Crónicas cotidianas

Y hay que protegerlos

Camila sonríe como nerviosa, pide permiso y se sienta a mi lado en el autobús, para de inmediato poner una bolsa grande sobre sus piernas. Abre su cartera y saca un tapabocas. "Porque una está vieja, pero eso no quiere decir que no debe cuidarse", comenta mientras echar un vistazo en silencio. Miraba por la ventana, conmigo al lado y comentaba cosas, como un mecanismo de buscar conversación. De repente se subió un hombre como de 40, mal encarado, ella solo alcanzó a decir "bicho… con esa cara", de inmediato le riposto, "bueno, a lo mejor es un trabajador que viene cansado y tiene ganas de llegar a su casa. A lo mejor va para Noguera". "Es verdad -señala ella- pero es que ya uno se pone nervioso, porque uno termina creyendo que todos son malos. Pero dígame usted, qué le pueden robar a unos pobres trabajadores que nos ganamos 10 o 15 dólares trabajando todo un día, porque el que se monta en un autobús, es persona pobre. Si tuviera plata, se compra un carro. Pero es que ando asustada porque ayer se me hizo tarde de limpiar una casa allí en Las Cuatro Avenidas. La señora me trae hasta la avenida Lara y de allí yo agarro el autobús. Me dejó a las seis. Ay señor, cuando se puso de noche, ya iban a ser las 7, y yo asustada, cuando se apareció el autobús, yo creo que era el último. Y había pocas personas. Pero di gracias a mi Señor que me subí. Llegaba solamente hasta el Central (Tacarigua), pero bueno, ya allí, yo caminaba hasta la casa que me queda como a seis cuadras. Bueno, cuando el autobús llegó a (Cauchos) Firestone, ya estaba oscuro y se montó un poco de gente, y el autobús se apagó. Mi madre, señor, y no quería arrancar. Se bajaron como seis hombres y abrieron ese autobús, y uno los escuchaba discutir, no, que si este cable, no que la bujía no sé qué. Por fin, como a la media hora el bicho prendió. Ya era de noche y estaba negro el cielo, se escuchaban los truenos lejos. Llegamos a Flor Amarillo, ya no había nadie en las calles y nadie se bajó. En la recta de Majagual se bajaron como diez personas y se subieron dos tipos. Pero a esa hora, ya comenzaba a llover, todos andábamos pendientes de llegar a casa y estaba muy oscuro señor. Llegando al Central, los chamos sacaron pistolas y dijeron todos quietos y denme los reales. La gente está como loca señor. Yo no sé dónde salió como el cabo de un pico y se clavó en la cabeza de uno de los chamos, Y de inmediato le dieron al otro. Pero dos pistolas señor y ni siquiera la pudieron disparar. Total, que le iban dando golpes y patadas. Yo creo que el del palo en la cabeza estaba muerto. Bueno, ahí en la bomba que está pa´subí a Noguera, pararon el autobús, había unos policías y los bajaron ahí, y la gente se empezó a bajar. La policía decía que no se vaya nadie porque este tipo está muerto, pero la gente seguía caminando con ese palo de agua. Yo también me fui. Ya estaba empapada. Traía unas cositas que me regaló la señora para los nietos. Dejé ese berenjenal allí".

.- ¿Y sí estaba muerto el malandro? Pregunté con curiosidad

.- Eso dijo el policía. El otro estaba sangrando por todos lados. Los policías encontraron las dos pistolas en el piso del autobús. Pero cuando yo me fui la mitad de la gente se había ido. Al final creo que se quedaron el chofer y el colector con los policías. Seguro que no les importa mucho, porque ya han matado por ahí a esos malandros de Las Palmitas.

.- Tiene razón de estar asustada. Le comento

.- Pero ya le dije a la señora que a las cuatro me iba, no importara lo que hubiera que hacer. Yo soy una vieja, pero quiero vivir, y o quiero morir por una bala. Tengo esa hija que abandonó al marido con tres muchachos. Menos mal que Chávez le dio esos bonos y le llegan como cinco bonos por todas cosas, pero ella trabaja. No gana mucho y yo la ayudo. Los pobres niños no tienen la culpa y hay que protegerlos. Les compramos sus cositas, van para la escuela. Hay que darles buenos ejemplos para que sean de bien, señor, porque en estos tiempos, quién sabe qué pasará.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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