(Consideraciones en torno al Covid-19)

Como personajes de un mundo surrealista

Como personajes de una película surrealista, estamos inmersos en una situación que afecta a la humanidad: la arremetida de un virus que ha puesto en jaque la cotidianidad del mundo. Hemos quedado atrapados en medio de una realidad onírica, que pudiera ser casi de la dimensión de una tercera guerra mundial, salvo que el enemigo es una entidad microscópica, pero con la fuerza avasallante de un huracán incontenible y desbordado. La guerra fue avisada desde el continente asiático se comenzaron a vislumbrar los primeros casos que se multiplicaban como la plaga de Egipto, y el pueblo mandarín, unidos por una disciplina loable, con la entrega de sus autoridades y trabajadores de la salud, lograron erradicar al inescrupuloso virus, que ya entonces pernoctaba a sus anchas en el continente europeo.

Tejida la realidad como una red de sucesos encadenados por circunstancias de la contemporaneidad, entre otras el movimiento migratorio que la vida moderna va acentuando, inevitablemente el virus con la impetuosa majestad del apelativo con el que se le conoce, hizo un recorrido de la mano de transeúntes, visitantes o viajeros del mundo, expandiendo su pretendida colonización y conquista de territorios, típicamente ocupados por humanos y no por el microscópico Covid-19.

Las conjeturas comienzan a surgir: ¿será que proviene realmente del murciélago? ¿Habrán creado el virus en un laboratorio? ¿Cuáles son los tentáculos que detrás del coronavirus mueven la situación? Y de ser así ¿Cuáles son los oscuros intereses manipulando el desencadenamiento esta pandemia?

Cierto es que la lucha por el poder, por la hegemonía de las potencias siempre está presente sobre el tablero del ajedrez político, pero ¿se puede llegar a tal extremo que exista tal indiferencia a causar un daño a tanta gente en el mundo? Ejerciendo la libertad de pensamiento, es dable suponer que estaríamos en presencia de la tan supuesta tercera guerra mundial, y que en esta etapa de la historia contemporánea, entre una Tercera Ola y una Cuarta Ola, ya no se trate de una guerra con armas tradicionales, sino con armas elaboradas desde laboratorios, creando terror a gran escala, donde solo la acción pertinente de cada gobierno, los pasos contundentes en la toma de decisiones y el pensamiento colectivo orientado en la vía de la conciencia social, han sido el escudo protector utilizado a tiempo en algunos países.

El hecho es que este surrealismo, ha superado la imaginación de Dalí. La realidad nos ha volcado al encuentro con nuestras vulnerabilidades, obligándonos hacer a un lado la arrogancia, prepotencia y superficialidad con la cual solemos en ocasiones proceder en la vida. No se trata de preocuparnos por nosotros mismos, es también ocuparnos de no dañar al prójimo y en la acción de quedarse en casa, lavarse las manos y tener distancia social, está la inevitable confrontación con el encuentro personal: yo con yo, "mimisma" con "misma"; tú contigo mismo. Casi en el orden de ideas de Louise Hay, se puede afirmar que una enfermedad llega (o amenaza con llegar) para obligarnos a tomar una pausa, un respiro, para pensar y autoevaluarse, para inclusive tener un nuevo comienzo, cuando todo esto pase. Dios mediante que así será más pronto que tarde.

Curiosamente, hace pocos días, ya vigente el Decreto Presidencial (en Venezuela) de estado de alarma por el problema de la pandemia, encuentro en un canal de televisión por cable una serie-comedia denominada "American housewife" (Ama de casa americana), que una niña hace referencia a su abuela acerca de un juego sobre una pandemia que ataca a la humanidad y (coincidencialmente) no existe medicamento para su cura o prevención, por lo que los jugadores deben encontrarlo. Sin embargo, esta alusión, algo inoportuna de presentar en estos días por televisión, no es la única transmitida a través de la televisión o el cine donde se alude a una pandemia. Ya a través del cine se han transmitido otras historias de suspenso, con tramas similares.

Podríamos suponer que las historias de Hollywood alientan ideas, o las ideólogos patrocinan a Hollywood. Después de todo esta industria también es un gran poder.

El hecho irrefutable es que existe la pandemia, y que podemos vencer ese enemigo casi invisible y minúsculo; la voluntad humana siempre ha sido la fuerza que mueve el mundo y la luz de Dios está en la discrecionalidad de nuestras decisiones.

Lo que sucede es necesario y muchas cosas cambiarán para siempre. De todo tomemos lo mejor: SER verdaderamente HUMANOS, y como tales ser tratados y tratar a los demás. Observemos a los gobernantes: Quiénes se dirigen con dignidad al pueblo, sin tratarlo como objetos y quienes con inclemencia han menospreciado la virulencia de la pandemia, despreciando los protocolos necesarios en estos casos, hasta llegar a un punto de daños irreversiblemente lamentables. La humanidad es lo más importante. Y cada persona, como individuo deberá enfrentar sus propios demonios, encontrándose con su propia mirada escrutadora, para felizmente, al pasar toda este surrealismo, vernos potenciados, amorosos, solidarios y más parecidos a Jesús, porque, después de todo, somos Sus hermanos, todos hijos de Dios.



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