Los caminos ya no son verdes, Presidente

No porque los de la tierra venezolana hayan dejado de ser del color del mastranto; planta nuestra con olor a serranías y llanadas que, con sus raíces, se ha salvado de la voracidad destructora del latifundio. Lo que es explicable, en cuanto que la especie, como el hombre de las cumbres y del llano adentro, se ha salvado de la razzia del avaro importador, aliado del terrateniente. Es decir que las raíces, tanto del ser humano como del árbol, se aferran al apego.

Entonces, Presidente hermano, el enemigo del surco y por consiguiente de la revolución socialista, bolivariana y cristiana, se nos está metiendo por unas cuantas trochas y veredas. Claro, es que se aprovechan de algunos flancos que por las mismas circunstancias no se han podido cubrir. Uno de estos es la falla en la producción agroalimentaria. El más vulnerable, por cuanto se trata del estómago de los desposeídos, si tomamos en cuenta que los grandes importadores son aliados del ocioso latifundio y de los que lograron riquezas materiales bajo la sombra del petróleo y las finanzas golondrinas quienes, para frenar el impulso revolucionario (es lo que ellos creen), tratan de acaparar lo que no producimos con lo que, por una parte, encarecen la comida de los pobres y por la otra se reservan el condumio, para que no les falte a sus aliados en cualquier eventualidad golpista, como ya sucedió en abril de 2002. Y uno acá, sospecha que quieren tirar la parada en este abril de 2007, ante la imposibilidad de sacar a Chávez de Miraflores por el camino real de las elecciones.

Así que mosca, camarada Presidente. Aunque ya a nuestro pueblo se le prendió el bombillo y la luciérnaga, con los que las moscas se encandilan. Lo dijo Marciano, quien sabe más que uno: “….El pueblo está mayoritariamente con La Habilitante y con la Ley que persigue a los especuladores…Chávez no puede flaquear (sabemos que no)…y cada quien sabe lo que tiene que hacer”. Con lo que deducimos que Marciano, como nosotros, está seguro que detrás de un 11 vendrá un 13. Y que no se atrevan a pasar de allí.

Pero también sabemos que, como es de ley en este caso, a quien demuestre enemistad hay que desarmarlo. No como dijo el “pirujo” Escobar Salom, contra el legítimo gobernador del Táchira. Ni como cuando cayapeó con sus escoltas de ministro de justicia, al militar adeco Peña Peña en la idem tanguera. Esos no son los métodos de nuestro presidente Chávez. Desarmar a los agiotistas acaparadores, a quien Maria Cristina llama criminales es quitarle el arma de la escasez, ya que del brazo armado golpista, sicario y paramilitarista, se encargaría el Ministro Raúl Baduel, con una urgente política de inteligencia para decomisar todas las armas de fuego y las otras de las que se valen los sicarios para matar a nuestra gente. Particularmente a nuestros campesinos, a los trabajadores petroleros y de la construcción. Esto es urgente Ministro Baduel ya que también están matando a nuestros muchachos de los barrios.

En cuanto a la escasez propiamente dicha, presidente Chávez, ya sabemos que esa es el arma de los acaparadores, criminales y golpistas. Vamos a desarmarlos, sin corbacho y sin mandador. Ellos pueden seguir importando para los mantuanos (los menos), a quienes no les agrada lo que produce nuestra tierra de la mano generosa de nuestra gente. Por ahora, nosotros podemos seguir importando de los países hermanos, incluida Norteamérica, del que su pueblo es solidario. Pero desde ya, debemos emprender una campaña hacia la producción masiva, con la puesta en práctica de la nunca fracasada política de colectivización. A los efectos, más temprano que tarde, suspender la programación de los créditos cooperativistas, que servirán como parte importante para pagar un salario digno a los compatriotas y las compatriotas que requieren de un incentivo, mientras el surco produce. A ese incentivo salarial, se le debe anexar la construcción de viviendas también dignas, colegio para los niños y vías de penetración, sin descuidar a Mercal.

Todo ello presidente amigo, a nuestra manera de ver, debe ser administrado por un ente autónomo y componente del estado, en coordinación con el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras como garante de la tecnología y sin rémoras burocráticas, como el actual ministro lo sabe hacer.

A los efectos, supongo que el presidente Hugo Chávez Frías nos habrá leído cuando sugerimos una PDVSA agraria, como la que, someramente, mencionó el presidente Kichner al lado de nuestro río padre: el gran Orinoco. ¡Cuánta agua! Qué bueno será cuando nuestra tierra se remoje con las bondades de tan grande camino de agua. Su palabra vaya adelante, Presidente Chávez. De su propia voz en Aló Presidente al menos dese por enterado.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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