El tapaboca y pensar de otra manera. ¿Para qué?

Las defensas orgánicas funcionan como la mascarilla llamada “tapaboca”, pero tapando cada célula del cuerpo humano de cualquier crecimiento de tales patógenos.

Las epidemias y endemias parecen aconsejarnos que, cuando menos, debemos aumentar las maneras de pensarlas, agregando a lo conocido de la medicina otras distintas maneras de enfrentarlas.

Es importante recordar que desde que ocurrieron “pestes” anteriores estamos sin solución posible. Porque no podemos estar en eso de una vacuna por cada numero de “virosis” (Covid-19), que logre trascender como cepa mortal, no se si por ser conveniente a algún poder, como señalan algunos conspiracionistas.

Hoy es una controversia entre Trump, como representante de un nacionalismo aberrante, donde todos los demás son de una “raza” contaminante de los intereses de EEUU, y hay que enfrentarlos (guerra de cualquier dimensión), y los demócratas de Hillary Clinton, aunque este muriendo es su imagen (Biden es un cadaver político), representantes de las finanzas globales, especulativas y de la depredación de la naturaleza (extracción minera) y de las múltiples pequeñas guerras, alimento de tales finanzas, de la conocida industria militar,

Ambos, al intentar no permitir la caida del dólar, precisamente por su carácter expeculativo, por supuesto, evitar la caida de la economía de los EEUU, por la giantesca y impagable deuda que hacen crecer todos los años, para mantener el gasto de todo lo que señalé antes.

El asunto del que quiero hablar:

Imagino que muchos de los pocos lectores del artículo anterior con título similar “Descolonizar el pensar. No es fácil” abandonaron la lectura cuando escribí sobre los guarapitos contra virosis de mi mamá y se rieron de ello, en mi pretención de considerarlo como una respuesta competitiva a la vacuna, que ya anuncian como cercana los muy dotados de tecnología y parafernalia laboratorios CIENTÍFICOS.

Bueno, finalmente no quise decir eso, aunque lo de los laboratorios es cierto. Voy a decirlo con palabras de un autor europeo, aunque no modernista. Me refiero al, posiblemente, posmoderno, Jean Baudrillar, el cual, para mostrar la dilución de la vida moderna en el flujo que le achacan al ajuste neoliberal, lo muestra en el libro “La transparencia del mal”, allá en 1991 (Barcelona. Edt. Anagrama) cuando nos dice que la creciente cerebralidad de las máquinas debe provocar normalmente la purificación tecnológica de los cuerpos. Estos cada vez podrán contar menos con sus anticuerpos y, por tanto, habrá que protegerlos desde fuera. La depuración artificial de todos los ambientes suplirá los desfallecientes sistemas inmunológicos internos. Y si son desfallecimientos es porque una tendencia irreversible, llamada con frecuencia progreso, lleva al cuerpo y al espíritu humano a abandonar sus sistemas de iniciativa y de defensa para transferirlos a unos artefactos técnicos. Desposeído de sus defensas, el hombre se vuelve eminentemente vulnerable a la ciencia y a la técnica, de la misma manera que, desposeído de sus pasiones, se vuelve eminentemente vulnerable a la psicología y a las terapias que de ellas se deducen; o, como liberado de sus afectos y de sus enfermedades, se vuelve eminentemente vulnerable a la medicina. (p. 66)

Lo de “cerebralidad es por aquello de la inteligencia artificial (IA).

Quienes lo atacan y para desestimular la lectura de sus trabajos, sin que yo sea uno de sus admiradores, ni entusiasta lector, lo señalan como posmoderno,agregando que sólo es un pensamiento de moda, que busca notoriedad ante la crisis de la modernidad, como salida a un futuro ilusorio y otros epítetos.

Repito, lo uso como propuesta de propaganda del guarapito de mi mama, en la necesidad de buscar salida en el aumento de la defensa orgánica para evitar, disminuir, etc. los ataques de los microorganismos llamados patógenos. Que son todos los que tenemos en la vida, en este caso los virus, pero que debemos mantener el equilibrio de su presencia, entre otras cosas con la defensa orgánica, cuestión de primera importancia.

Esta manera de ver el asunto de algunas enfermedades es tradicional en la historia humana, pero ha sido abandonado por la presencia, repito, de la parafernalia tecnológica como respuesta, cada vez más específica hasta llegar a única, al ataque de los virus.
Por supuesto. además está la necesidad de mejor alimentación, la diversidad, las relaciones sociales, el contacto o cuando menos la conexión, en principio natural.
Después, si es posible, escribiremos sobre otras necesidades de pensar de otra manera.

Mientras tanto les daré la receta de mi madre: cocinar en agua una cebolla hasta que se ponga amarillosa (ambarina) y con esta agua hacer una limonada endulzada con miel. La toma puede ser caliente, natural o fría. Nosotros lo hacíamos durante todo el día, como bebida refrescante, en los períodos de cambio de las condiciones del clima (lluvia, frío) o cuando sentíamos algun malestar sintomático (tos, estornudos, mocosidad).

Bbiliografía
Baudrillar, J. (1991) La tranasparencia del mal. Barcelona. Edit. Anagrama.
https://azcireanimacion.files.wordpress.com/2012/08/baudrillard-la-transparencia-del-mal_ocr.pdf


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