(¿O dejamos, muy izquierdistamente, que Maduro caiga?)

Dólar, Socialismo, Comercio y Producción

Urge que aclaremos, discutamos y procesemos muy bien varios conceptos, categorías, realidades y elementos propios de la economía, antes de que termine una gran parte de la izquierda venezolana, que apoya actualmente a Maduro, huyendo a los brazos de Guaidó o de María Corina Machado y hasta armándose (bélicamente) para hacerle la guerra frontal, abierta, decidida, militante y rabiosa al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.

Se observa, se palpa y se huele una especie de estado de shock, una crisis de identidad existencial, un caos paradigmático, en varios "camaradas" por el supuesto giro de Maduro hacia la derecha, hacia el capitalismo, hacia lo que algunos se atreven a denominar, incluso, como traición a Chávez, al pueblo y a la revolución.

Comencemos con la siguiente figura literaria: Hace 22 años sobre una amplísima extensión de territorio (más de un millón de kilómetros cuadrados) se le ha venido pidiendo, exigiendo, exhortando a los izquierdistas, al pueblo, a la fuerza armada, a Chávez, al MBR - 200 (luego PSUV), al GPP, al Frente Francisco de Miranda, a la Misión Vuelvan Caras, al Ministerio de Economía Popular (MINEP), al de Planificación, al de Finanzas, a los de Educación, a las comunas, al INCES, a los cultores y cultoras, a los campesinos, a los obreros, a los intelectuales, a los estudiantes, a los indígenas, a los científicos... que construyan el socialismo.

22 años después de aquella victoria electoral de Hugo Chávez en 1998, no se pudo ni siquiera echar una basecita sólida de aquel edificio llamado socialismo.

Hoy día presenciamos el fracaso, el desastre, la quiebra de una gestión económica, política y social del Gobierno iniciado por Chávez en PDVSA, las industrias básicas, CANTV, CORPOELEC, el INCES, el Metro de Caracas, el plan ferrocarrilero nacional, los hospitales, las escuelas, las hidrológicas, el campo, CVAL, los fundos zamoranos, los saraos, los nude, las misiones, el centro genético Florentino, los ferrys de Margarita, las empresas tomadas, MERCAL, la UBV, UNEARTE, las salas populares de la Cinemateca Nacional, los módulos de Barrio Adentro, los CDI...

Duele. Sí, duele muchísimo reconocer que haya sido así. Nos negamos a aceptar auto críticamente ésta realidad, de la que fue, y es, partícipe la izquierda que ahora quiere comenzar a odiar a Maduro por estar haciendo lo que necesariamente tiene que hacer para revertir justamente aquellos fracasos, aquella quiebra, aquel desastre.

La figura literaria de la construcción del socialismo no nos atrevemos a mirarla ni por pura abstracción imaginativa. No se logró nada, así de sencillo. Independientemente de las causas, la realidad concreta, fuera de la imaginación, es que nada de lo que se hizo (socialistamente hablando) funcionó. Nada.

Le achacamos la responsabilidad de todo al imperio, a la corrupción, a los infiltrados, a los cubanos, a los asesores españoles, a los asesores franceses... Pero la sacrosanta izquierda venezolana no partió un plato. Los espacios autogestionarios exitosos, soberanos, libertarios y rebeldes del socialismo, construidos por izquierdistas pululan por doquier ¿Verdad?... ¡PUES NO! Tampoco hay de estos espacios por ninguna parte.

Siendo así nuestra panorámica nacional, Nicolás Maduro viene tratando de, por lo menos, llevar éste barco al astillero para repararlo, para tratar de rescatar lo que se pueda. Otra figura literaria (esta del barco) que requiere de una mínima abstracción imaginativa. Es más fácil imaginar la reparación de un barco que la reparación de un millón de kilómetros cuadrados con más de 25 millones de personas encima.

En la reparación, y ahora vamos a la dialéctica de lo concreto (como lo diría el gran Karel Kosík, un filósofo marxista checo que le caería muy bien leer a la izquierda venezolana de éstos momentos), no podemos ir a una concepción pre ideológica o pre discursiva, sino a una filosofía de la praxis que nos permita ver, sentir y actuar la realidad como lo que es y no como lo que quisiéramos que fuera. En esto, Kosík fue particularmente durísimo contra Heidegger, pero eso es harina de otro costal. Lo bueno de éste asunto es descubrir que nuestra izquierda actual es más heideggeriana (y por ende metafísica) de lo que podía esperarse. Digo bueno, para comprender un poquito mejor su estado de shock, su crisis existencial, su caos de pensamiento y de paradigmas. Pero insisto, esa harina debe ser comida en otra cena. No en la de esta noche.

En la reparación tenemos que buscar las herramientas ¿Cierto?

El título de éste material señala cuatro de esas herramientas: Dólar, Socialismo, Comercio y Producción.

Del socialismo ya aprendimos lo que NO debe hacerse. Sin embargo, no podemos despachar esta herramienta así por así. Tenemos que evaluar estos 22 años de socialismo en Venezuela para que, con absoluta frialdad de cabeza, sepamos realmente por qué fallamos. Año por año, plan por plan, modelo por modelo, aventura por aventura.

Esa aventura de los satélites Miranda y Simón Bolívar, por ejemplo, tenemos que evaluarla, analizarla, criticarla y sacar de allí los aprendizajes que requiere una revolución socialista seria.

Esos fundos zamoranos, los nude, la gestión del Metro de Caracas, de PDVSA, tenemos que analizarlos, verlos crítica y proactivamente, y hacer las profundas transformaciones que tengamos que hacer quienes somos parte de este gobierno presidido por Nicolás Maduro Moros, o simpatizamos con él. Si dejamos que ésto lo haga el fascismo en el poder, de la mano de un Guaidó o de una María Corina Machado, es fácil adivinar que ellos no lo harán para corregir y mejorar, sino para barrer con violencia y apoyo gringo todo lo que huela a Maduro, todo lo que huela a Chávez, para llevarnos del desastre que podemos corregir a un infierno de ultra derecha como el que viven los chilenos, los colombianos, los peruanos.

De las otras herramientas: Dólar, comercio y producción, tenemos que dejar de tenerle tanto pánico al dólar, para comenzar. En esencia, desde el punto de vista capitalista, trabajar con dólares es exactamente lo mismo que trabajar con bolívares. El dinero no es más que un auxiliar de la organización de la sociedad. El problema es la riqueza: ¿Cómo se genera y cómo se distribuye?

Dean Xiaoping, el arquitecto de las reformas chinas post Mao, sentenció: "El socialismo no es para distribuir pobreza, sino para distribuir riqueza". Algunos de nuestros izquierdistas metafísicos venezolanos se niegan a mirar el socialismo desde esta perspectiva. Prefieren la pobreza, reproducen la pobreza, se gozan en la pobreza. Muchos ministerios y espacios productivos estuvieron en manos de estos metafísicos y los resultados están a la vista.

Y llegamos a la última estación: La producción. Aquí, en este modesto escrito, le tocó ir de último, por mera filosofía de la praxis, pero en teoría y en realidad concreta debería ir de primero.

Podemos producir y no generar dinero, pero es seguro que generaremos riqueza. Riqueza que luego podremos distribuir equitativamente, tomando en cuenta, eso sí, tasa de retorno de la inversión (con mediación de algún tipo de forma dineraria), reposición de materia prima, sana administración, rendición de cuentas y adecuación tecnológica, investigación de mejoras, buenas prácticas industriales y comerciales, dinámica de mercado. Muchos de nuestros gerentes, dirigentes, ministros, alcaldes, gobernadores, líderes de izquierda, de centro y de derecha, en espacios como Agroisleña, Café Venezuela, las harineras iraníes y brasileñas, Grupo PRO, CORPOELEC, las empresas básicas, CANTV... no tenían la más mínima idea de cómo hacer nada de ésto. El resultado: la quiebra.

Por eso es que Maduro tiene que hacer lo que está haciendo. Si, tocará enmendar con algunas o casi todas las medidas que se aplican en un contexto de economía capitalista. Hay que levantar la producción, hay que generar riqueza. Tenemos que trabajar. Tenemos que ser disciplinados. Y además, tenemos que defendernos de los ataques que vienen de afuera y de adentro. Tenemos que reorganizar el terreno y, prácticamente, comenzar de cero.

Lo contrario sería jugar, muy izquierdistamente, a que Maduro caiga.

Estamos a tiempo. Promovamos y apoyemos la Ley Antibloqueo.

Seamos capaces de enmendar los errores que cometimos con la paz que nuestro presidente Nicolás Maduro Moros viene garantizándole a nuestra patria.



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