Kabul es la Saigón del siglo XXI y el dólar yanqui está en peligro

La huida del Tío Sam de Kabul es un patético "déjá-vu" del escape de los yanquis de Saigón (actual Ciudad Ho Chi Minh), después de la vergonzosa derrota en la Guerra de Vietnam. Los estadounidenses se empantanaron con la lucha de guerrillas del Frente Nacional de Liberación (Viet Nam Cong-San o Vietcong) en el sudeste asiático y se les desbarató el manual de conflagración "á l'européenne" que los hizo triunfar en la Segunda Guerra Mundial, ¡eso sí!, luego de que los soviéticos hubiesen realizado casi todo el trabajo a partir del retroceso de los nazis en el Sitio de Stalingrado. Tras 20 años de ocupación de Afganistán, Washington se zafó del conflicto más largo que haya librado antes en su historia: con el pretexto de que los talibanes daban cobijo a Al-Qaeda, el grupo extremista que había perpetrado los cuestionables atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono en septiembre de 2001 (*), la decadente superpotencia invadió dicho país para acabar -en teoría- con el terrorismo y terminó manufacturando franquicias como el Daesh que hacen el "tajo sucio" al Estado Profundo yanqui (**). A leguas se otea que Estados Unidos (EEUU) es el patrocinante global de la violencia, duélale a quien le duela.

Afganistán es un paisaje lejano y misterioso que casi ningún estadounidense podría señalar en el mapa, al igual que Vietnam; un territorio que ha sido blanco de imperios que han querido conquistarlo y han fracasado en el intento: los omeyas, los mongoles del Gengis Kan y los británicos, verbigracia. Durante nuestros primeros años en el pasatiempo del diexismo, la tierra de los "estudiantes religiosos" (significado literal de "talibanes") era una anhelada captura en el receptor de onda corta, al menos para los que estamos de este lado del planeta, y era muy emocionante escuchar las identificaciones en inglés o pastún de la Radio Afganistán de la "República Democrática". Para los que no lo sabían, en esa nación hubo un proyecto socialista entre 1978 y 1992, de la mano del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). La denominada Revolución de Saur decretó una reforma agraria, emprendió un plan de alfabetización, erradicó los cultivos de opio, prohibió la usura y reconoció los derechos de la mujer, entre otras medidas socialistas, lo cual no agradó a los sectores más conservadores y creyentes de la sociedad afgana. Washington atisbó la oportunidad de boicotear a un gobierno aliado de la extinta Unión Soviética, como lo era el de la Revolución de Saur, y financió el entrenamiento de insurgentes llamados "muyahidines", cuyo objetivo era derrocar al PDPA y revertir todos los avances obtenidos, sobre todo en lo concerniente a los derechos de las féminas. La ocupación soviética para ayudar a los socialistas afganos se consumó el 25/12/1979. Para Moscú era cuestión de honor auxiliar a un nuevo "socio" en la región, además de hacerse del control de un corredor estratégico de la zona en cuestión (cercanía al Golfo Pérsico y a relevantes productores de crudo). En plena Guerra Fría era primordial para los soviéticos frenar el avance de Washington en puntos neurálgicos adyacentes a la antigua URSS. No obstante, la contienda en el terreno fue dura para los soldados del Ejército Rojo y los muyahidines, apoyados por EEUU, desarrollaron una lid de desgaste que acabó por echar a los soviéticos en 1989. Tal como los vietnamitas en su resistencia contra los yanquis, salvando las distancias, los muyahidines conocían cada recoveco de su tierra y acometieron tácticas de combate irregular para las cuales no estaban preparados los ocupantes. Sin embargo, los socialistas afganos mantuvieron a raya a los insurgentes secundados por los imperialistas durante tres años más (tras la marcha de la ex URSS), lo que habla en demasía de la gallardía de estos camaradas y del nivel de preparación de sus soldados gracias -en buena extensión- a la intervención del conglomerado de la hoz y el martillo en dicho país. De hecho, Afganistán vivió una cruenta conflagración civil (1989-1992) después de la retirada del Ejército Rojo.

Esta nación asiática ha sido un auténtico rompecabezas debido a la cantidad de facciones que se han enfrentado entre sí en su gresca por el poder y ello se deriva de su compleja composición tribal: platicamos de uno de los Estados más fragmentados del orbe desde el punto de vista étnico, con unos 25 grupos diferenciados. Incluso dentro del mismo PDPA había dos alas: los Jalq (pueblo) que defendían los postulados del marxismo-leninismo, y los Parcham (bandera) que se decantaban por una postura más "moderada". A pesar de ello, la Revolución de Saur logró que la industria subiese desde el 3,3 (1978) al 10% (1985) del PNB; se establecieron casi 200 empresas estatales gracias al amparo soviético; se construyeron dos centrales hidroeléctricas; se aprobó una ley de salario mínimo; y se permitieron los sindicatos, entre otras conquistas de la clase obrera afgana. Por supuesto, el paradigma de un Afganistán socialista era un peligro para EEUU en tiempos de la presidencia del republicano, Ronald Reagan, en los que se presentaba a la fenecida URSS como "el imperio del mal". El revés en Vietnam, en 1975, reclamaba una victoria clave que devolviese la reputación perdida a EEUU, por lo tanto, brindar asistencia monetaria y militar a los muyahidines era el sendero para recobrar un poco el aura de invencibilidad del Tío Sam y anotarse posiciones en el tablero de la "Guerre Froide". Desde los años de la resistencia contra los soviéticos, la oposición afgana se fragmentó en siete partidos políticos sunitas y ocho chiítas, lo que nos da una idea de la cuantía de bandos y etnias existentes dentro del terruño: pastunes (mayoritaria), tayikos, hazaras y uzbekos, entre otras; los talibanes o "estudiantes religiosos" son un movimiento formado por miembros de las minorías de los pastunes que aprovecharon la confrontación entre los distintos clanes que enfrentaron al Ejército Rojo -y que tras la partida de éste se peleaban entre sí- para emprender una cruzada que los llevaría a tomar Kabul en 1996 e instaurar un régimen basado en la Sharía, ley islámica o cuerpo del derecho islámico. Los talibanes persiguen la "regeneración" de la sociedad musulmana a través de la observancia de los principios coránicos y del rechazo a toda idea de progreso político o económico, de acuerdo con sus particulares interpretaciones del Libro Sagrado, las cuales muchos expertos han considerado "anómalas".

LA GUERRA FRACASADA, EL PAPELÓN DE LA INTELIGENCIA GRINGA Y LA AMENAZADA SUPREMACÍA DEL DÓLAR

La invasión estadounidense a Afganistán, en 2001, puso fin al gobierno de los talibanes que se había instalado en 1996 y había logrado el dominio del 90% del país asiático. Los yanquis y sus satélites de la impresentable OTAN, provocaron muerte y destrucción durante dos décadas: se calcula que ha habido 150 mil fallecidos en 20 años de hostilidades y más de 2,5 millones de refugiados. La guerra que ha costado 2,6 billones de dólares a los contribuyentes estadounidenses (***), no ha hecho del mundo un lugar más seguro y, por el contrario, el terrorismo -Made in CIA- se ha propagado por todo el planeta. Para más inri, Afganistán se ha convertido en el mayor productor de opio de la esfera azul con 84% del mercado global (****). La embajada de Washington en Kabul costó 800 millones de dólares y cientos de millones de billetes verdes se gastaron en entrenar y equipar a un ejército afgano que debía contener a los talibanes cuando EEUU abandonase este enclave. Más de 88 mil millones de dólares se destinaron a la "seguridad" y lo más probable es que casi todo ese dinero se haya ido a los bolsillos de corruptos en Kabul y Washington. Quizás nunca sepamos las cifras exactas de la multimillonaria estafa del siglo, porque las pruebas las habrán destruido en la sede diplomática gringa de la capital afgana antes de la vergonzante desbandada estival.

El papelón de la inteligencia yanqui en Afganistán, que no previó la inminente caída de Kabul en agosto de 2021, será uno de los más memorables de la historia en el ámbito político y militar. En julio de este año, los "sesudos" del Distrito de Columbia estimaban que los insurgentes arribarían a la capital del país en un lapso de seis meses. No obstante, jornadas más tarde se modificaba ese plazo a un mes y más adelante a una semana, cuando los rebeldes se hallaban a escasos 50 kilómetros de la urbe de marras. Nosotros advertimos en Twitter de que los talibanes alcanzarían las puertas de Kabul entre el 15 y el 16 de agosto, y no nos equivocamos: la ciudad sucumbió ante los rebeldes el 15 de agosto. ¿Cómo pudo la inteligencia de Washington ejecutar semejante metida de pata? ¿Indica ello el categórico declive de un imperio que ni siquiera dispone de organismos de inteligencia competentes? Lo cierto es que la intempestiva salida de los estadounidenses de Kabul, evocó las dramáticas escenas de Saigón con la misma silueta del helicóptero Boeing CH-47 "Chinook" sobrevolando las respectivas legaciones y a 46 años de trayecto una de otra.

La estampida de los yanquis de Afganistán fue tan improvisada y humillante, que los soldados dejaron atrás sus pertrechos "aderezados" con dos mil vehículos blindados, varios helicópteros UH-60 Black Hawk -que los talibanes han pilotado sin mayores inconvenientes- y drones militares ScanEagle con lentes de visión nocturna. El Tío Sam ha sido el hazmerreír del planeta y hasta los medios estatales chinos se han mofado al enunciar que la toma del poder en Afganistán -por parte de los talibanes-había sido más pacífica que la transición presidencial en EEUU. Sin duda, este estridente desastre de Washington en las coordenadas de los pastunes, es la lápida definitiva de la otrora supremacía militar de los yanquis y coloca aún más en entredicho el "prestigio" de EEUU como superpotencia que pueda promover guerras y ganarlas. Justo esa aparente fortaleza para avasallar a sus enemigos es lo que ha garantizado la continuidad del dólar como moneda de reserva global. La verdad incuestionable, hasta hace pocos años, era que desafiar al sistema financiero anclado en el billete verde traía graves consecuencias. Sin embargo, los imperialistas WASP ya no son capaces ni de escapar "con elegancia" del campo de batalla y poderosos adversarios como China o Rusia toman nota de esto entre risas. Por ende, ahora más que nunca, las jornadas del rectángulo glauco como líder terrenal absoluto de las divisas fiduciarias, están tocando a su fin.

El rotundo traspié del Tío Sam en Asia Central pasará a los anales como la fecha oficial de caducidad del emporio estadounidense: si algunos han sostenido que Afganistán fue el Vietnam de los soviéticos, con mucha propiedad podemos proclamar que Afganistán ha sido un segundo Vietnam para los yanquis. Al menos el Ejército Rojo aprendió la lección, no así el complejo militar-industrial gringo; si bien los talibanes no son santos de nuestra devoción y los consideramos una estruendosa regresión en relación con la Revolución de Saur, hay que reconocer que sólo los afganos podrán resolver sus agudas discrepancias étnicas y religiosas, sin la odiosa intromisión de potencias foráneas. En definitiva, Kabul es la Saigón del siglo XXI y hay estridentes paralelismos que erizan los pelos: un raudo avance del enemigo que el invasor no se figuraba, una danza de helicópteros que pululan sobre embajadas y ríos de gente que se abren paso por rúas colapsadas. Nunca antes fue más verídico que EEUU es un tigre de papel y los hechos lo declaman. Yankee go home!

ADÁN GONZÁLEZ LIENDO

@rpkampuchea

P.D. ¿Razones por las que EEUU se metió en Afganistán? Podemos enumerar varias: la primera, arrinconar a China, Irán y Rusia en un contexto posterior a la Guerra Fría. Verbigracia, Washington siempre tuvo objeciones con Putin a pesar de que éste fuese percibido -al principio- como un "delfín" de Boris Yeltsin. La segunda, cimentar un novel punto de acceso -para EEUU- al Golfo Pérsico, ruta por donde transita el 40% del petróleo que se produce en el planeta. La tercera, tener un abastecedor seguro de opio, a "low cost", para la elaboración de heroína y garantizar a millones de adictos estadounidenses el acceso a esta droga. Para muestra un botón: en 2001, año de la invasión, en Afganistán había ocho mil hectáreas de amapola (flor de donde se extrae el opio) y en 2020 ese guarismo se había incrementado a 224.000 hectáreas, c'est-á-dire, un aumento de 2.700%. Ahora bien, ¿por qué el Tío Sam abandona el terreno de los pastunes en 2021? Vayamos por partes. Primero, la depresión económica en la nación del Norte y la impopularidad del conflicto en la opinión pública estadounidense, obligan a escabullirse de allí. Segundo, Washington -hoy en día- prefiere avanzar contra Rusia por Europa del Este, encarar a China desde Taiwán y neutralizar a Irán desde Israel (¡reducción de costos operativos!). Los halcones del Potomac han "privatizado" las hostilidades en el extranjero al utilizar empresas contratistas como Blackwater para sus propósitos bélicos, empero, tampoco resulta lucrativo permanecer en Afganistán por la inestabilidad ocasionada por los choques tribales en este país. Tercero, Colombia ha sido consolidada como proveedor confiable de estupefacientes -como la cocaína- después de la implementación del Plan Colombia que apenas nacía en 2001, por consiguiente, continuar en las coordenadas asiáticas carecía de sentido para EEUU.

(*) Hay muchas interrogantes sin responder en relación con los ataques del 11S en EEUU y todo indica que se trató de un "trabajo interno" de los servicios de inteligencia yanquis para reactivar el aparataje armamentístico del Tío Sam. El afianzamiento de la hegemonía estadounidense en esa parte del orbe (Medio y Lejano Oriente) era vital para esbozar "líneas rojas" a los rivales, en un escenario posterior a la extinción del bloque socialista. Hasta la actualidad, por ejemplo, nadie ha podido explicar por qué el edificio WTC 7, del perímetro del World Trade Center, se desmoronó sin haber sido impactado por aeronave alguna aquel 11S. La Universidad de Alaska Fairbanks sostiene que sólo una falla "casi simultánea" de todas las columnas de la estructura, por debajo del piso 17, podría haber provocado tal calamidad. ¿Demolición controlada?: https://www.prnewswire.com/news-releases/university-study-finds-fire-did-not-cause-3rd-towers-collapse-on-911-300911896.html

(**) https://iela.ufsc.br/noticia/24-cosas-sobre-isis-y-al-qaeda-que-no-quieren-que-sepas

(***) https://www.abc.es/internacional/abci-cuanto-costado-guerra-afganistan-nsv-202108171603_noticia.html

(****) https://www.swissinfo.ch/spa/afganistan-opio_el-cultivo-de-opio-en-afganist%C3%A1n-se-dispara-tras-aumentar-un-37---en-2020/46589430


 



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Adán González Liendo

Traductor, corrector de estilo y locutor

 elinodoro@yahoo.com      @rpkampuchea

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