Terrorismo de Condominio

El fenómeno de la dolarización en Venezuela como parte de la guerra económica comenzó en el año 2013 con la llegada de Nicolás Maduro al poder. Algunos sectores de la economía venezolana entre ellos la banca, Fedecamaras y Conindustria iniciaron una agresiva campaña destinada a destruir el bolívar. Por varios años, el conocido “dólar negro” o “dólar Cúcuta” sirvió como punta de lanza para aniquilar el aparato productivo nacional. Todo esto, llevó al gobierno nacional a decretar la Reconversión Monetaria en 2018 con el fin de salvaguardar nuestro signo monetario.

En los últimos meses como consecuencia del covid19 este fenómeno se ha venido agudizando. En muchos negocios, los precios en bolívares han sido sustituidos por el dólar; tampoco es extraño ver como llegan algunas personas a locales comerciales exhibiendo sus “verdes” con un aire de arrogancia. En colegios, supermercados y ofertas por internet, el dólar se ha consolidado como el medio de pago. De acuerdo con algunos estudios realizados sólo un 14% de la población venezolana tiene acceso al dólar. A esto se suma la gran cantidad de dólares falsos, así como los provenientes del lavado de dinero que circulan por el mercado.


En algunos países con graves crisis económicas con una incontrolable inflación, la introducción del dólar ha permitido estabilizar sus cuentas fiscales. Sin embargo, en Venezuela ha ocurrido todo lo contrario siendo el único país donde la moneda norteamericana se ha visto golpeada por la inflación. En algunos países que actualmente tienen graves crisis internas, como es el caso de Suiza cuyos bancos atraviesan una delicada situación financiera, estos han tomado la decisión de cerrar cuentas de venezolanos, algo parecido sucede en los EEUU.

La actual crisis económica llegó a la mal llamada clase media. No es extraño ver como en edificios de las zonas de clase media se pueden observar ventanas rotas, cortinas de papel periódico y carros estacionados, cubiertos con lonas, plásticos y hojas de árboles por falta de repuestos. Son muchas las personas que han perdido sus empleos o han sufrido mermas en sus ingresos. Para algunos de ellos, lo poco que perciben lo tienen que destinar a comida y medicinas, y en muchos casos no les alcanza.

En este contexto, el flagelo de la dolarización también llegó a los condominios. Las Juntas de Condominio han sido tomadas por asalto por pequeños grupos de propietarios bajo el pretexto de que se deben realizar trabajos para revalorizar el inmueble. Una de las características más resaltantes de estos “grupos de asalto” es que asumen las funciones de Junta de Condominio y suelen estar integradas por inquilinos - militantes radicales- de la oposición. En muchos casos estos sujetos, han estado involucrados en guarimbas, cacerolazos y ataques contra simpatizantes del chavismo.

Las “Juntas de Asalto” de los condominios se reúnen en privado, ejecutan trabajos y reparaciones sin consultar a los demás copropietarios. Una vez realizados, le notifican al resto de los copropietarios de que deben de pagar una cuota en dólares para la cancelación de los mencionados trabajos y reparaciones. A la vez, le informan que tienen un plan de trabajo para continuar las “supuestas” mejoras del inmueble. No les extrañe que después de estos cobros vean a estos vecinos de la “Junta de Asalto” comprando enseres nuevos, electrodomésticos, comida gourmet, y mostrando un “nivel de vida” poco cónsono con la crisis que estamos viviendo.

En aquellos casos en que un copropietario tiene el atrevimiento de preguntarle a un integrante de la “Junta de Asalto” acerca de algún aspecto relacionado con la deuda, la respuesta será: pague pronto que los precios suben todos los días. Y que decir, si se le ocurre consultar por facturas, alícuotas, recibos de pago o rendición de cuentas, le contestaran con un tono de altanería que la decisión fue de la “Junta de Asalto” y que eso no se discute.

La Ley de Propiedad Horizontal establece las funciones de la Junta de Condominio, su forma de elección, sus responsabilidades, y en especial lo relativo a la transparencia su gestión En ninguno de sus artículos contempla que un grupo de vecinos se organice para hacer lo que les venga en gana. Pero resulta que estas “Juntas de Asalto” violan toda esta normativa, creyéndose los dueños de los inmuebles. A dónde van a parar todos esos dólares que recogen. Por qué nadie puede saber con quién contratan y cuánto es el monto de las facturas. Por qué se niegan a dar recibos. ¿Por qué tanto misterio? Será que no saben que la ley les exige rendir las cuentas. Será que no saben que producto de la crisis muchos edificios han bajado su precio en dólares, y ellos le siguen metiendo el cuento a sus vecinos que se van a revalorizar.

Si usted ha visto un caso parecido, tome una calculadora multiplique el número de apartamentos del inmueble, establezca una recaudación promedio mensual en dólares, multiplíquelo por doce meses, y luego saque el monto total anual. Lo más seguro es que al momento de hacer la conversión en bolívares su calculadora no tendrá dígitos suficientes para darle el monto total. ¿Dónde están esos dólares? El objetivo de estas “Juntas de Asalto” además de enriquecerse a costa de sus vecinos, es la de destruir nuestro signo monetario. Estas “Juntas de Asalto” son tan imbéciles que creen que con estas marramucias van a derrocar a Nicolás.


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