Radicalizan la cuarentena, pero no radicalizan su gobierno

A propósito de las medidas que se han asumido para contener la propagación del COVID-19 a lo largo y ancho del país, me parece necesario elevar mi voz al respecto para dirigirme a los neo burgueses que nos gobiernan, y así darles a entender que acá la mayoría del pueblo valora los riesgos de esta pandemia y que en parte el confinamiento a que se nos ha llevado no es criticable, de verdad que somos muchos los que nos gustaría cumplir a cabalidad las medidas de resguardo para proteger nuestra salud y así contribuir a la protección de nuestros más allegados y de la colectividad que nos rodea. Pero, el problema que ocurre en este país que ha evitado que nos mantengamos en las calles y nos obliga a mantenernos en visita diaria en los mercados populares, ya que la mayor parte de la población dependemos del día a día, es la triste realidad de nuestro salario, el cual no alcanza para cubrir nuestras necesidades básicas, de tal manera que el venezolano en estos últimos años ha tenido que llevar una vida bastante agitada, teniendo que acostumbrarse al resuelve, lo que significa exceder la carga laboral a través de trabajos que te permiten generar ingresos diarios con la finalidad de tener más entradas de dinero y con esto enfrentar el alto costo de la vida. Finalmente, nos vemos acorralados entre la espada y la pared, a tal punto, que le hemos perdido miedo a la muerte, por lo tanto, quedarse en casa significa protegerse de un mal, pero no garantiza mantenernos a salvo, ya que el hambre también mata.

En medio de esta pandemia el gobierno ha seguido con su práctica alejada de los principios revolucionarios, se hacen los ciegos ante la situación económica que atravesamos, se burlan de nosotros mostrando una realidad en sus ruedas de prensa que están bien lejos de lo que se vive aguas abajo, no asumen un viraje de su política mezquina, no construyen con el pueblo, aborrecen la crítica, no escuchan y aparte se muestran prepotentes, porque no respetamos las medidas de quedarnos en casa, pero no asumen que tienen destinados al pueblo a la miseria con su política salarial indigna. De tal manera, que la realidad que ellos viven está bastante alejada de la nuestra y eso hay que decirlo, la comodidad de sus fourrunners los transformó en seres insensatos, irrazonables y autoritarios. Es un gobierno que se acostumbró a decretar y a no construir en colectividad, que se olvidó de radicalizar su gobierno en el buen sentido de la palabra, con el propósito de atacar los vicios que vienen empañando el curso de la política, de acabar con las mafias que corroen la República y de alcanzar ese sueño de un mundo mejor, pero como soñarlo si destruyen a diario el proceso político que se mostró como una ventana para la América Latina.

Ya está bueno de tanta ambigüedad y será vital para este proceso político que estos burócratas terminen de definirse, de sincerarse y comiencen a elevar sus propias banderas, para que no le sigan haciendo daño a la revolución ¿cómo se puede creer que un gobierno que se dice llamar revolucionario tenga a su pueblo en la difícil situación de tener que sobrevivir con un salario tan violento como el nuestro? y digo violento porque es algo que atenta contra nuestra existencia y nos ha llevado a un deterioro de la calidad de vida de manera abismal, sin embargo, esa triste realidad no buscan mejorarla.

¿Adónde fue a parar la coherencia de estos supuestos revolucionarios? Si empezamos a hacer memoria, encontramos: que este ha sido un gobierno que ha preferido reunirse con los empresarios, pero no con la clase trabajadora; que le da poder de destrucción a grupos armados (malandrines) con uniformes que actúan de manera contrarrevolucionaria en vez de delegar poder para el pueblo organizado con la finalidad de construir una sociedad más justa; que ha sincerado los precios de los alimentos, del combustible, de las divisas, pero no del salario; que se han sentado a hablar con grupos políticos que han promovido el enfrentamiento entre hermanos, pero excluyen del debate político a aquellas organizaciones revolucionarias que promueven la crítica o el debate de ideas; que ante la situación de guerra económica que ellos denuncian han sometido al pueblo a un salario de hambre, pero sus vidas sí están llenas de lujos, con grandes camionetas, casas en lugares privilegiados y generando gastos innecesarios a la nación, como por ejemplo, sus caravanas de escoltas, con los que andan alterando el tráfico en las calles despejando arbitrariamente los vehículos que estén a su alcance para que pasen las carrozas reales. En fin, será necesario que, ante la falta de sinceridad y claridad de estos gobernantes, empecemos a identificar las cosas como son para expropiarles de sus discursos el falso concepto que manejan de revolución con el que mantienen confundido a más de uno, así que, rescatemos la idea de estos farsantes y arrebatémosles nuestras consigas, nuestras banderas y nuestros códigos.

Por último, sería bueno invitar a esta burocracia a vivir la cuarentena con las grandes limitaciones que atravesamos los ciudadanos de a pie, que se vengan a vivir en nuestros espacios para q se topen con las penurias que se nos presentan a diario, como lo es, la falta en buena parte del territorio nacional del suministro de agua potable, lo que dificulta nuestro aseo personal para protegernos del virus; asimismo, los continuos cortes de energía eléctrica que atentan contra nuestros artefactos electrodomésticos, los cuales ahora son inaccesibles para la mayoría; para que padezcan de la falla en el suministro de gas doméstico, lo que genera aglomeraciones de personas en las zonas populares esperando ansiosos la llegada de las bombonas de gas para poder cocinar. Claro, no pensarán que se vendrán a vivir a nuestros espacios y van a disponer de sus cuentas bancarias para pasar la cuarentena, no, sobrevivirán con un salario mínimo, para que se den cuenta que el artículo 91 de la Constitución de la República es letra muerta, y le daremos de comodín, la lotería bondadosa de su sistema patria para que estén a la espera de un bonito, con esos dos ingresos cubrirán sus necesidades básicas. Si se enfermaran no creerán que van a ir a una clínica privada, se atenderán en un módulo de Barrio Adentro, un CDI o un hospital público, que según ustedes mismos se atienden a las personas de la mejor manera y se les dan a los pacientes las medicinas requeridas. ¿Aceptarían la invitación? Ahí les dejo eso reto.



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Ramón Álvarez


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