienen esa capacidad de control. En este mismo momento, Putin ofrece en televisión una larga disertación donde trata de exponer la complicada situación actual con Ucrania, EEUU y el resto de Europa. Sus conclusiones son asombrosas y clarificadoras, en medio de la confusión que intenta crear USA en el mundo, para proceder a alzarse con la sempiterna imagen de salvadores de la humanidad.

México. El país de América Latina donde ha corrido más sangre es el más difícil de gobernar y manejar, pues tiene al lado al monstruo con quien mantiene una relación de amor-odio. Lo del odio es justificable debido al permanente robo de su territorio por parte de su vecino, mediante todo tipo de artimañas. Pero México tiene otros monstruos adentro: droga, narcotráfico, crimen organizado que ultima campesinos, líderes sociales, periodistas y todo aquel que se le interponga. Se ha caracterizado por una serie de presidentes marionetas manipulados por los EEUU. Se hallan desconcertados por la sensata gobernanza de José Manuel López Obrador, quien les resulta incómodo pues no esperaban su triunfo y lo molestan, lo atacan, desean que se vaya cuanto antes del poder. La cultura de México, por otra parte, es poderosa, arraigada, invencible por parte de la de sus vecinos, quienes practican una cultura del entretenimiento y el consumo.

Colombia. Este país ha terminado por convertirse en lo contrario del sueño de unión y de patria común que forjaron nuestros libertadores. Lo hicieron mediante una sucesión de traiciones y crímenes sucesivos y permanentes, que han colocado al pueblo colombiano en una atmosfera perenne de represión y miedo. Iván Duque, en este caso, ha resultado ser el símbolo más patético de todo esto, superando incluso a Santos y Uribe, mediante el uso comprobado de fuerzas paramilitares y una cultura del tráfico de drogas y del contrabando, ha logrado sembrar el terror en todo el territorio, y ahora pretende avanzar hacia Venezuela y otros países vecinos. Han emplazado numerosas bases militares estadounidenses en su territorio, buscando algún día apoderarse de fronteras, vías de comunicación, centros de acopio para entrar a nuestro país usando tácticas que ya han sido reveladas (La media luna). Sus últimos presidentes han entado trabajando duro en ello, pero el gobierno venezolano tiene una fuerza armada llena de valor, excelente estrategia y, sobre todo, una fuerte vinculación con poder cívico y el pueblo. Hoy, gracias a unas elecciones limpias donde el pueblo colombiano se expresó con firmeza, se encuentra presidido por Gustavo Petro, hombre de izquierdas que promete cambios y ha solicitado le traigan la espada del Libertador como símbolo para dar inicio a una nueva era de esperanza para su país. Ojalá sus terribles contrincantes le permitan gobernar, y su exagerada esperanza no se convierta, a la larga, en una estéril utopía.

Cuba. Después de sesenta años de bloqueo económico sistemático por parte de USA, Cuba ha buscado nuevas formas de convivencia que puedan sacarla de las limitaciones y las precariedades a donde pretenden conducirla. Pero el pueblo se halla identificado con su gobierno revolucionario y socialista, en un mundo cada vez más incómodo y más inclinado a la concentración de capital en pocas manos. El pueblo ha resistido pero el bloqueo continúa, ha arreciado incluso, a objeto de causar más daños a su economía y por ende a su pueblo. El liderazgo ideológico político de Cuba, dentro de un espíritu socialista, ha sido el más sostenido en el tiempo a nivel mundial, cosa que no se había visto en otro país. Continúa siendo la primera piedra en el zapato para EEUU en América.

Argentina. Luego del fenómeno del peronismo, gobierno de índole popular impresionante de nuestra América, la Argentina intentó otros modos liberales de gobernar, fracasando en todos ellos después de los años sesentas del siglo XX (Videla fue el más tenebroso, que produjo un enorme número de torturados y desaparecidos), hasta que Néstor Kirchner se atrevió a ensayar algo distinto. Fallecido Kirchner, salió al ruedo el peor presidente de ese país en toda su historia: Mauricio Macri, una caricatura de lo que debería ser un político, un personaje de tercera que endeudó al país con una deuda externa impagable. Mientras, Cristina Fernández, mujer brillante, le hacía frente hasta sacarlo de poder a fuerza de votos con una alianza de poder junto a Alberto Fernández, Cristina terminó pactando con el nuevo candidato a la presidencia, para producir a la larga un fracaso estrepitoso, otra vez dentro del modelo neoliberal, lo cual dio origen a que el actual presidente, viendo al país nuevamente por los suelos, ha acudido a dar una vuelta por medio mundo buscando ayudas, fondos y préstamos. Le va a ser muy difícil salir solo de ese pantano donde ya se ha metido hasta el cuello, siguiendo los pasos de Macri. Qué lástima.

Bolivia. Evo Morales confió demasiado en su propio liderazgo, y no creó nuevos que pudieran proseguir su obra, creyendo que el pueblo sería siempre el mismo. Incluso le decía "hermanos" a sus peores enemigos, le brindó su confianza a un entorno que lo traicionaría. Entonces Yanine Añez entró en escena apoyada por fuerzas externas y usurpó el poder apoyada por supuesto por el gobierno del norte. Llegó Yanine y su grupo comprando, sobornando, pagando, pactando y finalmente se instalaron a hacer sus desmanes. Le hicieron un daño completo a Bolivia, burlándose de la gestión de Morales. Ahora, se le sigue un juicio a Añez por corrupción que ha puesta en evidencia toda la trama corrupta. El que la hace la paga, pero a Bolivia le va a costar un buen rato largo conseguir de nuevo un grado de prosperidad como el que se estaba llevando a cabo durante el gobierno nacionalista.

Ecuador. Es un caso triste, realmente. Sobre todo, por las características de la traición sufrida hacia Rafael Correa, por parte de una de sus personas de mayor confianza en el gobierno, Lenin Moreno, un hombre inválido de piernas pero muy astuto, quien fingió ser un revolucionario; en la primera de cambio traiciona a Correa de la manera más abierta. Era imposibilitado de caminar, pero muy retorcido en el momento de tomar el poder por asalto con el apoyo de la derecha, e implementar medidas contra el pueblo. (Recordemos que en España nunca le dicen pueblo al pueblo, sino "el conjunto de los ciudadanos") El veneno que inyectó Moreno a la nación mientras Correa se hallaba en el exilio fue letal, desmembrando cualquier posibilidad de recuperar la revolución ciudadana, pues tenía cómplices en todas partes. Se designaron otros presidentes, sin fuerza, sin voluntad de transformación social; sólo piezas para medio mantener el establecimiento. Debían exterminar por que sí todo lo que significara libertad, participación y logros de la ciudadanía.

Brasil. Lo de Brasil es sencillamente asombroso. Después de Lula y Dilma Roussef, ciudadanos honorables que ejercieron gobiernos progresistas en favor de trabajadores, obreros y campesinos, fueron víctimas a su vez de persecuciones, encarcelamientos y juicios injustos. A Lula lo encerraron, a Dilma le siguieron un juicio vergonzoso, ¿para qué? Para designar allí luego a una especie de verdadero tiranosaurio rex de la política, el señor Jair Bolsosaro, quien se ha encargado literalmente de desmembrar el tejido social y político de ese país y de ignorar la crisis sanitaria debida a la pandemia, además de ejercer de manera descarada una política descabellada en todos los órdenes. Se burló del pueblo y ahora enfrenta graves acusaciones de desfalco; ha salido a visitar medio mundo buscando el dinero que derrochó en su delirante gobierno. Bolsosaro es el prototipo del antigobernante, de un espécimen que es preciso abolir para siempre, en pro de la salud de nuestros países. Por ahí deambula, clamando ayudas de Rusia.

Chile. En este país ha ocurrido algo muy extraño. Después del grotesco asesinato de Salvador Allende y de la masacre perpetrada en Chile para deponer al criminal Pinochet y dar paso luego a distintas "democracias " representativas al estilo Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, verdaderos prestidigitadores de la política, quienes insistieron en privatizar los bienes y servicios, la educación y hasta el aire respirable, el pueblo chileno, no soportando más estas brutales medidas contra los trabajadores y obreros, han reaccionado recientemente votando contra ellos y eligiendo un nuevo candidato supuestamente "socialista", Gabriel Boric, quien al apenas salir elegido presidente, arremetió contra el gobierno e Venezuela sin que nadie se lo estuviese preguntando. Este muchacho, extraído de los laboratorios electoralistas chilenos más sofisticados, joven Golem construido con barro de varias fuentes posmodernas de Chile, espera a la larga una verdadera transición hacia un gobierno global, digital, light, simpático, desenfadado, con mucha cancha mediática de danza de capitales, pero igualmente vacío e insensible. Ya lo verán. No puedo reprimir mis tendencias apocalípticas que, por desgracia, casi siempre se cumplen.

Perú. En el Perú tenemos el caso insólito de un país que no ha acertado nunca con ningún presidente de ninguna tendencia, clase social o condición, una continuidad de fracasos y de presidentes fallidos, en cuya lista pudieran surgir Fujimori padre e hija, Toledo, Montesinos, Allan García, Kusinsky y otros que se me olvidan, pero todos parecidos en cuanto a ineptitud. El pueblo, cansado, dio su voto a un señor de enorme sombrero blanco llamado Pedro Castillo, que ha cambiado no sé cuántas veces de gabinete en apenas pocos meses, algo verdaderamente digno de realismo mágico dentro de la política latinoamericana. La improvisación y falta de preparación de Castillo saltan a la vista. La clase burguesa peruana lo debe estar viendo como a bicho raro, hasta que decidan aplastarlo cuando les esté trayendo demasiados problemas. Un prominente intelectual peruano, eterno premio nobel de literatura, en su juventud candidato a la presidencia sin lograrlo nunca, debe andar echando espuma por la boca, pensando que tal vez el Grupo de Lima, aquel maravilloso grupo de humanistas expresidentes al servicio de la bancocracia mundial, pudiera ser la solución.

Venezuela. Mi patria querida tiene varios problemas, y muy graves. Tiene demasiado petróleo, riquezas minerales y naturales, y una posición geográfica (cabeza de América Latina) que la convierten en una nación--botín de la cual bebieron muchos años ávidos ciudadanos de gran confort dentro y fuera del país, que bien pudieran ser prototipos de unos parásitos felices (Uslar Pietri dixit), ciudadanos que creen merecerlo todo sin trabajar, por el solo hecho de vivir sobre un subsuelo repleto de petróleo, y esta ventaja fue advertida por el binomio del pacto suscrito entre el bipartidismo AD-Copei, para hacer muy buenos negocios hasta finales del siglo XX, cuando llegó un comandante surgido del pueblo, con extrañas ideas socialistas, y destapó la olla. Los viejos líderes también estaban de a toque y se cayeron casi por si solos, con un pequeño empujón se derrumbaron, sin necesidad de hacer una guerra de guerrillas ni nada de eso. El comandante Chávez cometió el "error" de declararse amigo de Fidel Castro y de enfrentar al imperio más poderoso, y eso no se lo perdonaron. Lo hicieron envenenar y ahora arremeten contra su discípulo Nicolás Maduro a través de robos de activos, sanciones unilaterales y medidas coercitivas, o creando gobiernos paralelos que, desde el mandato de Donald Trump, andan por allí echando vainas (Guaidó, entre muchos otros, el ladrón universal por antonomasia). Aparte de esto, tenemos traidores selectivos dentro del propio proceso chavista, con lo cual no será fácil ir hacia adelante si no contamos con la ayuda del pueblo, la milicia y los nuevos liderazgos. Pero hay que intentarlo, pues de lo contrario también seremos objeto de más ataques, guerras, sabotajes, intentos de desestabilización, golpes de estado, planes de magnicidio. Tenemos aún mucho trabajo por hacer.

Honduras. Se pudiera decir que Honduras ha sido un país con un esquema de gobierno estructuralmente corrupto, donde los sucesivos gobiernos no han administrado los bienes de la nación de modo sistemático, situación que ha generado un clima de asfixia económica, social y política. Las pasadas elecciones en Honduras han arrojado resultados esperanzadores, donde su nueva presidenta ofrece en su discurso y actitud posiciones importantes, para terminar con ese estado de cosas. Se encuentra acompañada la presidenta de nuevas autoridades que pueden darle un giro positivo a esa nación. Honduras es un país de tierra fértil, ríos y agua a granel, paisajes maravillosos y un potencial que puede ser aprovechado para bien de una tierra y de sus ciudadanos que claman justicia.

Nicaragua. Durar mucho tiempo en el poder crea, de manera automática, la idea de tiranía o dictadura. Si un pueblo acepta constantemente una determinada oferta de gobierno, ello despierta sospechas, hace pensar a los observadores externos de que se trata de una dictadura, con independencia de si lo ha hecho bien, o no. Según ello, Bolívar, Castro, Chávez o Maduro serían "dictadores" (como bien lo cacarea la mediática neoliberal), como lo sería también Daniel Ortega, un gobernante que ha brindado en los últimos años verdadero bienestar a su pueblo. Intentaron sabotajes hacia él desde todos los frentes, desestabilizarlo, derrocarlo, pero Ortega y su gobierno se defendieron con todo. El reconocido escritor Sergio Ramírez, antiguo vicepresidente de Nicaragua en tiempos de Ortega, ahora es disidente y ya ha recorrido varios países denostando de aquel gobierno. Pero allí existen incidencias personales que van más allá del fenómeno político. Nicaragua es curiosamente el país del que me menos se habla, no sé por qué, le vaya bien o mal. Para mí es un enigma.

Conclusión. Sería un error ver estas situaciones por separado. Todas ellas tienen conexiones profundas entre sí, sobre todo históricas. Inciden unas sobre otras por vías indirectas o laterales. Un ciudadano sano observa la historia de cada país tratando de aprender lecciones de ellas; no de mirarlas con prejuicios o complejos, con miradas simplemente teóricas. La mayor parte de estos problemas debemos solucionarlos en común. Las crisis de gobernanza se agudizan y nos parecen algo normal, pero no es así. Lo que vemos en los noticieros son solo pálidos reflejos de lo que ocurre en la realidad. Podemos crear las nuevas gobernanzas nosotros mismos; la sociedad debe hablar con la sociedad directamente, no sólo a través de esquemas políticos preconcebidos. El nuevo orden mundial tiende a exacerbar el modelo de exclusión mediante guerras, injerencias, sabotajes, pandemias, gremios privilegiados, castas sociales, y mediante la alienación masiva con aparatos. Las carencias de nuestros países deben ser asumidas por los propios ciudadanos, quienes somos quienes conocemos verdaderamente las realidades. Muchos gobiernos son solo estructuras aparentes, cerradas, herméticas, donde se tejen la mayoría de estos males mediante los partidos tradicionales y organizaciones sociales ambiguas. Debemos admitir nuestros propios errores y deficiencias, y solucionarlos.

O inventamos o erramos. Aún estamos a tiempo.



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Gabriel Jiménez Emán

Poeta, novelista, compilador, ensayista, investigador, traductor, antologista

 gjimenezeman@gmail.com

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