Organizaciones post-guerra y su efecto en el ámbito comunicacional, educativo y económico

Todo hecho social es influido por los acontecimientos que se suscitan en cada entorno donde este se desarrolla. La interacción es inevitable de persona a persona, de institución a institución y de sociedades a sociedades. Cada conflicto deja, ha dejado y dejará huellas en lo económico, político, social y educativo. Al paso de cada acontecimiento mundial como los períodos de guerra el mundo sufre cambios. Observadores y analistas mundiales han expresado que el mundo contemporáneo se ha descrito como el de la revolución y la transformación de la sociedad, pues se han provocado brotes innovadores en lo social, en lo educativo, en lo económico y en lo político debido a las continuas guerras suscitadas hacia el poder.

Como parte de esos cambios emergieron organizaciones que luego de las guerras han formalizado estatutos con la pretensión de generar condiciones para reconstruir las políticas de desarrollo que permitan a los países la recuperación de la economía. Estos preceptos se han basado en construir una economía que debe buscar la plataforma que garantice su prevalencia en el tiempo lo que la direcciona ante dos grandes sistemas el Sistema Comunicacional y el Sistema Educativo quienes le garanticen la preparación de uno de los tipos de capitales expresados teóricamente como Capital Humano, idóneo para responder a la industria y a su vez que avale los canales por donde transitaran los mensajes estudiados para llegar a las masas. La educación desde esa perspectiva la considero un canal de comunicación por donde los mensajes estudiados llegan con claridad expresados a través del currículo por donde se dirige la formación de un país, creándose una dualidad comunicación-educación, dupla poderosa a través de la cual se influye de forma directa en la manera de pensar de la ciudadanía.

Algunas de esas organizaciones de influencia generalizada han sido la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (ONUAA) o más conocida como FAO, Organización Mundial de la Salud (OMS), Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entre otras, que emergieron en el contexto de la Guerra Fría. Ahora bien, indistintamente de cuáles y cuántas hayan sido lo relevante ha sido su efecto. Y, entre todas esas organizaciones la dualidad comunicación-educación es una constante explícita o no dentro de sus premisas constitutivas. Ya adentrados en el siglo XXI por más de dos décadas las organizaciones emergidas en la temporalidad postguerra parecen asumir la convicción sobre que la educación constituye un elemento clave para aumentar la productividad, abatir la pobreza y consolidar un desarrollo sostenible así como una distribución equitativa de bienes y servicios que se generan en el seno de las sociedades.

Es notorio el hecho de afirmar que la principal riqueza de un país reside en los niveles de conocimiento de sus ciudadanos lo cual resulta paradójico si las políticas para el desarrollo siguen utilizando al hombre como un medio y no como el fin. Los hechos y estadísticas reflejan el atroz aumento de hambrunas en distintos rincones del mundo todo derivado de situaciones que directa o indirectamente hemos generado los propios humanos aún bajo el certero hecho de que estamos inmersos teóricamente y estructuralmente en la sociedad del conocimiento. Organizaciones como la UNESCO emiten informes que reflejan realidades mundiales unas quizás esperanzadoras otras no tanto. Los índices de inclusión de la ciudadanía no demarcan que estén incluidas las condiciones óptimas para educar por ejemplo a distancia, lo cual quedó en evidencia durante la pandemia de la Covid-19 donde un grupo importante de discentes no recibió las adecuadas atenciones. Siendo ello un indicativo de que las políticas públicas en materia educativa y comunicacional siguen demandando atención oportuna.

¿Cómo se podría hablar de educación sin inmiscuir la economía o viceversa sin que la comunicación y los medios también sean parte de ello? Es bueno recordar que los medios de comunicación masiva y la persuasiva de los mensajes transmitidos constituyen una forma de educar a la ciudadanía y movilizar la economía. Durante la primera Guerra Mundial por ejemplo los medios de comunicación jugaron por primera vez en la historia, un papel importante en el desarrollo de una guerra quedando demostrado su gran poder. Se narra que una verdadera afluencia de panfletos, carteles, caricaturas, poemas, canciones incluso películas cinematográficas anegaban los países en conflicto o beligerantes. ¿Afectó ello al Sistema Educativo formal? Sí. Es lamentable, que los impactos de la guerra en los sistemas educativos quedan fuera del objetivo de las cámaras de los corresponsales de guerra, es decir, no se muestra maestros asesinados, centro educativos devastados o convertidos en asentados militares quedando millones de niños sin acceso a la educación y millones de dólares en las empresas que fabrican armas. No obstante, la mencionada realidad muy a pesar de existir organizaciones que desean encaminar los destinos de la educación y la economía para el desarrollo de los pueblos la historia se repite en este siglo XXI.

La comunicación como acto y los medios de comunicación tienen una gran relevancia en los conflictos bélicos y en el manejo de estos, pues ambos entes forman parte fundamental de todos los períodos del desacuerdo y de la intervención de terceros que fungen como mediadores y conciliadores en búsqueda de soluciones. Sin duda, los medios masivos de comunicación son coprotagonistas de la formación y la identidad de períodos de guerras; volviendo al pasado pero ahora a la segunda guerra mundial la radio fue el instrumento fundamental de propaganda, el efecto del indicado medio sobrepasaba fácilmente los frentes y además era la fuente principal de información para las retaguardias pues a veces la información estaba limitada por la escasez de papel para la publicaciones.

A través de estas organizaciones postguerras se han firmado acuerdos y tratados con la finalidad de fomentar la paz como un valor dentro de la educación y de educar para fortalecer la economía mundial desde diversos escenarios. Sin embargo, el transcurrir del tiempo y la diversidad de teorías y teóricos hace pensar en otras posibles verdades que subyacen e influyen en la mente de nosotros los humanos, es decir, la libertad de elegir o el libre albedrío. Por ello, se debe educar la conciencia desde valores centrados en la humanidad o los sentimientos afines con las cualidades y no con lo material. Lo que abarca el deseo sincero de comprender que lo mejor, no es lo que produce la industria, lo mejor y la excelencia son quienes producen. Esta es la verdadera materia prima nuestras habilidades cognitivas reflejas en nuestra materia gris cerebral.

En las últimas décadas del siglo pasado autores como Peter Drucker afirmaba en una de sus obras que el recurso más dominante de producción y decisivo no era ya el capital, ni la tierra y mucho menos el trabajo sino el conocimiento. No obstante, este por sí mismo no será productivo si se emplea con egoísmo y astucia esta última desde la connotación negativa. La actual sociedad demanda más que organizaciones en pro del bienestar, por supuesto respetando que ciertamente el conocimiento es el factor productivo por excelencia y la educación es clave para el conocimiento, la formación parece estar desconectada del mundo económico y el mundo económico direcciona hacia otro rumbo adecuándose a las realidades de inestabilidad de capitales y a los desafíos que la historia presenta en el tema de guerras, desastres naturales y los conflictos sociales en todos los confines del planeta.

raizagalindez@gmail.com



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