Cuarentena


“27 Cualquiera que tocare esas cosas será inmundo; y lavará sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la noche.

28 Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia.

29 Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión;

30 y el sacerdote hará del uno ofrenda por el pecado, y del otro holocausto; y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza.”

Levítico 15. 27-30

Desde hace tiempo sostengo la tesis un tanto peregrina, de que esta vaina se jodió desde aquel aciago día en que las personas que fungen como líderes estudiantiles dejaron de llamarse Carlos por Mark, Ernesto por el “Che” Guevara, Fidel por Castro, Vladimir, Ilich o simplemente Lenin por el que te conté padre, teórico, guía y protector del proletariado mundial y se comenzaron a denominar Nixon, Jheyson Villca, etc.

Los primeros, de reminiscencias netamente revolucionarias, indicaban generalmente la inclinación hacia el pensamiento de izquierda que profesaban los padres de aquellos muchachos, mientras que los últimos… bueno, que les puedo decir, seguramente a esos señores les impresionó algún presidente genocida, alguna película de terror o simplemente fueron engendrados -los nombre quiero decir-, mientras aún estaban turulatos por los efectos del bazuko.

Como no, hubo también el que llevó orgulloso el estigma de un apelativo anclado a los orígenes de la denominada “Cuarta República” y sus padres adecos o copeyanos les endilgaron un sonoro Rómulo por Betancourt -o en el mejor de los casos válgame dios, por Gallegos nuestro insigne novelista-, Rafael por Caldera o Raúl por Leoni y hasta algún militarista trasnochado le colocó a su vástago Marcos por el autócrata Pérez Jiménez.

Un amigo -Nelson Rodríguez, izquierdista y profesor universitario jubilado para más señas-, teorizando va más allá y comenta cada vez con más firmes argumentos y con mayor criterio que esta dirigencia, la actual venezolana, sufre el desarraigo de ser o de creerse familiares de inmigrantes, por lo que el amor a la patria se les va por el inodoro.

Apellidos con resonancias extranjeras -de todas las nacionalidades oriundas de la vieja Europa y de no más allá de las fronteras del Medio Oriente-, como Borges, Smolanski, Capriles, Goicochea, Toledo, Guaidó, Allup… o de añoranza mantuana como Machado, Mendoza, López u Ocariz, se apropiaron del escenario político en este caso opositor y con ánimo chovinista pero a la inversa, menosprecian a sus verdaderos compatriotas y con ese falaz orgullo eurocentrista los desprecian, reniegan de ellos, los difaman, y los traicionan con tanta facilidad que, por cualquier cifra, son capaces de entregar la nación o sus bienes sin que les importe un bledo el sufrimiento que le pudiera causar su postura entreguista a sus compatriotas.

Hasta el mismísimo Maduro ha caído en esa trampa y en un intento por “blanquear” sus orígenes se ha buscado raíces sefardíes, holandesas y no sé qué otras tantas fantasías de linajes de prosapia que lo acerquen al Reino de los Países Bajos y lo alejen de la Aruba tropical y paterna renegando de sus raíces caraqueñas, de extracciones netamente populares.

Dice el poeta Hermes Vargas que intentar reconstruir el árbol genealógico de un venezolano conduce inevitablemente al descubrimiento de un “bejuco genealógico” que se enreda manumiso e irreverente entre los vetustos troncos de las “grandes estirpes”, sarmientos insolentes que asoman historias truculentas incrustadas en las ramas de “las familias de abolengo”, brotes desafiantes ahí ente los tallos de “las castas tradicionales” que tratan de ocultarlos infructuosamente, pues esos episodios siempre salen a la luz.

Es entonces cuando se explica con cruel facilidad el por qué tanta alegría por parte de la dirigencia oposicionista ante las acciones norteamericanas dirigidas al aislamiento de nuestra nación. Estos hijos de mala madre con su complejo de superioridad sobrevenido de la ralea ancestral de sus familias, disfrutan maliciosamente mientras hacen negocios con los bienes y dineros de la nación.

Intentan instalar el desaliento entre los venezolanos, Pretenden generar ansiedad con fines políticos. Ensayan la taquicardia supraventricular como arma de destrucción masiva. La bendita cuarentena solicitada a gritos por la dirigencia opositora es la más perversa acción de aislar, de apartar a las personas como si fueran animales infectados quien sabe por cuánto tiempo para evitar que puedan acceder a medicinas y alimentos, a limitar el ingreso de repuestos y otros bienes de necesario consumo para quebrar la resistencia popular intentando encender la chispa de un levantamiento similar al ocurrido durante los días 27 y 28 de febrero de 1989.

El águila norteña intenta además con la cuarentena impedir el riesgo de que se extienda esta enfermedad contagiosa, la de la autodeterminación de los pueblos y necesariamente este cerco no podrá durar sólo cuarenta días. A las pruebas me remito, allí en frente en el corazón del mare nostrum caribeño, a 90 millas de la Florida, se encuentra Cuba erguida y resistiendo desde hace más de 60 años.

Bloqueos imperiales y traiciones intestinas no han podido quebrantar el espíritu revolucionario de los cubanos y seguramente no hará mella en los grandes segmentos de la población venezolana que apoya incondicionalmente al chavismo.

Podríamos efectuar predicciones más o menos exactas si analizamos los niveles de eficacia de las estrategias oposicionistas durante los últimos 20 años. Las formas de aislamiento bíblico hacia apestados y leprosos no impidió que estas enfermedades se extendieran por toda la tierra conocida. Las enseñanzas de Jesús corrieron la misma suerte. La aparición de la peste negra en alguna de las embarcaciones que conectaban las colonias con Europa determinaron la implementación de las cuarentenas, aunque esa medida no se basa en una razón científica propiamente dicha, sino en el número de días que de acuerdo con las sagradas escrituras, pasó Cristo aislado en el desierto. Las personas infectadas fueron separadas para evitar la propagación de la enfermedad.

La oposición cuenta para sí con un formalismo matemático: Mientras más mentiras les metan a quien les paga, más dinero se llevarán a sus bolsillos, lo demás es metafísica. Preguntar qué ocurrirá, lejos de conjurar viejos dilemas en nombre del pensamiento científico, crea más bien un híbrido filosófico que se resuelve en una ficción de poder que germina en la mente de los opositores, preñadas de posibilidades, cargadas de soluciones teóricas que se intuyen como reales pero que son exclusivamente literatura.

Cumplir a rajatabla los designios de Donald Trump se ha convertido para la dirigencia opositora en una búsqueda de argumentos maravillosos que se acercan cada vez más al género de la ciencia-ficción.

Estados Unidos al igual que en su momento la Venecia medioeval, ha tomado el liderazgo en cuanto a medidas “sanitarias” que buscan impedir la propagación de “la plaga” revolucionaria. La palabra "cuarentena" reverbera en el aire. La gravedad de este contagio y la importancia estratégica para USA del país donde ocurre el evento, han despertado el temor a la contaminación del resto del patio trasero.

La cuarentena que este parto histórico y revolucionario ha desatado, ha dividido al mundo entre los que temen a las represalias gringas y los que apoyan incondicionalmente su instauración. Mientras tanto, un vendedor de humo denominado Juan Guaidó y quienes lo acompañan insisten en solicitar nuevas medidas cada vez más asfixiantes, pero que afectan exclusivamente a los que hipotéticamente quieren salvar.

Quienes adoraban a Guaidó como a un nuevo mesías ahora lo colocan al margen, perdiendo aquel sólido estatus de líder de culto que alguna vez se le asignó. Se le sigue viendo, como no, pero ahora resaltan en él las escasas nociones políticas que maneja. Las reticencias que ahora despierta resultan la antesala al fin de su historia. Un personaje elaborado, construido en un laboratorio y que tan solo duró el tiempo suficiente como para poner en escena “sus propuestas” que consistieron en la entrega de las propiedades de Venezuela (CITGO, Monómeros Colombo-Venezolanos, etc.) y en el robo descarado de los dineros que el estado venezolano había depositado en bancos extranjeros para cumplir con compromisos, para cancelar servicios necesarios a la patria y para adquirir insumos indispensable para el funcionamiento del país y para la protección de la población.

Mencionar la palabra cuarentena, es una muestra más de traición a la patria que no sé por qué se ha perdonado. Sobre estos personajes que sirven a los intereses norteamericanos nuestra sociedad debería exigir que caiga todo el peso de la ley. No esperar arrepentimientos ni lágrimas de cocodrilo, no edulcorar este episodio con disquisiciones poéticas, simplemente en estas circunstancias resulta necesario que todo el ejemplarizante peso de la ley recaiga sobre los responsables de esta felonía.

Esta historia de deslealtad, típico de esta nueva generación de “dirigentes” tendrá que ser descrito en mil y un capítulos de los próximos libros de historia, se convertirán en una leyenda negra de la indignidad. Trabajadores por encargo, líderes Pret-á-porter de anunciada desaparición, un quita-y-pon ideológico altamente sospechoso.

Pronto quedará claro que al igual que la intentona golpista que sólo sirvió para liberar a Leopoldo López de las atenciones y cuidados prodigados por su esposa, estas medidas sancionatorias decretadas unilateralmente por el gobierno de los Estados Unidos, servirán exclusivamente para esquilmar ingentes cantidades de dinero a nuestra nación y todo ello con el apoyo público y notorio del “presidente encargado” Juan Guaidó y de su “tren ejecutivo” que hace desastres desde el exterior. Esto es sólo el comienzo de una trama con ramificaciones impredecibles.

La historia no se detendrá, transcurrirá hacia el futuro. La actual asfixia económica seguramente arreciará, castigando el bolsillo, las finanzas, la humanidad de los venezolanos. Sin embargo, por peores épocas ha pasado la patria y el triunfo nunca ha estado lejos.

Al igual que con el gato de Scrödinger, los actores involucrados en esta trama permanecerán políticamente vivos y muertos a la vez mientras sus acciones no sean verdaderamente observadas, estudiadas a profundidad.

Todo el que quiera encontrar una revelación cometerá una ingenuidad enorme, pues estará obviando todos los trucos y ardides con los que la oposición ha intentado engañarnos. Así pues, por mucho que sintamos un auténtico vértigo ante las sanciones que Donald Trump maneja, no debemos olvidar que gran parte de ellas se inspiran en el terreno difuso, libre de restricciones a la imaginación con los que han engatusado al hombre del copete amarillo estos pseudodirigentes opositores y como dice el levítico un palomo servirá de ofrenda por el pecado y otro por el holocausto.


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Carlos Pérez Mujica


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