¡Lo felicito señor fiscal!

Los venezolanos estamos aprendiendo a convivir con el terror impuesto en la dinámica de la lucha por el poder y el control de la estructura del estado, las cuotas de poder, distribuidas de manera aleatoria, responden a una lógica instalada en la psiquis de quienes forman parte de esos clanes, círculos en los que vale todo con tal de preservar los niveles de control alcanzado y el reconocimiento de un entramado de relaciones, creada para el crimen, para la impunidad y la manipulación a gran escala, en las cuales cada uno de estos "grupillos", juega el rol que le asigne la cabeza dirigente, el utilitarismo se convierte así; en doctrina política de quienes integran una especie de red delincuencial, con ribetes políticos y simbología partidista, cuya ideología es el exterminio de todo tipo de oposición u obstáculos a su modo de entender la política, para eso se valen de la fuerza del estado, que controlan a su antojo.

Basta con transitar por las carreteras del interior de nuestro país, para enfrentar un modelo impune, que atropella la condición social de convivencia, que desconoce todo derecho y hace imposible la noción de justicia, secuestrada en el criterio de un uniformado, un carnetizado o un conectado con estos círculos impunes, la matraca, el asalto, el secuestro, la extorsión, la vacuna, el peaje, son prácticas de uso cotidiano, a las que se ve sometido el ciudadano común, todo ello ocurre en la más escandalosa tranquilidad de los "organismos competentes", con el conocimiento de los líderes de los clanes y la imposición de una autoridad paraestatal.

Solo las familias que hayan vivido la experiencia dolorosa de perder uno de sus miembros por la acción policial, dimensionan exactamente la magnitud del problema, sufren en carne propia los colmillos de una fiera rabiosa que se sostiene en la psicología de un mal necesario y la aceptación colectiva de tales prácticas, reñidas desde todo punto de vista con los parámetros de una sociedad del siglo XXI. Las masacres, justificadas ante los medios por quienes dirigen las instituciones encargadas de velar por derechos fundamentales, deja ver el control alcanzado por estos factores, refleja la inexistencia de estado de derecho y coloca al ciudadano común de rodillas ante un verdugo dispuesto a cumplir las órdenes que le imparten las cabezas dirigentes.

Sabemos muy bien de los riesgos que implica en nuestro país, tratar estos asuntos de manera pública, pudiésemos tocar la piel sensible de las mafias enquistadas en los cuerpos de seguridad del estado y por tanto ser objeto de alguna medida ordenada por los perros rabiosos que las integran, o tal vez alguno de estos "enajenados políticos", se considere en el deber de defender lo indefendible y decida por sus medios cobrar lo que considere una ofensa para con sus "jefes", sin embargo asumimos con toda responsabilidad cada planteamiento, y lo hacemos en conjunción con nuestros valores, con nuestra convicción de seguir luchando por una sociedad distinta, en la cual los derechos dejen de ser discreción de quien gobierna.

 

Pudiésemos calificar como "estado malandro", a ese que somete al ciudadano a tramites humillantes para obtener asistencia, a ese que obedece ciegamente a las pasiones de los grupos en pugna, a ese que salta como resorte ante el tráfico de influencias, ese que funciona para joder al pobre que infringe la norma, y protege a quien lesiona el patrimonio público haciendo del tesoro nacional un negocio familiar, ese "estado malandro" viene instalando su práctica en lo cotidiano y va estableciendo relaciones de dependencia que sustituyen toda lógica formal, ese "estado malandro" ha tomado control de las necesidades de la gente y ha creado mecanismos de atención mediados por la sumisión de los necesitados.

El estado social de derecho y de justicia, consagrado en la constitución, se convierte en una ridiculez, ante la actuación policial desmedida, la especulación, el robo, la extracción, el chantaje y la corrupción pública, el desconocimiento sistemático de las bases de la convivencia y la complicidad de las estructuras del estado, que al parecer están más inclinadas a ganar elecciones que a ofrecer garantías al ciudadano común, ligarse al pandemónium que representa cada pronunciamiento político interno o externo, los jefes de las instituciones venezolanas, convertidos en turistas políticos, insisten en ganar prestigio mostrándose en eventos, firmando acuerdos que no se cumplen y tratando de reflejar imagen de normalidad.

No es normal la discreción policial, la hipocresía de los medios y la indiferencia ciudadana, estos fenómenos juntos; conforman un coctel sumamente peligroso para la existencia de la república, por imposible que resulta, convivir con la muerte como método para lograr la paz, para garantizar la estabilidad de un gobierno que tiene en la corrupción a su principal enemigo, al nepotismo como aliado; y al interés material como justificación de lo que está fuera de la ley y permite la actuación de los que desconocen el estado de derecho y a la constitución.

El cuadro general que se nos presenta, tiene todas las características de una crisis profunda, que llega a los tuétanos de la sociedad y la paraliza, esa crisis; pretenden utilizarla para producir contenido político, que instale una lógica en la psiquis colectiva, la competencia desleal, el arribismo, la trampa, el descredito y el chisme como tesis que lo sustenten. Lo que hoy es presentado como un estilo de hacer política, no es más que los reflejos de la ignorancia en el poder, son las mismas razones que tuvieron las turbas que acompañaron a Boves para saciar su sed de propiedad y venganza, en medio de la parálisis que produjo el hecho de no lograr establecer una república que garantizara la estabilidad y la paz, que reconociera sus derechos y actuara con vigor ante la discriminación, la exclusión y el racismo.

Hoy pretendemos lograr la estabilidad en nuestro país a sangre y fuego, tomar el poder o mantenerlo eliminando a quienes representan una contradicción al aparato propagandístico desplegado, habrá quienes aludan a la indiferencia moral de Maquiavelo para sustentar la justificación de este desastre, pero tarde o temprano tendrán que comprender, que no estamos en la edad media y quienes gobiernan, no pertenecen a la realeza. ¡DESPIERTE MAJESTAD!

 



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Henry Franco

Comunicador popular. Miembro del Colectivo Radiofónico de Petare y de la emisora Al son del 23 en Caracas

 ccdresistencia9960@gmail.com

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