Perspectivas sobre la crisis actual en Venezuela

1.- La Industria.

La actual situación económica en Venezuela está marcada por un proceso de agudización de la crisis que no deja de prolongarse aun cuando algunos sectores del ejecutivo aseguran que en un periodo de mediano plazo se puede generar una recuperación, estabilización y crecimiento económico sustentable.

Dicho esto, es necesario colocar en justo contexto los principales actores que pudieran aportar en esa recuperación y estabilización de la economía nacional. En principio, debemos comenzar diciendo que la principal industria generadora de divisas para el país como lo es PDVSA se encuentra con una producción actual que oscila entre 700 a 800 mil barriles de petróleo por día, cifra esta, que representa el nivel más bajo de producción de la industria en los últimos 17 años. Además de esto, es preciso añadir que PDVSA actualmente se encuentra agredida comercialmente, sancionada, endeudada, sin acceso al financiamiento internacional y con muy poca capacidad de reinversión debido a la escasa captación de divisas producto de la incipiente producción actual de petróleo, la cual, es utilizada para cumplir compromisos de pago internacionales (Préstamos otorgados por Rusia, China, Irán, etc.) e importación de alimentos e insumos médicos para el país. En estas condiciones la recuperación de los niveles de producción históricos de PDVSA se pierde de vista en el horizonte.

La industria petrolera es el sector económico que históricamente ha apalancado y dinamizado el aparato productivo nacional, por consiguiente, es la única que posee la fuerza necesaria de generar la reinversión para la recuperación del aparato productivo administrado por el estado, y a su vez, es también el principal financiador del sector empresarial privado, quienes reciben divisas del estado para la importación de materias primas e insumos necesarios para echar a andar sus procesos productivos. Si bien es cierto, que durante la última década el país obtuvo ingresos por la vía del petróleo suficientes para generar una mayor diversificación de nuestra economía, la coyuntura actual nos demostró que no solo no se desarrolló un modelo más diversificado, sino que se generó un modelo aún mucho más supradependiente de la renta petrolera, con lo que se abonó el terreno para una economía inestable y sin capacidad de respuesta frente a una siempre latente desestabilización del mercado petrolero. No esta demás mencionar, que a su vez se reprodujo el papel que el capitalismo internacional le impuso a nuestro país de ser proveedores de materias primas dentro del contexto de la División Internacional del Trabajo, es decir, jamás hubo transformación real del modelo económico.

Sin embargo, la recuperación y estabilización de la economía nacional no solo pasa por la reconstrucción operativa y productiva de la industria petrolera, sino que además, primero es necesario hacer una gran inversión financiera-humana en otros sectores que son fundamentales para el arranque de los procesos productivos y operativos de la incipiente industria nacional. Dicho sector no es otro que el correspondiente a los servicios básicos, como son: la Electricidad y el no menos importante sector de las Telecomunicaciones (Este último lo abordaremos en un próximo artículo). En este sentido, vamos a señalar algunos datos estadísticos de los niveles de generación y consumo eléctrico actual en comparación con la generación y consumo eléctrico de hace aproximadamente 10 años, a fin de mostrar de manera objetiva la importancia y el papel que juega este sector en la reactivación y "diversificación" del aparato productivo nacional con miras a la recuperación y estabilización de la economía.

A finales del siglo XX la capacidad instalada de generación eléctrica en el país era de 20 mil megavatios (MW), de los cuales 12 mil eran producidos en el Caroní, la oferta disponible era de 15 mil MW ante una demanda de 11 mil MW, de manera que la reserva en energía eléctrica era de 4 mil MW. Para finales del año 2012, la demanda eléctrica se ubicó en 18 mil 500 MW, mientras que la generación se encontraba en 20 mil 300 MW para una reserva de 1800 MW. Según algunos datos oficiales (Información obtenida del portal web de CORPOELEC) la capacidad instalada actual de generación es de 24.000 MW, cabe destacar que los números referentes a generación actual no se encuentran publicados en la página del ente estatal. Por otro lado, algunas fuentes no oficiales destacan que la generación actual de electricidad ronda entre 16 mil 500 a 17 mil MW, mientras que otras dan a conocer unas cifras de 12 mil a 13 mil MW de generación actual, para un consumo o demanda de 18 mil MW. Ahora bien, si estos datos -los cuales han sido recopilados de diferentes fuentes- son correctos queda en evidencia que existe un déficit de 1000 a 1500 MW en el primer caso y de 5 mil a 6 mil megavatios en el segundo escenario. Esto explica el porqué de las constantes interrupciones eléctricas en todo el país, siendo el estado Zulia el mayor afectado, en donde se han reportado interrupciones en el servicio por 12 horas consecutivas en promedio de 2 a 3 días por semana.

Otros datos que hemos logrado ubicar van en referencia al consumo eléctrico por sector productivo, residencial y comercio. Como mencionamos anteriormente, el consumo actual de electricidad es de 18 mil (MW). Ahora bien, de esos 18 mil MW, el sector industrial, quién es el mayor consumidor de electricidad demanda un 57,3% que equivalen a 10.314 MW, seguidamente, el sector residencial consume el 24,3%, que son iguales a 4.373 MW y por último, el sector comercio consume un 14,7% que se traducen en 2.646 MW, y el porcentaje restante, en su mayoría, corresponde a las pérdidas no técnicas. Bajo estas condiciones una hipotética reactivación del aparato industrial queda totalmente nulo, ya que, como se aprecia en los datos estadísticos, la generación actual de electricidad no cubre la demanda requerida para reactivar la limitada maquinaria industrial del país, por consiguiente, mucho menos para alimentar el consumo eléctrico de un nuevo parque industrial que busque dinamizar y diversificar el aparato productivo nacional, es decir, si en las actuales condiciones de generación no se ha logrado satisfacer la demanda del sector residencial (24,3%), es muy poco probable que se pueda garantizar el suministro eléctrico a la industria nacional (57,3%), la cual además, debido a la actual recesión económica más de la mitad del parque industrial del país se encuentra apagado u operando a media máquina.

En conclusión, podemos decir que la reactivación de la industria nacional y por consiguiente del aparato productivo se hará realidad, si y solo si, se logra una recuperación y estabilización sostenible de este sector estratégico, quién, junto a la industria petrolera son los motores que lograrán echar andar la diezmada economía nacional. Es importante recordar que los tres sectores históricos de mayor importancia para de la economía nacional son; la Industria Petrolera (PDVSA), Las industrias Básicas (Corporación Venezolana de Guayana, CVG) y la Industria Eléctrica Nacional (CORPOELEC), sin embargo, el punto de partida -desde nuestra óptica- para generar las condiciones de estabilización y crecimiento económico parten del rescate de la Industria Eléctrica Nacional, la cual, es indispensable para reactivar el potencial de las industrias Básicas y para crear las condiciones necesarias para una industrialización nacional que nos permita zafarnos de una vez por todas de la economía rentista petrolera.

2.- ¡Otros retos y cuestiones por superar (Corrupción + Burocracia)!

Además de lo antes planteado en relación a la recuperación del SEN como elemento fundamental para la reactivación de la industria nacional, también es necesario que se genere una política en otros ámbitos de la estructura institucional del estado-nación, que como bien sabemos tiene gran incidencia (positiva o negativa) en el desarrollo del país en lo económico, político y social. Nos referimos a la lucha contra diferentes flagelos (Corrupción, Burocracia) en la administración pública y demás instituciones y entes del estado.

a).- Corrupción.

En lo que respecta al flagelo de la corrupción, desde el punto de vista sociológico podemos decir que este es "natural" que ocurra en un proceso revolucionario, debido a que sectores sociales que históricamente han sido desposeídos y excluidos, ahora empiezan a formar parte del ámbito estatal, en donde, esta nueva condición reproduce la "lógica" de la apropiación del patrimonio del estado como una vía de "garantizar" la posibilidad de no volver jamás a las condiciones de pobreza y exclusión de las cuales se encontraba hace algunos años. La burguesía por su parte, tampoco escapa de esta lógica, y aun cuando disponen de medios de producción y riquezas, igualmente se apropian del patrimonio público, pero esta vez con el objetivo de expandir sus negocios, sus influencias dentro del estado, incrementar sus medios de producción y aumentar por esta vía la acumulación de capital.

En este sentido, hemos podido observar como se ha venido aplicando una política que no se corresponde con las demandas del pueblo, quién exige una mayor y mejor eficiencia y severidad en la lucha contra la corrupción y la burocracia, flagelos que sin duda son grandes responsables de la crisis ética-moral que se ha permeado y explanado en todas las estructuras de institucionalidad del Estado, siendo otro elemento que sin duda ha atentado contra el patrimonio nacional y la estabilidad social del país.

La carencia de una política eficiente, competente y severa contra este flagelo ha venido generando en el ámbito institucional y sobre todo en la administración pública una especie de "Democratización de la corrupción", la cual, ha sido propiciada por la tolerancia y el carácter permisivo de gran parte de las instituciones encargadas de la administración y aplicación de la ley, quienes más allá de luchar contra este flagelo no hicieron sino incorporarse a esta estructura, generando una especie de red de microcorrupción que se permeó en todas las instancias de la administración pública, trayendo como consecuencia una descomposición moral que produjo un brote importante de antivalores, donde el funcionario de menor rango también tiene acceso a la captación por vía ilícita de los recursos económicos destinados a la ejecución de proyectos de diferentes índoles para el beneficio de toda la sociedad. En este particular, no está de más recordar el papel que jugó la nefasta gestión de la anterior Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, quién durante más de 7 años de ejercicio, contribuyó a la creación de un sistema de corrupción que -sin temor a parecer exagerados- terminaron en la formación de una institucionalidad burocrática paralela (Aun existente) que operaba bajo sus propias políticas y sus propios intereses particulares como si se tratara de una "clase social" al margen del proletariado y la burguesía.

La tolerancia contra la corrupción y la demagogia discursiva han generado, -además de todo el daño al patrimonio público-, la pérdida del elemento moral, quién es el eje central y fuerza motriz que impulsa y respalda a cualquier movimiento político-social con aspiraciones a la toma y administración del poder político. La pérdida de la base moral significa -aún más allá de los estragos que genera la crisis económica, la corrupción, etc.- el elemento que puede llevar a la total derrota de un proceso de transformación social y de su movimiento popular, es decir, una derrota moral puede incluso generar la desaparición política por completo de ese movimiento social revolucionario o colocarlo durante unas décadas al margen de los acontecimientos que marquen el desarrollo histórico venidero.

 

b).- Burocracia.

 

Sobre esta situación específica, podemos decir que la Burocracia tiene todas las condiciones para ser reunida en una clase social única y perfectamente diferenciada. Cumple, en primer lugar, con la condición básica fundamental de una clase social, ya que, tiene un tipo especial de relación con los medios de producción, que la diferencia de la burguesía y el proletariado. Los integrantes de estos sectores no participan en el proceso productivo con capital, como la burguesía, ni aportan su fuerza de trabajo, como lo hace el proletariado, actúan como representantes de un poder que se les ha delegado, es decir, son administradores del poder. Esta condición le da a este sector una posición que pudiéramos decir es ventajosa o privilegiada frente a la clase proletaria y el pueblo en general, ya que, dispone de cierta autonomía en la administración, distribución y gestión de los capitales de las principales fuentes de ingresos económicos del país.

Hoy por hoy se hace sumamente necesario avanzar en la generación de instancias participativas en las estructuras de gobierno para la creación de políticas públicas y para la toma de decisiones. Hemos observado cómo se ha venido ejerciendo una política que no ha sido coherente en cuanto a acceso a los niveles de participación y protagonismo de las clases populares como elemento central en la lucha contra la burocracia, y como una política que busque dinamizar y reivindicar liderazgos medios de la militancia de base. Discursivamente se menciona el tema del protagonismo y del poder popular como uno de los pilares que caracterizan al "proceso revolucionario", sin embargo, la realidad es que existe una política marcada por una monopolización de las instancias de dirección, en donde, muy incipientemente (por no decir nulo), líderes sociales de la bases populares forman parte de las instancias de dirección en espacios fabriles, gobernaciones, ministerios, etc., con lo cual se prepara el terreno para la legitimación de la burocracia como única capaz de administrar y dirigir estos espacios.

Un proceso político si es realmente revolucionario debe permanente renovar su dirigencia política y generar mecanismos que le permita a la militancia en formación tener acceso a las instancias de dirección y toma de decisiones gubernamentales, de manera que exista un proceso de renovación y relevo que refresque y oxigene estos espacios con elementos nuevos de criterios, ideas y propuestas que contribuyan a desplazar la burocracia, erradicar la práctica de la monopolización de las instancias de dirección para que aquello del Poder Popular sea un ejercicio concreto y no un lema meramente discursivo.

Para concluir este conjunto de ideas que esperamos contribuyan al debate y a la discusión destacamos la importancia de que en lo inmediato se genere un proceso de rectificación en algunos de los temas que hemos planteado en este pequeño escrito. La puesta en marcha de políticas concretas y eficientes en el tema de la reactivación de la industria nacional partiendo de la recuperación de PDVSA y el SEN, la lucha contra la corrupción y burocracia, entre otros elementos, serán las que determinarán la continuidad o culminación del proyecto político que promueve el partido que hoy mantiene el poder en nuestro país. Otro elemento a revisar es el concerniente a la sobredimensionada política basada en el ejercicio de la retórica discursiva como elemento central en la lucha contra la crisis y guerra económica. Ciertamente, la estrategia discursiva de denuncia y alegato es de gran importancia en el marco de la lucha política-ideológica en el ámbito nacional e internacional, pero es la acción el elemento transcendental y la capacidad que se muestre en la buena administración y gestión de la economía derivará en el triunfo o derrota del proceso de transformación social y proyecto político, como hemos mencionado anteriormente. El discurso no puede estar primero que la gestión económica, por tanto, es la política económica el elemento central, ya que, no hay ni habrá posibilidad de sostenibilidad y defensa de un proceso revolucionario si este no tiene la capacidad de generar un nivel mínimo de bienestar y crecimiento económico de los amplios sectores populares.

Mail: alexcarrillo456@gmail.com

Twitter: @aacarrillo_



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