Juana Azurduy

"Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre"

Simón Bolívar.

Mujer, madre, esposa, mestiza, guerrillera, revolucionaria y una de las grandes figuras de la independencia americana. Nació en 1780, en Toroca, (actual Bolivia) en plena Revolución Andina. Vale la pena mencionar que esta fue una de las revoluciones más importantes; no solo de los Andes, sino de todo el continente y que marcó la vida de esta mujer extraordinaria. Es muy probable que en el desarrollo de su vida, Juana creció escuchando las historias sobre el protagonismo de las y los revolucionarias/os contra las reformas borbónicas, la casi palpable posibilidad de acabar con la colonia e instaurar un gobierno independiente dirigido por indios, negros liberados y mestizos, pero a la vez, también fue testigo de los abusos del sistema colonial y especialmente de la aristocracia criolla contra las masas sometidas.

Desde su juventud, Juana mostró dotes de rebeldía y oposición al sistema. El destino le tenía reservado ser monja, pero escapó del convento y trazó su propio camino. Se casó con alguien que tenía ideales muy parecidos a los de ella. Manuel Padilla, fue también un incansable luchador y juntos se complementaron y formaron una familia que hizo temblar al sistema colonial por más de una década. Desde los primeros levantamientos Juana Azurduy y su esposo fueron pilares en los grupos que se inclinaron por la ruptura total de la corona española. Sin embargo, la pareja no solo se conformaba con la separación política. Proponían que el proceso de independencia debía ser encabezado por profundas transformaciones sociales y económicas como la reivindicación de lo indígena, eliminación del sistema de castas e igualdad. De esa forma se lograría la verdadera independencia.

En mayo de 1809, participaron en el movimiento de Chuquisaca (actual Sucre). A pesar de ser un levantamiento encabezado por élites criollas, el matrimonio se adhirió a grupos indígenas que buscaban reivindicar sus derechos negados desde el inicio de la conquista. El movimiento fue derrotado en enero del año siguiente debido al poco apoyo popular. Después de este fracaso, la familia Padilla-Azurduy junto con pueblos indígenas de la región reorganizaron la lucha, e iniciaron la guerra de guerrillas en los Andes centrales, zona donde ocurrieron las más duras y disparejas batallas durante la guerra por las independencias. Juana colaboró en la organización de miles de guerrilleros andinos y dirigió varios combates desde la primera línea. Las guerrillas andinas y la geografía montañosa se convirtieron en una eficaz barrera que impidió que los ejércitos coloniales provenientes de Lima y otras bases de la corona avanzaran hacia el sur para sofocar los levantamientos que tenían su epicentro en Buenos Aires desde 1810.

En el Alto Perú1, el movimiento guerrillero contenía el anhelo de independencia, pero se caracterizó por la lucha para finalizar la opresión, representada en un duro sistema económico de explotación basado en la servidumbre indígena y esclavización negra. En otras palabras, la lucha libertaria del Alto Perú, propuso un nuevo proyecto social y económico, que no solo se enfrentaba a al modelo absolutista monárquico, sino al modelo excluyente criollo.

A pesar del éxito de las guerrillas andinas, algunos altos mandos del ejército provenientes de Provincias Unidas miraron con menosprecio los esfuerzos guerrilleros. Juana, su familia y las fuerzas andinas fueron relegados a tareas menores. Estos ejércitos fueron derrotados una y otra vez entre 1811-1813 y tuvieron que retirarse del escenario andino; sin embargo las guerrillas se mantuvieron en la guerra. En las montañas de los Andes centrales Juana se destacó como una experta estratega. Realizaba emboscadas, repliegues y operaciones relámpagos, como cuando rescató a su marido de prisión, y pudo mantener atosigado al ejército colonial por años. Durante este período los guerrilleros en pequeños territorios arrancados a la colonia fundaron las llamadas "republiquetas".

Ante el posible fracaso del proceso independentista criollo, un grupo de estos cambian radicalmente de política. Utilizaron los principios de la Revolución Andina con el propósito de ganarse la voluntad de los indígenas, negros y mestizos los cuales eran las mayorías. Estos pueblos quienes fueron históricamente negados, desplazados y racializados, se convirtieron en un poderoso ejército y fue cuando por fin se lograron las más importantes victorias de las independencias.

Una de estas victorias fue en Potosí en 1816. Este centro industrial minero no era cualquier lugar en el mapa, sino que se trataba de una de las capitales del mundo. Durante siglos, de sus entrañas se extrajo gran parte de plata que generó el enriquecimiento de empresas y personas desde América hasta China y fue uno de los factores fundamentales de la consolidación del capitalismo global. Pero a la vez Potosí era sinónimo de explotación, humillación y muerte. Muchos indígenas eran forzados a trabajar en el Cerro Rico de Potosí a través de un sistema esclavizante denominado la "Mita". Para el pueblo andino era primordial tomar este lugar, no solo por su valor económico, sino como una forma real y simbólica de poner fin a la conquista.

Juana Azurduy dirigió un ejército formado por mujeres e indígenas, el cual tomó Potosí el 8 de marzo. Vencieron al ejército colonial, encabezado por un regimiento élite, especializado en contraguerrillas y que ya había derrotado levantamientos en Chile durante el proceso de la reconquista. Con esta victoria quedaron liberados una parte importante de los Andes Centrales y quedó casi anulada la posibilidad de expediciones realistas hacia el sur. Por esta acción Juana fue ascendida a teniente coronel por Güemes, además Belgrano en reconocimiento por su valor y liderazgo le entregó su propio sable. Sin embargo, el honor más grande fue el otorgado por su pueblo. En los Andes, los nombres sirven para indicar los atributos y fuerza que posee un ser. Es por eso que varios revolucionarios andinos cambian sus nombres como Tupac Katari o bien ya contaban con uno que representaba sacralidad como es el caso de Tomás Paniri. Juana fue bautizada por su gente como Pachamama. Con ese nombre encarnó en ella al ser más venerable del mundo andino, dador de vida y también de liberación.

A pesar de esta importante victoria, la estrategia de los criollos patriotas se enfocó en el Cruce de los Andes, liberar Chile y posteriormente atacar Lima a través de un desembarco. Esto dejó comprometida la posición de los guerrilleros; sin embargo, continuó la resistencia y la lucha hasta la consolidación de las independencias.

Juana dio todo y más de lo que tenía por la liberación de su pueblo. Su casa y pertenencias fueron confiscadas durante la guerra; pero lo más doloroso fue que perdió a cuatro de sus cinco hijos y también a su compañero. Manuel Padilla fue muerto por las tropas realistas y exhibieron su cabeza en una pica. Juana logró rescatarla después de una valiente incursión y así darle una digna sepultura.

Después de las guerras, Simón Bolívar la nombró el primer coronel de la recién creada Bolivia (un fragmento de lo que fue la parte norte de Provincias Unidas). Juana, denunció en varias ocasiones que los gobernantes de esta nueva Bolivia, eran las mismas oligarquías criollas a las que ella combatió y que mataron a su familia. Como castigo, le retiraron sus pensiones, tanto por ser viuda de un combatiente y por ser coronel del ejército. Murió en la absoluta pobreza en 1862.

La vida de Juana es una historia contra las hegemonías que presentan a las independencias como un logro exclusivo de una élite blanca criolla y patriarcal. Sin embargo, fue una lucha encabezada por los marginados/as quienes finalmente consiguieron acabar el sistema colonial. Las repúblicas de Argentina, Bolivia y norte de Chile les deben su independencia a Juana Azurduy y su ejército de mujeres e indígenas. Para estos pueblos el 8 de marzo debe tener doble significación, es un día revolucionario enaltecido por mujeres. Después de 200 años todavía quedan tareas pendientes. En el contexto actual no podemos olvidar a Juana, es importante reivindicar su nombre y continuar la lucha contra el racismo, la exclusión y las diversas formas de colonización que todavía persisten.



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