Comunicación/Trofolaxis y mareo de la hormiguita Ibera Americana

La historia iba permitiendo hace un poco más de dos siglos, aunque de manera muy traumática y con mucho sufrimiento, a la hormiguita latinoamericana ir creando su propia manera de ser, su propia trofolaxis y feromonas: una forma propia de comunicarse para hacer y vivir, una esencia propia. Tanto la composición de lo compartido en la trofolaxis, como la interacción y forma de usar y vivir lo compartido, adaptada a su medio, hormiguero y alrededores, y enraizado en su sociedad, conformada por una serie de hormigueros distribuidos en una buena parte de la América: del sur, del centro y del norte. La trofolaxis estaba basada en feromonas de muy buena calidad, con un alto grado de pureza en cuanto al componente "autonomía", creadas gracias al aprendizaje creativo que permitía la interacción en toda la América, no en parcialidades.

En este despertar, algunas hormiguitas con acceso a lo mejor de esta feromona, cultivada a través de ciertos mecanismos de trofolaxis implementados en ese cultivo de la feromona autóctona (donde se transmitía el conocimiento junto a su historia y sentido) y orientada por hormiguitas maestras (algunas de ellas apellidos como Rodríguez, Bello), se dieron cuenta de que se podían separar del hormiguero madre ubicado al otro lado de una inmensa laguna, que la ubicaba más allá de la América. De nuevo, con mucho trauma y sufrimiento, y aprovechando la invasión temporal del hormiguero madre por cierras hormigas extrajeras, se logra la separación. Sin embargo, varias hormiguitas americanas estaban ya siendo alimentadas con feromonas contaminadas por algunos elementos foráneos, algunos de origen "anglo-sajón", teniendo mareos que les hacían ver las cosas de forma diferente a la visión autónoma, autóctona. Estas hormiguitas mareadas pasan a dominar los hormigueros, y provocan la fragmentación de la serie o comunidad de hormigueros originales, dividiéndose en pueblos hormigueros que se creen naciones, a manera de feudos de las hormigas mareadas. Es tal el mareo de estas hormigas que expulsan de sus hormigueros a aquellas hormiguitas que lograron la separación del hormiguero madre, generándose luego una gran tragedia y luchas entre las hormigas mareadas por el dominio de las parcialidades, o localidades surgidas de la fragmentación.

Sin embargo, la mayoría de las hormiguitas, aunque no dominantes en los hormigueros, continúan comunicándose con cierta feromona original, bien cultivada, lograda antes de la separación del hormiguero grande, y ahora mejorada; mientras, las hormigas dominantes cada vez se contaminan más con aquella feromona extraña, y están más y más mareadas, manteniendo las luchas entre ellas, negando la realidad de sus propios hormigueros, y la necesidad para el bien común de unirse todos los hormigueros americanos, a la vez que usan en sus luchas internas, como peones y carne de cañón, a las hormiguitas comunes.

El caos termina de llegar a los hormigueros americanos con la llegada de una nueva forma de trofolaxis, lo que termina creando el mareo generalizado en todos los hormigueros, y a que no queden sino ciertas hormiguitas en resistencia, aisladas, ante el avasallamiento de la nueva forma de comunicación, y la elaboración sintética (planificada) de feromonas de acuerdo a cómo se quiere que los hormigueros se comporten. Esta nueva forma de trofolaxis es inoculada a través de redes visibles e invisibles que desembocan en pantallas, que actúan como vampiros inoculadores, a través de espejos transmisores entretenedores, de las feromonas y demás elementos de la trofolaxis. Con estos mecanismos se conectan las hormiguitas de todos los niveles, lo que genera una nueva forma de comunicación que reemplaza la comunicación directa entre hormigas. Ahora la comunicación directa entre las hormiguitas se reduce en buena medida a re-transmitir las feromonas obtenidas de la nueva red artificial de comunicación, es decir, se convierte en un apéndice de la red artificial de trofolaxis, dejando las hormiguitas de ser creativas de feromona autóctona. No tan curiosamente, esta red artificial de comunicación es dominada por aquella extraña cultura de los hormigueros "anglo-sajones".

Se genera así un mareo a gran escala, y a nivel social, en los hormigueros, dado que ahora la realidad está totalmente fragmentada: por un lado lo que enseña la red "trofoláxica" artificial, y, por otro lado, lo que es la realidad de los hormigueros, sus necesidades, y lo que logran mostrar las pocas tradiciones y resistencia que han logrado subsistir. Este es el origen de la confusión que hemos llamado mareo.

Tal red trofoláxica es cuidadosamente planificada, a través de lo que llaman las hormigas dominantes: "agenda-setting", donde se establecen los lineamientos de comportamiento deseados, y ejecutada a través de la elaboración y distribución de feromonas específicas en la actividad llamada "framing", o uso de elementos/etiquetas de "entrampamiento" o "adoctrinamiento". Hay cierta manera de hacer efectivas estas feromonas y como tal son diseñadas, por ejemplo, repitiendo ciertas etiquetas de manera apropiada (con efectos como condicionamiento), las cuáles impactan de forma específica la psicología y forma de pensar, costumbre, etc., de las hormigas de todos los tipos. Existen, además, formas especiales, sintéticas, de elaborar las feromonas, para evitar detectar sus componentes de manera consciente por mecanismos de defensa psicológica natural de la hormiguitas, llamados "mensajes subliminales" y "mensajes descontextualizados", los que luego se convierten en especie de "virus del pensamiento de las hormiguitas" que contribuyen a generar formas de reflexionar y emociones, y a crear objetivos y preferencias, de la hormiguitas acordes a los lineamientos establecidos en la "agenda-settting".

Las hormiguitas sufren ya de tal mareo, que son incapaces de producir feromona de buena calidad por sí mismas, y las feromonas que emiten no son confiables, lo que reduce las posibilidades de comunicarse reflexivamente entre ellas, volviéndose totalmente dependientes de la trofolaxis y feromonas artificiales.

Tristemente, se llega a tal nivel de confusión, que algunas hormigas emiten feromonas que señalan buscar el bien de los hormigueros, pero los efectos de tales feromonas al traducirse en comportamiento son contrarios a tal objetivo. Las hormiguitas emiten feromonas con componentes etiquetados como "socialismo" o "capitalismo", que se suponen contrarias entre ellas, pero estas feromonas generan igual comportamiento, y solo logran ser contrarias a las feromonas originales ya en extinción, orientadas al bien común y autonomía, de los antiguos hormigueros americanos. Incluso algunas feromonas provenientes de clanes supuestamente contrarios, unas llamadas "madurillas" o "psuvillas", y otras "bolsonarillas", "duquillas", "trumpillas" (todas tienen más de pillas que de inocentillas), y tener componentes opuestos como las etiquetas "unidad latinoamericana" vs. "fragmentación latinoamericana", en esencia son semejantes, por ejemplo, en cuanto a su oposición a la feromona original mencionada.

Lamentablemente pues, no se ve nada alentador en estos hormigueros. Se percibe más bien el aumento del mareo y el dominio de la trofolaxis artificial a favor de lo foráneo, en estos hormigueros huérfanos de contacto con lo propio, con su madre (la cual por cierto, en parte debido a su debilitamiento por la separación de sus hijos, ya también sucumbió ante la trofolaxis artificial, y ahora está en situación semejante a los hormigueros americanos), y "adoptados" (o mejor dominados) por una madrastra deshumanizada anglo-sajona, que ahora se la pelea con otras madrastras posibles, pero todas enceguecidas por el aumento de la productividad y el poder.

oswaldoteranula@gmail.com



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