Adiós, querido profesor Asdrúbal Baptista

La primera vez que supe quién era Asdrúbal Baptista fue cuando vi uno de sus libros en la librería del Banco Central de Venezuela (BCV), en Caracas. Se trataba de su magnífica obra "Teoría Económica del Capitalismo Rentístico", la cual acabé comprando. En aquel entonces yo tenía alrededor de 19 años y, aunque era estudiante de ingeniería mecánica, tenía un extraordinario interés en comprender las particularidades de la economía venezolana.

Con ese libro comprendí que la historia económica contemporánea de Venezuela no era otra cosa que la historia de la renta del petróleo y sus procesos de apropiación, conclusión que aun hoy en día es muy difícil de aceptar por la mayoría de sus colegas, pertenecientes casi todos al mainstream económico.

Luego, al indagar en el resto de sus trabajos, me di cuenta de que el profesor Baptista no era sólo un afanado estudioso de la renta sino también de la historia del pensamiento económico y de quién sabe cuántos tópicos más. Era un ser de un conocimiento absolutamente integral.

Con el tiempo continúe estudiando sus obras y, al acabar la carrera de ingeniería, estaba decidido a hacer una maestría relacionada a "la cosa económica" (como él llamó en una ocasión) o, por lo menos, alguna en la que pudiese adquirir las herramientas necesarias para comprender la esencia de la vida social de Venezuela. Finalmente, también motivado por cuestiones de facilidades en los horarios, opté por ingresar en la maestría en Planificación del Desarrollo dictada en el prestigioso Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela.

Durante mi trayecto como estudiante de maestría siempre tuve en mente el tema de la renta del petróleo. En este sentido, cuando llegó el momento de buscar un tutor de tesis hice una lista con los nombres de los profesores por los que me gustaría ser dirigido. A pesar de tener la creencia de que su aceptación como tutor era algo altamente improbable, dicha lista estaba encabezada por el profesor Asdrúbal Baptista.

Seguidamente, procedí a enviarle un correo electrónico con mi CV y el borrador de mi proyecto de tesis, diciéndole que sería un total honor para mí ser dirigido por su persona y que, en mi consideración, él estaba en el tope de las mentes más brillantes de la historia de Venezuela. Para mi total sorpresa recibí, al día siguiente, una respuesta suya, en la que luego de pedirme que no fuese exagerado (siempre le caracterizó su humildad), se ofreció a apoyarme con mi investigación.

Recuerdo claramente nuestras primeras reuniones. En nuestro primer encuentro me obsequió un ejemplar de su recién editado libro "Itinerario por la Economía Política II". Yo realmente no podía creer lo que me estaba pasando: La persona a la que yo más admiraba intelectualmente en el país me invitaba a conversar en su oficina y, tratándome como si fuésemos grandes amigos, me regalaba su más reciente obra. Ese momento fue grandioso para mí y me motivó mucho a querer esforzarme para estar a la altura de las circunstancias.

El profesor Baptista recomendó que nos enfocáramos en el tema de la distribución de los ingresos nacionales, lo cual requería una actualización urgente de los cálculos. Yo, sin duda alguna, acepté. En ese momento sacó de su majestuosa biblioteca un libro de Jan Tinbergen: "Income distribution: Analysis and Policies", y me dice: "Tome Vallez, le presto este libro para que se adentre en el tema. Por favor, cuídelo". Al salir de su oficina, recuerdo haber cuidado el libro como si costase millones de dólares.

Debo decir que cada una de las veces que fui a la oficina del profesor Baptista, en el IESA, quedaba maravillado con su biblioteca. "Mi profesora, Joan Robinson, decía que hay que leer los clásicos, Vallez", me dijo alguna vez. En otra oportunidad, sacó las notas escritas a mano que resultaron de su estudio profundo de "Wealth of Nations" de Adam Smith para enseñármelas. Sinceramente yo estaba que me volvía loco viendo aquello.

En marzo de 2018 me tocó defender mi tesis de maestría. El profesor se encontraba en Aruba, tomándose un descanso del invierno inglés que fue particularmente duro ese año. A pesar de eso, interrumpió momentáneamente sus vacaciones para poder asistir a la defensa (vía videoconferencia) y que yo pudiese recibirme en el próximo acto de grado.

En la defensa obtuvimos la máxima calificación, con una mención honorífica. Al finalizar el evento refirió unas palabras hacia mí que me resultan imposibles recordar sin llanto y que guardaré en mi corazón hasta que también me toque irme de este mundo.

Finalmente, quiero darte las gracias, querido maestro, por todas tus enseñanzas y por la humildad infinita con la que afrontaste la vida. Prometo recordarte siempre y conservar con prudencia el honor de haber sido tu alumno.

Hasta siempre querido profesor Asdrúbal Baptista.

 

@jesusmvallez



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Jesús Manuel Vallez


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