La ciudad borracha y otros temas

Muchas de las calles de Caracas cada día se convierten en escenarios para el disfrute entre "panas". Al caer la tarde, una poblada de jóvenes hace suyas las esquinas cercanas a conocidos expendios de cervezas y convierte estos sitios en "barras" hasta que la oscuridad de la noche hace uso de sus espacios y la colectividad comienza a retornar poco a poco a sus hogares.

Las "cervecitas" bien heladas de distintos nombres y características rompen la monotonía, combaten el estrés de la jornada de trabajo diario y abren de par en par las puertas batientes de las imaginarias cantinas. Las hay para todos los gustos.

Aun cuando estos sitios desestresadores no paran, excepto los días de fiesta nacional cuando la gente se va a la playa, son los viernes por la tarde los más cotizados para el sano jaleo entre amigos; más aun, si es día de pago; finales de quincenas o de mes. Las patrullas policiales transitan por la vía en sus recorridos habituales y no intervienen en nada.

Las aceras, ya transformadas en barras, no discriminan sexos, están prestas para ofrecer sin reparos sus bondades a las asentaderas de los "chamos y chamas" en sus encuentros sociales: caraqueños o venidos de otros lugares. Tampoco discriminan status social. Allí son bienvenidos todos aquellos que dispongan de suficientes mil quinientos bolívares, uff y muchos mas, de acuerdo a la escala inflacionaria de la semana, como al lugar: norte, sur, este u oeste, al cual se elija. Allí siempre están presta aguardando por usted: su polarcita oscura, clara, corta, o light, y pare de contar. Etc. Eso sí, bien fría.

Esto de beber cervecitas en las aceras caraqueñas es de regular data. Me contaba una protagonista de pasados eventos que, en su etapa de estudiante universitaria de historia, al retornar de marchas de protestas contra el gobierno de turno en la anterior república, las células tenían sus bares de preferencias en los alrededores de la Plaza las Tres Gracias en Los Chaguaramos o Santa Mónica, cerca de la UCV, para hacer calistenia y exacerbar los egos de buenos militantes.

Esta dama, Rosita Alvirez "la llaman" a lo mexicano. Solía ir a un lugar que los estudiantes de la Escuela de Historia de la Alma Mater": Todos. Cansados. Agotados luego del deber cumplido: guerreros. solaz se echaban en la grama del bar "El Canal de la Mancha" enalteciendo así el nombre del ingenioso hidalgo, el amor de Dulcinea. Pero con el tiempo optaron por cambiar de sitio y buscaron otro bar que las tenía más frías y más baratas, a éste le pusieron como nombre el "El reposo del guerrero" .

Cosas de Baco, el hijo de Zeus…

Y en Barquisimeto, Estado Lara, El pintor Gerardo Escalona y el poeta Elías Najul. Con muchas cervecitas acuestas. Exhaustos de la intensa tarea. Amanecidos. A eso de las cuatro de la madrugada, en medio de la aproximación del Conticinio, por ahí se asomaba también el sol de los venados, estaban ellos buscando la del estribo; la "caminera" las llaman otros. Pero todos los negocios habían cerrado. Agotados optaron por acostarse en una grama para ver los pocos luceros que se iban extinguiendo en el firmamento.

Me contó Gerardo, a quien los amigos conocen como "espátula", que él en medio de esas turbulencias , propias del libar etílico le comentó a Najul:

-Poeta usted no vio en Ultimas Noticias una información sobre los marcianos:

  • Dijeron que habían aparecido unos extraterrestres que venían de Marte.

  • Será que esos bichos se nos quieren invadir?.

Najul, pensativo y no menos jumo que el artista plástico alcanzó a responder:

- Bueno, poeta, si quieren que vengan, pero eso sí: sin echonerías…

Y, en Salamanca los bachilleres venezolanos Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles y Alfonzo Montilla, el primero estudiante de medicina y los otros dos estudiantes de derecho, departían animosamente en una tasca. Hubo un momento en el cual Carlos se ausentó destino al retrete. Pasó un rato prudencial y no regresaba. sus compañeros fueron por él. No estaba visible en ningún rincón de la tasca. Lo llamaban y nada, no había señal del futuro galeno (quien se hizo posteriormente famoso en Venezuela por su exposición "Homenaje a la Necrofilia", en la década de los años sesenta). A alguien se le ocurrió abrir una puerta. Era el depósito de las barricas de vino. Allí estaba Carlos sentado en el piso y recostado a una pared con la válvula de una barrica de vino abierta.

Y ante la exclamación de su nombre: ¡Carlos…Carlos!, hecha por Caupolicán.

Carlos respondió: ¡pásame una aceituna!...

El día siguiente en las puertas de todas las tascas de Salamanca, apareció un letrero que decía:

Se prohíbe la entrada a este lugar de los señoritos: Caupolicán Ovalles, Alfonzo Montilla y Carlos Contramaestre.

Después vino en Caracas el Techo de la Ballena; el Congreso Cultural de Cabimas, en el Zulia; y el Encuentro de los Poderes creadores del pueblo en Barquisimeto, Estado Lara…



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Nelson A. Rodríguez A.

Periodista y diplomático. Autor de ensayos, cuentos y poesía.

 nelsonrodrigueza@gmail.com

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