Aló Presidente

No es para la “jaladera” del mecate aquél, el de la humillación, con lo que se congraciaban los oligarcas de los siglos IXX y XX, y contra el que combatieron hombres valientes, revolucionarios, como Ezequiel Zamora, Pedro Pérez Delgado y Gustavo Machado, entre otros. Por eso, los aduladores no están de este lado señores intrigantes, disociadores y sedados de tanto brincar talanqueras. De paso estamos alertas respecto del veneno que contendría un libro “bautizado” por el siempre amigo de Marcel Granier allá en Caracas, valido del respetado nombre de ese gran líder que fue Gustavo Machado.

Lo que quizás no menciona en ese libro, es que el camarada Gustavo fue quien primero levantó la cerviz contra la canalla, cuando se sinceró públicamente en un acto con la clase obrera: “…dicen que los comunistas comen niños crudos…yo soy comunista”. Tampoco dirá el libro de Manuel Felipe Sierra que Gustavo Machado, por defender al pueblo contra los aliados suyos (de Sierra), fue expulsado del país por lo que llegó hasta la Nicaragua de Sandino donde también se morían los niños “crudos” de HAMBRE y epidemias.

Ahora a lo presente, pero sin dejar resquicios a los intrigantes y disociadores de oficio. Tengo que confesar (discúlpeseme lo de la primera persona, no es arrogancia) que, a pesar de mis deseos, no pude escuchar más allá del 30% del primer del primer Aló Presidente después de la reelección. Pero no es eso lo más importante, Presidente Chávez. Vamos bien, y a la cuarta va la vencida. Llevamos una. No le pare a los cantos de pájaros de mal agüero, como el mexicano del PAN, impuesto como presidente de aquel país hermano para sumarlo al mermado coro imperial de la perorata por la “preocupación de un gobierno vitalicio en Venezuela”. Allá los cocacoleros con sus 80 años de PRI, ahora con careta de PAN.

Pues bien, ni Teodoro el del abrazo en Tacagua con Alliegro y del réquiem de VIASA, ni el Rosales del alborozo con Carmona “el breve”, tienen vela en el entierro del pasado ya que se les apagó. Confórmense con el derecho a pataleo, pero no intriguen.

Ahora sí, camarada Presidente. Para este humilde servidor que incrementó aún más la esperanza, no importa lo que me quede por vivir, cuando usted se refirió al caos por saturación de la Caracas donde nacieron y estudiaron mis hijos. Sabemos que es un problema heredado, hermano Presidente. Pero como el sin sentido de la criminalidad, también de vieja data, tenemos que resolverlo. Y en parte la solución estará en la firme decisión, que debe ponerse en práctica lo antes posible, para la descentralización de las empresas y unos cuantos despachos y oficinas ministeriales, que también deben salir de Caracas con todos sus empleados y obreros.

Nótese que al caos peatonal se agrega el problema del exceso de vehículos automotor para transportar, desde los ejecutivos hasta el aseador, de una cordillera a otra de la ciudad. Amén de los centenares de miles de compatriotas que tienen que trasladarse desde las ciudades “dormitorios”. Ese vaivén no sólo crea conflicto peatonal. Son muchas las coordinaciones mentales que se dislocan, lo que hace al humilde viandante presa fácil de los ladrones, infiltrados en el laberinto buhoneril.

Presidente Chávez, la Gran Caracas seguirá como ejemplo de las demás ciudades del país. Esperamos que, bajo su gobierno que es del pueblo, sea el espejo que usted, simultáneamente al remozamiento de la cuna del Libertador, nos lo haga llegar a las otras 23 entidades. Pero previamente desconcéntrela de empresas y ministerios, las y los que, perfectamente pueden reinstalarse en los amplios espacios de cada una de las otras entidades regionales del país. Eso sí, de manera equitativa, y en cuyas adyacencias sean edificadas viviendas dignas para los empleados y trabajadores. El caso especialísimo, y único por ahora, del ministerio de Industrias Básicas y Minerías, con el chino José Khan al frente, es un buen ejemplo a seguir en cuanto a los demás despachos ministeriales.

Por otra parte, Presidente, Caracas no merece el castigo del embaulamiento de sus quebradas. Canalizarlas sí, como se está haciendo con el río Guaire. Si nuestros camaradas Alcaldes (Barreto y Bernal) no lo ven así, que les sirva de ejemplo el caso de Lídice, barrio humilde del que desaparecieron aproximadamente 50 personas, como consecuencia de la última vaguada que bajó del Ávila como una tromba por la quebrada de “Campo Elías” ya embaulada; desbordó el embudo de concreto, y arrasó con las humildes casas ribereñas. Y este no es el único caso trágico debido a los embaulamientos.

Y para finalizar, Presidente, incorpore a la solución habitacional de Caracas a los espacios llenos de escombros de Caño Amarillo, Pagüita, Av. Sucre y Los Flores. Y a los cerros no urbanizables: mango, cotoperí, maco y araguaney, para que vuelva el canto de los pájaros.


pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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