Venezuela. Crisis política / Problemas reales para la negociación

22/05/2019 | Carol Babroff*

Las noticias más recientes sobre el conflicto de gobernabilidad en Venezuela reseñan una reunión en Oslo, Noruega, a partir del 16 de mayo de 2019, entre un sector de la oposición y representantes del gobierno de Nicolás Maduro Moros. Es el primer resultado público de las reuniones telefónicas entre Trump y Putin, la sesión de trabajo entre Lavrov y Pompeo, y el intercambio de opiniones entre Putin y Pompeo, esta última ocurrida solo un día antes que se activara el escenario de Noruega[i] .

Oslo transpira el espíritu del orden burgués

La diplomacia rusa, con la aparente anuencia de Washington, buscaría jugarse en Oslo la posibilidad de una negociación en tres etapas. La primera y actual, que intenta abrir un espacio de intercambio y una lista de coincidencias entre las burguesías de la cuarta y la quinta república. La segunda, incorporando a la tercera pata de la mesa, las representaciones del capital trasnacional (Guaidó, Machado y otros) hasta lograr nuevos consensos tripartitos. La tercera, iniciar una ruta de solución negociada de la crisis con las tres facciones burguesas, a partir de puntos de acuerdo mínimos para la gobernabilidad, a mediano y largo plazo.

Es una incógnita si Maduro comparte o no todas las implicaciones de este esfuerzo, aunque evidentemente los hechos lo llevan a participar en cada uno de las iniciativas de negociación. El cuello de botella con el que parte el diálogo estriba en la dificultad para resolver un punto: Maduro acepta y promueve las conversaciones con un pre-requisito irrenunciable: el reconocimiento de su elección y mandato; la oposición participa como una de las alternativas para sacar a Maduro del poder. Cuanto están dispuestas a ceder las partes en estos puntos de honor, es la interrogante central.

Si esta iniciativa fracasa, Moscú podría aceptar a regañadientes otra solución, al menos que la diplomacia china entre al escenario jugando sus cartas. Trump exige una solución antes de su elección y sus socios imperialistas tratarán de proporcionársela. El imperio tricéfalo y extra territorial avanza en su constitución, a partir de complementarse en las soluciones a sus problemas.

El mismo día de iniciada la cita en Oslo, los representantes de la otra iniciativa internacional de negociación, el Grupo de Contacto de la Unión Europea, eran recibidos en el Palacio de Miraflores, por el Presidente Maduro; no trascendieron los avances, porque la atención pareciera estar centrada en las coordenadas de longitud E10°44’0.96" y latitud N59°54’42.84 [Oslo].

Por otra parte, el Grupo de Lima, la iniciativa capitalista más radical, que ha liderado el reconocimiento de unos cincuenta países a Guaidó y desde la cual se acompañó el intento de desestabilización del 23F, desde la ciudad Cúcuta ubicada en la frontera colombo-venezolana, decidía suspender su encuentro en Guatemala, a la espera de los resultados de las dos iniciativas anteriores. Las rutas de diálogo que permanecieron silenciosas ese día, fueron la que lideran Uruguay y México, así como la del Vaticano. China sigue expectante, a la espera de ver cómo se mueven las piezas, seguramente para proponer una alternativa en caso que se tranque el juego en la ciudad escandinava.

Los representantes del gobierno Bolivariano informaron del encuentro en Noruega, a través de sus cuentas de twitter; enfatizando en que la paz es el camino. Lo hicieron antes que el propio mandatario nacional Nicolás Maduro lo anunciara. Sigue la práctica comunicacional de ser el presidente el último que habla de temas estratégicos. Esperemos que, en este caso, no sea por ignorancia supina respecto a las letras pequeñas de la agenda.

Horas más tarde Guaidó, el auto proclamado, reconoció que la oposición estaba participando en estas reuniones. Evidentemente lo hizo para no tener que explicar por qué nadie de su confianza y del sector burgués que representa, estaba allí sentado. Su colega ideológica y de campo burgués fue mucho más enfática.

María Corina Machado en una entrevista a través de NTN24 señaló “lo único que aceptaremos es la salida de Maduro y las mafias,ni más, ni menos[ii]  . A lo cual agregó: “condeno el nuevo intento de diálogo entre el régimen y la oposición con la intermediación de Noruega. Pregunto si de verdad creen que un conglomerado en el que confluyen la guerrilla, narcotraficantes, redes de contrabando y terroristas cederán el poder así de fácil. Una vez más, se trata de un episodio de espaldas al país y con los actores responsables de esta tragedia, pero de nuestra parte, se trata de impedir que ese conglomerado criminal se expanda a la región, por lo que la solución debe ser continental” (NTN24). Con estas declaraciones María Corina Machado trataba de explicitar su reconocimiento unidimensional a las acciones del llamado Grupo de Lima.

Solo minutos después, el senador norteamericano Marco Rubio, quien ha fungido como el padrino de este último sector, manifestaba en su twitter: “¿Cómo puede una negociación ser una negociación de buena fe cuando #MaduroRegimen sigue deteniendo y persiguiendo a miembros destacados del movimiento democrático y la Asamblea Nacional en #Venezuela?” [iii].

Guaidó vuelve a pronunciarse el mismo día, esta vez a través de la radio, para indicar que “la única negociación posible y que aceptaremos es la salida de Maduro”. Unas horas más tarde, quizá para mostrar que sigue teniendo el control de la oposición, publicó que le recordaba a la opinión pública que como “presidente (interino)” había indultado al comisario Simonovis[iv], de quien se estaba anunciando, había escapado de su privación de libertad, la cual cumplía mediante custodia de funcionarios del SEBIN[v].

Por otra parte, trascendió a través de las redes sociales de los delegados de la oposición, que el mecanismo de encuentro en Noruega estaba en una fase pendular; es decir, de consultas por separado. Aún ningún medio anuncia ni informa sobre la participación de algún integrante de la fracción radical de la oposición, que lidera el presidente de la Asamblea Nacional.

El dato relevante y novedoso de este encuentro gira en torno a quienes de manera pública asisten al mismo, en representación de los intereses de parte de las fracciones burguesas en disputa. Veamos si logramos aproximarnos a una caracterización al respecto.

¿Quién es cada uno y cada cuál?

Por el lado del gobierno participan dos delfines del Madurismo, Héctor Rodríguez[vi] (HR) gobernador del Estado de Miranda y Jorge Rodríguez (JR)[vii], Ministro de Comunicación e Información del gobierno venezolano. Los dos no son lo mismo; el primero, tiene clara ambiciones presidenciales y expresa un esfuerzo político pragmático de control de daños, para heredar una fuerza política que le permita ser candidato presidencial a futuro, en un eventual giro público suyo de orden socialdemócrata, algo que ya lo es en la práctica, pero adornado en la actualidad con un discurso de radicalidad.

HR asume el recambio como algo generacional, planteando la necesidad de generar el retiro forzoso de la política a los mayores de cuarenta años, más aún de aquellos que participaron en la lucha revolucionaria entre 1958 a 1998; es una forma de despolitizar la disputa y concentrarla en temas de intereses grupales y personales.

Otro desafío que tiene HR es el factor militar. Aunque fue Vicerrector de la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA) no forma parte de ninguno de los clanes militares y es demasiado civil para los cuadros politizados de las FANB.

Cambio generacional y reconfiguración del rol del estamento militar parecieran ser los dos temas ocultos de la agenda de HR en cualquier negociación.

Por su parte Jorge Rodríguez, es un sobreviviente político, un Fouché Bolivariano, quien trata de evitar ser víctima de la guillotina que instale cualquier transición. Era reconocido por Chávez, pero al llegar Nicolás Maduro a la presidencia subió su estatus, convirtiéndose en unos de los asesores principales de Miraflores.

Por la oposición asisten: Gerardo Blyde[viii], originalmente militante de Primero Justicia, quien devino en un cuadro de Un Nuevo Tiempo (UNT), desprendimiento socialdemócrata de Acción Democrática (AD); Fernando Martínez Mottola (ex-ministro de CAP[ix]y ex-presidente de CANTV); y Stalin González[x] (UNT).

Es decir, por la oposición está sentada la socialdemocracia alternativa a Acción Democrática; eso explica en alguna medida la inusitada ofensiva gubernamental de los últimos días contra miembros de la dirección nacional de Acción Democrática (AD).

Pareciera que hay que dejar fuera del juego, temporalmente, a los históricos y reformatear todos los escenarios para buscar otra salida: aquella que los viejos no lograron vislumbrar. Ciertamente los diputados Ramos Allup y Zambrano estuvieron publica, notoria y comunicacionalmente implicados en el desarrollo del intento de golpe de Estado del 30 de abril de 2019, pero no era la primera vez que directamente o por terceros, habían estado implicados en conspiraciones. Entonces ¿por qué la reacción gubernamental actual? La reunión de Oslo lo explica.

Para que la fracción de la socialdemocracia, expresada en Un Nuevo Tiempo (UNT), tenga capacidad de intermediación internacional debe disminuirse a su mínima expresión y desprestigiar a la otrora poderosa AD. Entonces la reunión de Oslo no es un conejo sacado del sombrero de algún mago a última hora, sino que se venía construyendo luego de los sucesos del 30 de abril de 2019 y las reuniones entre EE UU y Rusia.

Hasta ahora, Henry Ramos Allup había sido algo así como la puerta de la oposición permanentemente abierta hacia la Socialdemocracia Internacional, a la que el gobierno insistía en mantener abierta; por ello, nunca se le persiguió en estos veinte años, a pesar de su beligerancia, verbo incisivo y vínculos con el golpismo del 2002.

Las ordenes de captura que se han generado en los últimos días contra las figuras más reconocidas internacionalmente de AD, Ramos Allup miembro por años de la dirección de la Internacional Socialista (IS) y Edgar Zambrano, diputado del Parlamento Latinoamericano con tareas regionales asignadas por la IS, parecieran indicar que otras puertas se están abriendo, hacia los herederos de la II Internacional.

Tanto Héctor Rodríguez (gobierno) como Stalin González y Gerardo Blyde (oposición) se presentan (sin reconocerlo públicamente) como aspirantes a representar políticamente a las burguesías venezolanas. El primero a la surgida entre 2002 y 2018 y los segundos a la que emergió entre 1958 y 1998. Al ser parte de un mismo grupo etario (Héctor Rodríguez y Stalin González), ambos aspiran a ser actores fundamentales en el recambio en el siglo XXI de lo que fue la generación de 1928 para la revolución democrático burguesa de 1958.

Ambas representaciones presentes en Oslo, expresan a las burguesías construidas bajo el amparo del Estado, tanto en la cuarta como en la quinta República. El instinto de sobrevivencia de las burguesías comienza a operar y actúan básicamente para protegerse de los intentos de Voluntad Popular (Leopoldo López y Guaidó) y Vente Venezuela (María Corina Machado). Estos últimos factores intentan constituirse en los intermediarios para la conformación de una burguesía trasnacional, que borre del mapa a las viejas burguesías locales, amamantadas por la teta del Estado rentista.

No nos caigamos a engaños: aunque aparenten lo contrario, la nueva burguesía trasnacional en eclosión, tiene ojos y oídos en las mesas de Oslo a través de los propios organizadores. Además, harán hasta lo imposible para que la figura que obtenga rédito político de cualquier eventual acuerdo sea alguien del clan Guaidó o él mismo. Esto no descarta que alguna de las fracciones burguesas nacionales decida dar el salto a la competitividad, y aliarse con el capital trasnacional; y no sería osado pensar en que los nuevos ricos sean los que se pongan más rápidamente el paracaídas. De ocurrir este último giro, se modificaría de manera sustantiva la correlación de fuerzas.

Esta mesa de Oslo es el primer intento serio de acuerdo entre dos fracciones de la burguesía, la cuarta republicana y la de la quinta república, intentando dejar fuera al coco que representa la representación del capital trasnacional. Sin embargo, no todo lo que está en juego son intereses políticos locales, sino que la actual crisis política venezolana ha permeado y es parte de la geopolítica global en medio de la mundialización del capital. En consecuencia, la reunión de Oslo es la apertura, no la melodía, del acuerdo donde los solistas debutantes son las potencias imperialistas norteamericana, rusa y china.

En Oslo no están sentadas ni representadas las fuerzas que impulsan una revolución estructural de la sociedad venezolana, ni tiene representación el movimiento popular ni las bases radicales chavistas del proceso Bolivariano. Oslo es la expresión de la capitulación de clase del proceso Bolivariano.

Las dificultades de un acuerdo de este signo

Llegar a un acuerdo, que garantice estabilidad política para las burguesías, que son las que plantean la solución sin cambios estructurales, implica superar un conjunto de obstáculos. Veamos cuales son algunos de las dificultades reales de una negociación en torno a Venezuela, que deben superar las burguesías para llegar a un acuerdo:

1. Ideología.En el último año se ha incrementado la retórica de la guerra fría en Venezuela. Es una especie de deja vúpolítico, que la mayoría pareciera aceptar, tanto en el gobierno como en la oposición.

Cuando se escuchan las declaraciones de voceros del gobierno como Diosdado Cabello o Elías Jaua, pareciera que el mundo tuviera un solo imperialismo (EE UU) y que Rusia siguiera siendo la bolchevique de Lenin & Trotsky, y China estuviera en el periodo de la larga marcha de Mao.

Pero si uno ausculta lo que señalan voceros de la oposición, como Julio Borges (Primero Justicia), Dinora Hernández (Fracción 16 de Julio) o Pizarro (Voluntad Popular), encuentra que la cosa no mejora por esos lados; para ellos Rusia y China parecieran ser baluartes del comunismo Bolivariano y Estados Unidos la nación de la libertad.

Es una tragicomedia que evidencia el precario nivel de análisis político que tiene la dirigencia política nacional en el presente. Son como sargentos de la reserva, quienes quieren comandar la batalla por la liberación de Berlín.

En la actual diatriba venezolana la disputa ideología es subsidiaria de la correlación de fuerzas en el plano económico. Se produce el atasco por la incapacidad de tres fracciones de la burguesía, para ponerse de acuerdo en un régimen de cohabitación en el cual todos ganen. Ello no se debe a una patología psíquica ni a carencia de inteligencia emocional, sino que es expresión del ADN constitutivo de la burguesía venezolana.

Tanto la burguesía cuarta republicana (1958-1998) como la quinta republicana (2002-2018), amasaron sus fortunas bajo la protección del Estado y a partir de los favores de sus representantes políticos en el gobierno. En consecuencia, en la 4ta y 5ta están acostumbradas a ganar todo y no tener que negociar con otra facción burguesa opuesta. Las burguesías nacionales no saben negociar y competir con otros iguales, por eso no han llegado aún a un acuerdo y temen o detestan al capital trasnacional que los obliga a acordarse con otros.

Esta minusvalía política los lleva a esconderse tras narrativas seudo ideológicas, que sirven como baratijas para los ingenuos, pero que no cuenta para nada en el tablero que se ha servido.

Las únicas ideologías con base social existentes, aún hoy en día en Venezuela, son la del socialismo bolivariano en el seno del pueblo, que al carecer de dirección política revolucionaria hace políticas a tientas, y la de la economía trasnacional.

La ideología socialista ni el ideal Bolivariano tienen representación en Oslo. Ciertamente aún los de abajo no han tomado conciencia que si ellos se mueven todo cambia, pero eso puede variar en cualquier momento.

Las burguesías, en medio de una situación de rebeldía por abajo, le temen a un cambio generado por las masas porque saben que ello puede conducir a cualquier parte. Por ello apuran las propuestas de negociación. Pero lo que hay en Oslo no es una controversia ideología, sino la puesta en escena de narrativas retóricas para el gran público y la mediática.

Pero la polarización que se ha sostenido por tanto tiempo, amparada por unas supuestas diferencias ideológicas, se puede convertir en un problema para explicar en las bases un acuerdo con los que hasta ayer eran vistos como enemigos, que implique despolarizar y caminar juntos.

Un problema que tiene Oslo, para alcanzar su cometido, es construir una ruta política para la despolarización, algo que ya otros sin éxito han intentado. Pero el capital transnacional quiere una despolarización entre fuerzas a su favor, es decir varias representaciones políticas afines y la minusvaloración del chavismo. Esa es la despolarización que intentan construir.

2. Reparto de la renta Las burguesías en Venezuela se han conformado mediante el acceso a dólares preferenciales, el control de la importación de casi todo lo que se consume en el país, la instalación de una infraestructura industrial de ensamblaje de piezas producidas en el exterior adquiridas con dólares a precio especial, la corrupción y la especulación financiera.

La deuda externa emerge como un mecanismo que ha permitido a través del tiempo, la apropiación y construcción de formas y mecanismos inescrupulosos de captación de divisas para la burguesía.

Por ello, las representaciones políticas en Venezuela, no pueden ser solo los muchachos de los mandados de los señores burgueses, sino que deben contar con capacidad para edificar y reinventar de manera permanente las rutas de apropiación de las riquezas de un Estado rentista. Difícil conseguir actores políticos con ese perfil.

Las burguesías venezolanas son altamente parasitarias y sus representaciones ejecutoras de formas delincuenciales de apropiación de la plusvalía, ilegales incluso en la lógica del derecho burgués.

Un acuerdo entre las fracciones burguesas sentadas en Noruega, implicaría delimitar porcentajes de ganancias en unas u otras áreas y monopolios en un sector u otro. Esto aún no termina de perfilarse claramente; tal vez Oslo sea el lugar y el momento para que las burguesías venezolanas hablen de lo que nadie quiere mencionar, a pesar que a todos les interesa.

Por ello, un componente fundamental de las negociaciones en Oslo, debe estar centrando en la construcción de un nuevo marco jurídico, que haga posible la continuidad de la expoliación de los dineros públicos, y el ensamblaje armonioso de los sectores burgueses que decidan sumarse al carro de la transnacionalización competitiva del capital.

Sin embargo, tratar de garantizar un acople armonioso, dudo que sea posible lograrlo de manera expedita, porque ello requeriría devorarse previamente (en términos económicos) a algunos de los intereses representados allí y nadie quiere ser el engullido. Peor aún, cuando se siente a la mesa la representación del capital trasnacional, entender las consecuencias de la lógica de funcionamiento del mercado capitalista trasnacional, puede generarle una embolia cognitiva a quienes están acostumbrados a enriquecerse bajo el patronato del Estado.

El factor X, lo no controlable en estas tentativas de repartos iniciales antes que se de el GO [¡adelante!] de la competitividad, sigue siendo el arraigo que aún tiene en las bases populares el modelo de derechos humanos integrales, algo que está lejos de cumplir o impulsar el neoliberalismo cuyo fantasma deambula por Noruega.

3. Reconfiguración de la burguesía como clase social. Se equivocan quienes consideran que el actual problema político en Venezuela deriva de las incapacidades de dos sectores burgueses para ponerse de acuerdo en medio de una efervescencia popular. Ciertamente las aguas están lejos de mostrarse calmadas en las bases sociales del chavismo, pero como hemos dicho en este texto y otros artículos, la pugna en el olimpo burgués es entre tres fracciones.

La primera, construida en la cuarta república; la segunda, edificada en la quinta; y la tercera, la que irrumpe vinculada al capital trasnacional. Mi punto de vista es que estas tres fracciones vivirán sus purgas asociadas a intereses y terminarán configurando de manera más o menos homogénea la nueva burguesía venezolana, solo que ahora estrechamente vinculada a la competitividad capitalista del capital trasnacional. Es decir, la estabilización burguesa exige una batalla final, por el control del trono de hierro[xi]  y, como en las batallas reales por el poder, es imposible que sobrevivan todos y todas.

De triunfar la ofensiva burguesa e imperialista y ser derrotada la fuerzas populares y revolucionarias bolivarianas, el señor Slim en México [empresario y octava fortuna del mundo] verá nacer tardíamente sus hermanos gemelos en Venezuela. Sin embargo, no me canso en insistir respecto a que no todo está dicho, y la posibilidad de una insurgencia popular aún está abierta.

En Oslo la experiencia de la socialdemocracia internacional y la diplomacia rusa están poniendo todo su empeño para ser los facilitadores de la reestructuración burguesa y la construcción consensuada de sus representaciones políticas en Venezuela. La pregunta alternativa es ¿dónde se están realineando las fuerzas rebeldes para enfrentar esta ofensiva del capital?

4. La representación política de la burguesía. Quienes hoy aspiran a ser las representaciones políticas de las burguesías venezolanas, pero también buena parte de la nomenclatura gubernamental, están muy por debajo del estándar requerido. Los políticos de la derechas e izquierdas en la Venezuela de hoy, parecieran una manada de liceístas corriendo detrás de la jefatura del centro de estudiantes. El problema es que el país no es un liceo, ni la economía el presupuesto del comedor.

Por ello, Estados Unidos tuvo que invertir en la formación, en Belgrado, de Juan Guaidó. Las dirigencias políticas de la derecha no tienen, ni tenían, habilidades para asegurar una victoria electoral, menos aún para iniciar un plan insurreccional. Los errores cometidos desde el golpe de Estado de 2002 así lo evidencian. Guaidó es solo un proyecto circunstancial de la derecha, aunque él pareciera estarle agarrándole el gusto al rol de líder.

Se requiere un nuevo perfil para cumplir esa tarea. De una u otra manera, en Oslo, Noruega, este tema emerge, no como un aspecto accesorio sino sustancial. No se trata de resolver momentáneamente la crisis, sino de conjurar el peligro de una eventual retoma del camino socialista en el proceso bolivariano; también de construir rápidamente lo nuevo.

Hay que estar atentos y hacerle seguimiento a los reagrupamientos que se producirán posteriormente a esta reunión y, las características de las vocerías que representen a la oposición venezolana en el futuro próximo.

Paradójicamente el problema que tiene la burguesía venezolana es el mismo que tiene el campo revolucionario: la falta de estudio en profundidad respecto a lo que ocurre en el país. Tanto las burguesías, como la clase obrera venezolana ven a quienes dicen ser sus representaciones como panfletarios, voluntaristas, más que actores que combinen el conocimiento con la voluntad.

No me corresponde a mi trabajar el perfil de la representación burguesa, pero si me atreveré en otro artículo a expresar algunos elementos a ser tomados en cuenta en la construcción de nuevas organizaciones revolucionarias en Venezuela, para que estas sean capaces de liderar una solución política conforme a los intereses de los explotados en una crisis estructural como la actual.

5. La franquicia del Chavismo. Quien lidere el grueso del capital político construido entre 1992 y 2019 tendrá posibilidades reales de entrar al juego de la democracia representativa burguesa en Venezuela, en la era post Maduro. Para ello, como lo he señalado, previamente se debe vaciar de rebeldía a las organizaciones del campo bolivariano.

La apuesta de este sector que aspira quedarse con la franquicia del chavismo, es a construir un modelo político de manzana[xii] que sustituya a la vieja guanábana 13/[xiii]política. En el caso de la actual dirigencia del PSUV, este proceso se inició desde la muerte de Chávez, pero no les ha resultado fácil culminarlo.

Primero fue la marginación del sector de Jorge Giordanni y Héctor Navarro, quienes habían sido los ministros de Chávez durante casi todo su mandato; ambos representaban el viejo modelo soviético de construcción del socialismo, que sin ser estalinistas expresaban la concepción de construcción de poder alternativo desde arriba.

Luego, serían Rafael Ramírez, Bernard Mommer, el sector vinculado a Esperanza Patriótica (EP); esta purga sería estructural pues expresaba la disputa por el control de la industria petrolera, en la cual se generan los dólares para el modelo de rentismo de la economía venezolana. Si bien siento mucho respeto por los viejos militantes comunistas agrupados en EP, hago una diferenciación de clase, entre Rafael Ramírez y ellos, considerando que el primero estaba en el centro del proyecto de conformación de la burguesía surgida entre el 2002 y 2018, mientras los segundos siguen siendo unos compañeros que sueñan y luchan por un mundo mejor, independientemente que esté de acuerdo con ellos o no.

Las purgas fueron silenciando y eliminando a todos los factores que no formaban parte de los nuevos grupos económicos. El último en salir de ese círculo fue el economista Rodrigo Cabezas.

Incluso se han montado obras de teatro que son en realidad trampas caza bobos como las supuestas diferencias de Elias Jaua Milano, ex Ministro de Agricultura y Tierras (entre otros cargos) con el gabinete ministerial. La operación política de Jaua muestra la necesidad que tienen el Madurismo de cooptar las cada vez más evidentes expresiones de rebeldía por la base.

Otros factores que eran considerados electrones libres como el Partido REDES de Juan Barreto fueron suprimidos, y expresiones como Marea Socialista se auto disminuyeron a su mínima expresión; LUCHAS es una organización muy pequeña para incidir en curso actual de los hechos. Partidos como los Tupamaros siguieron manteniendo el lenguaje y la estética revolucionaria, pero alejados de las luchas anti burocráticas concretas, por ello pareciera que no pueden formar parte de algún proyecto de transformación radical en el corto plazo. El PCV continúa en su línea del enemigo mayor, que los está llevando a una desconexión real con la lucha de clases concreta.

Nicolás Maduro (NM) apuesta por una revolución cultural en el PSUV que permita que los jóvenes tomen el control del partido, no para radicalizarlo, sino por el contrario para convertirlo definitivamente en una instancia de gestión.

NM apostaba inicialmente por Tareck Al Aissami y Héctor Rodríguez. La fortuna ha favorecido al segundo, ante las inclementes acusaciones contra el primero provenientes de centros mediáticos y de poder nacionales e internacionales.

En Oslo, Héctor Rodríguez está dando un nuevo paso en su carrera para asumir la franquicia partidaria del Chavismo, en un eventual recambio. HR está construyendo su plataforma presidencial con una legión de chicos cuarentones que se presentan como la juventud del partido y del proceso. Desde que ganó la Gobernación del Estado de Miranda, otrora bastión de Capriles Radonski, sus discursos están cada vez más asociados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el lenguaje de las bancas de desarrollo, siempre envueltos con un lenguaje radical.

Insisto en el hecho que Oslo no es un momento culminante, sino parte de una dinámica en pleno desarrollo, en la cual, políticamente hablando, los vivos de hoy pueden ser cadáveres insepultos mañana y, desconocidos del presente podrían ser figuras relucientes en el corto plazo. Estas contradicciones en marcha, limitan la capacidad real de implementación de los acuerdos que se están construyendo en la capital de Noruega.

6. Las FANB. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) es atípica en América Latina y el Caribe por su composición de clase. La inmensa mayoría de los oficiales, sub oficiales y tropa profesional asimilada, son hijos de trabajadores (educadores, médicos, técnicos industriales, obreros).

Recordemos que la ruta emancipadora en Venezuela fue liderada por blancos criollos, ricos latifundistas y señores burgueses de la tierra, que no eran una burguesía industrial; por lo tanto, su noción de tropa y milicia era más asociada a la protección de la propiedad territorial que a la defensa de un Estado Nacional como tal. Desde el ejército Libertador la participación popular había sido un signo destacable en el ejército patriota; por ello, las guerrillas y montoneras continuaron durante casi un siglo del periodo republicano.

Juan Vicente Gómez, al unificar y construir el ejército profesional unificado en el todo el territorio nacional en las tres primeras décadas del siglo XX, entendió que la única forma de lograr su propósito de conformar una tropa profesional que asumiera el monopolio de las armas de manera real, era garantizando en su conformación la extracción social popular de buena parte de los mandos de sus componentes. El Ejército de Gómez siguió siendo plebeyo.

A su muerte, los gobiernos militaristas de Eleazar López Contreras, Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez intensificaron esta composición. A partir del derrocamiento popular de Pérez Jiménez esta tendencia se profundizó.

Esto se debió a la estrategia implementada a partir de la revolución democrático burguesa (1958), por Acción Democrática (AD) y COPEI[xiv], cuyas figuras más prominentes fueron Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. Ambos líderes sabían que los ricos querían subalternizar su acción y la mejor forma de prevenirla era mantener la extracción popular de la FAN, construyendo un mecanismo clientelar de selección de los cuadros de la oficialidad.

A partir de este momento, para ingresar a los estudios propios de los suboficiales y tropa profesional, había que contar con una carta de postulación de un miembro de la alta dirigencia adeca o copeyana. AD que se consideraba y promovía como el Partido del Pueblo, la representación de Juan Bimba (un ciudadano humilde cualquiera), intensificó la línea de composición popular de los componentes militares, enfatizando en el desarrollo en ellos de los paradigmas de democracia participativa propio de la Escuela de Las Américas.

A pesar del involucramiento en la corrupción de cuadros y mandos militares, en la cuarta y quinta república, la mayoría de la oficialidad sigue siendo de extracción popular, humanistas y honestos. Por ello, en el 2002 no pudieron masacrar al pueblo cuando salió a las calles a pedir la vuelta al poder de Chávez. La matanza cometida en febrero de 1989 fue un punto de inflexión que construyó la conciencia colectiva en las Fuerzas Armadas, que indica que ellos no estaban para liquidar a su propio pueblo.

Si a esta realidad le sumamos la politización del Bolivarianismo socialista en muchos de sus cuadros, un acuerdo político en Oslo que pasa por la aplicación de un paquete neoliberal con impacto directo en la población más humilde, tendría la dificultad de no contar con unas Fuerzas Armadas represoras para sofocar revueltas populares al aplicarse el ajuste estructural del FMI.

Más aún, hay quienes pensamos que las resistencias activas al desembarco del capital trasnacional podrían provenir del componente militar, con un espectro que iría desde el nacionalismo hasta el Bolivarianismo socialista.

Oslo tendría que construir la ecuación para resolver este problema o un simple movimiento en falso haría que las FANB intervinieran, haciendo volar por los aires la ruta de implementación de los acuerdos.

De hecho, el 17 de mayo de 2019, El Comandante Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Ceofanb), Remigio Ceballos, aseveró que las FANB estaban “Dispuestos a rendir nuestra espada para las garantías sociales y seguimos en las carreras de las armas solo por las glorias que ellas dan, para defender la Patria y para recibir la bendición de nuestro pueblo venezolano y aferrados de nuestra Constitución” [xv].

7. Los trabajadores y el pueblo. La precarización laboral y la caída brutal del poder adquisitivo del salario real están haciendo que para quienes viven del trabajo, el mundo de los políticos les resulte cada vez más ajeno, algo que pareciera no tener nada que ver con la realidad, con lo que ocurre en las calles.

En medio de los apagones y los problemas de casi un mes para el abastecimiento del servicio de agua potable, como resultado del último colapso eléctrico, la pregunta que se formulaban todos y todas, los ciudadanos de derechas e izquierdas, en las colas para acceder a suministros mínimos era ¿dónde hacen fila para conseguir bidones de agua, los líderes de la oposición y el gobierno? ¿Será que ellos tienen una fuente eléctrica oculta? Porque a ninguno se les vio recogiendo agua para llevar a sus casas, o comprando velas para soportar las largas noches en oscuridad.

Una parte importante de la burocracia ha perdido el pudor mínimo y ostentan sin desparpajo un ritmo de vida de opulencia y despilfarro. Además, con la retórica de la seguridad hace años que no se pasean por las calles ni viven la cotidianidad del ciudadano común.

La burocracia gubernamental se ha convertido en una élite cuyo estilo de vida insulta y ofende a quienes viven la cotidianidad de la sobrevivencia, en medio de una híper inflación con cifras astronómicas, fáciles de decir, pero difíciles de creer.

Pero la dirigencia de la oposición no es distinta. Al contrario, tienen una manera de pensar más elaborada al respecto, justificada con una narrativa de sub cultura de lo popular. A tal punto es la desconexión de la dirigencia de la derecha con el pueblo, que todos los días hablan de un inminente estallido social que sacaría al gobierno del poder y los colocaría a ellos en el centro de la toma de decisiones. Consideran viable que la gente de los barrios se llegue a Miraflores, ponga los muertos en la refriega y una vez allí, los convoque a ellos para coronarlos como sus nuevos amos.

Hace tiempo que la alta dirigencia de la oposición no va a un barrio. Las cuñas y publicidad de sus campañas electorales le hablan a la clase media alta, nunca al pueblo llano, por eso a pesar del deterioro objetivo de la situación nunca logran conectar con el descontento popular.

Lo increíble es que una parte de la izquierda radical compre este mensaje de la dirigencia de la derecha y haga suya la idea de una inminente revuelta popular. Los portales de esta izquierda, todos los días hablan de revueltas que cambiaran la situación. Ciertamente el descontento en las calles crece, pero tiene como característica sui generis, una despolitización en términos clásicos o una nueva politización, que adquiere y sostiene conciencia del poder de sus movilizaciones para lograr sus reivindicaciones inmediatas, pero quieren estar lejos de las disputas del poder, porque están perdiendo aceleradamente la confianza en todos los políticos.

Recientemente un grupo de dirigentes sindicales del chavismo popular rebelde elaboró una carta pública al presidente Maduro que expresa esta rabia y rechazo creciente existente entre las bases de trabajadores, a un modo burgués de hablar sobre revolución[xvi]. Este documento es parte de dos fenómenos paralelos y aún inconexos de organización por debajo de las resistencias contra la deriva neoliberal que quiere imponerle la dirigencia gubernamental al proceso bolivariano.

Los trabajadores han aprendido, y como lo dijera Eduardo Sánchez, presidente de SintraUcv, “la clase obrera aprendió ya que de los gobiernos de los ricos, de los empresarios, solo podemos esperar mayor explotación, pero también hemos tenido que aprender que la palabra socialismo puede ser usada para implementar políticas neoliberales”.

Hoy crece el germen de la auto organización popular de los y las trabajadoras, algo que no aparece reflejado en los discursos de quienes están participando en la cita convocada por el ministerio de relaciones exteriores noruego.

8. Vender una derrota a nivel mundial, limitando el número de derrotados locales (Maduro, las FANB y Guaidó parecieran ser los trofeos necesarios). No existe un acuerdo duradero, una negociación de largo alcance que pueda consolidarse sin que se construyan derrotados que despierten temores y seguridades.

Para la burguesía trasnacional, para el capitalismo globalizado, una negociación duradera pasa por conjurar el riesgo de una revolución socialista y por la necesidad de dar un escarmiento público a los sectores progresistas del continente y el mundo que se atrevan a levantar desde el gobierno las banderas del socialismo.

Para conjurar el peligro de cualquier vuelta atrás en materia de radicalidad socialista, el gran peligro es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Por ello, intentan romper su unidad y van a tratar de seguir produciendo intentonas de golpe, actos de rebeldía, que vayan creando fisuras para poder plantearse abiertamente, como uno de los acuerdos, la reducción del tamaño de la FANB, como primer paso para su posterior eliminación.

A esta situación se añade el hecho que muchos integrantes de la FANB, en altos cargos públicos, se han corrompido y forman parte de la lógica neo burguesa, lo cual es público y notorio cuando coroneles llegan a los cuarteles en sendas camionetas mientras generales lo hacen en vehículos destartalados. Mientras la nueva burguesía vinculada al gobierno intenta esconder esta realidad, los sectores honestos de las FANB repudian este envilecimiento de algunos de sus cuadros. Esto está gestando una revuelta interna. Insisto, la inmensa mayoría del cuerpo castrense es honesto, patriota y comprometido con la independencia nacional.

Toda la FANB es un actor político y algunos de sus miembros están migrando hacia el campo de la burguesía; pero, esto es una excepcionalidad, la mayoría permanece honesta y comprometida con la transformación radical de la sociedad venezolana.

Si logran introducir en Oslo el tema de la reducción del tamaño de las FANB, del número de sus integrantes, y se acuerda despolitizar los cuarteles, en realidad se estarán creando las bases para desmantelar las FANB.

Sin embargo, esto es más fácil decirlo que hacerlo. La Fuerza armada Nacional Bolivariana (FANB) está altamente politizada y tiene un nivel de beligerancia participativa en los cuarteles. Trump, el Departamento de Estado, La Agencia nacional de Seguridad, la CIA y el enviado especial para Venezuela han intentado infructuosamente fracturar al componente militar.

Por el contrario, no está descartado un escenario de irrupción de las FANB para que se les reconozca su estatus de actor político y que no se negocie a espaldas de ellos. Lo cierto es que si no reaccionan su suerte estará echada en cualquier escenario de acuerdo.

Unas fuerzas armadas con alguna vocación socialista son inadmisibles en la actual geopolítica internacional, tanto para EE UU como para Rusia y China. En Oslo, si se comienza a introducir como agenda la despolitización de la FANB y su disminución de tamaño, lo restante sería más fácil. ¿reaccionarán a tiempo las FANB? No me corresponde a mi responder esta interrogante.

En las FANB, en su propia dinámica está en curso una purga, cuya orientación será decisiva en el curso de los acontecimientos. Si triunfan la honestidad y el patriotismo, es posible pensar en su aporte a la radicalidad del proceso; si, por el contrario, triunfan las fuerzas oscuras del negociado y la claudicación, créanme que Venezuela no tendrá Fuerzas Armadas en un par de décadas.

Nicolás Maduro sería el trofeo ideal para exhibir por las burguesías y sus representaciones, como muestra del fracaso del socialismo del siglo XXI. Por ello, públicamente le han propuesto amnistía e inmunidad para él y su familia, como el primer paso a su muerte política que lo colocaría en condiciones de ser enjuiciado nacional e internacionalmente.

Cualquier acuerdo que al respecto se comience a construir en Oslo, pasa por revalorar el papel de Maduro en la actual coyuntura y garantizar en el peor de los casos una salida honorable y permanente para él; esa es la tarea de los Rodríguez.

La duda que subsiste es si NM estaría dispuesto a aceptarlo, porque contrario a lo que muchos señalan considero que él tiene vocación de poder; se equivoca Heinz Dieterich Steffan cuando considera que NM es un simple accesorio en la actual correlación de fuerzas.

Quizá lo que le daría tranquilidad y garantía a Nicolás Maduro, sería que uno de sus delfines lidere una eventual transición. Esperemos que, si eso llega a producirse, el delfín no cometa un parricidio.

La toma de la Embajada de Venezuela en Washington, producida este 16 de mayo de 2019, fue a todas luces una provocación para que Maduro aplicara la reciprocidad en Caracas y poder poner en marcha un protocolo de captura quirúrgica de Maduro, como ya lo ha anunciado en varias oportunidades el Comando Sur.

Contrario a lo que pensaban, Nicolás Maduro mandó a reforzar la seguridad de la embajada gringa en Caracas. El escenario ideal para los yankees, era la toma de la embajada norteamericana, lo cuál habría sido un error político catastrófico, pues se convertiría en el pretexto para dar un giro, a los potenciales acuerdos de Oslo. Pero la realidad es más dinámica que las teorías de juegos diseñadas en oficinas.

Volviendo a nuestro punto central, preciso que quienes negocian un acuerdo, de parte del gobierno, también necesitan mostrar algunos derrotados en el campo de la oposición, para poder justificar su claudicación. Intentarán pedir la cabeza de Guaidó, quien no solo es quien los llevó a donde están ahora, sino quien expresa el liderazgo emergente que había perdido la oposición.

A veces los políticos se pierden en las páginas de Maquiavelo, olvidando que la política es consecuencia de la economía, así que Guaidó solo será borrado cuando surjan otras figuras que lideren y representen abiertamente los intereses del capital trasnacional en Venezuela.

En Noruega, los escenarios y posibilidades se exploran, pero tengo la impresión que aún muchos representantes no tienen conciencia de a que fracción representan, creyendo que hay una sola burguesía jugando los dados del recambio político en Venezuela.

9. La economía dolarizada. En los últimos años la hiperinflación destruyó la fortaleza del Bolívar como unidad monetaria. Varias reestructuraciones le quitaron ceros a la moneda nacional y se imprimieron una y otra vez billetes que ya no son aceptados en muchos comercios, porque ya no tienen ningún valor real.

En los estados fronterizos de Zulia, Táchira y Apure todo se comercia en pesos colombianos y dólares norteamericanos; en el resto del país, ya es usual ver pagar en los mercados populares con dinero del norte y casi todas las reparaciones y servicios privados se cobran en dólares.

El gobierno insiste en señalar que no dolarizará la economía, pero ya el propio mandatario nacional Nicolás Maduro anuncia presupuestos públicos en dólares. Este 17 de mayo de 2019, el oficialista periódico Ciudad Caracas publica una nota replicada por el portal aporrea.org, en la cual se anuncia que el “Presidente Maduro aprobó más de 184 millones de dólares para culminar 500 mil viviendas en 2019”[xvii].

Las familias trabajadoras comienzan a hacer trabajos extras de forma cotidiana (arreglos caseros, reparaciones de vehículos, arreglos de jardines, venta de comida), los cuales cobran en dólares.

Las remesas que envían desde el exterior los inmigrantes a sus familiares llegan de las manos de viajeros ocasionales o a través de las casas de cambio ubicadas en Cúcuta, Puerto Santander y Perijá. Por lo menos un millón de familias residentes en Venezuela sobreviven hoy gracias a las remesas que les envían desde el exterior.

El salario mínimo actual, estimado en unos 40.000 bolívares, es convertible a la fecha en unos 7 dólares, mientras un cartón de 30 huevos tiene un costo de 26.000 bolívares. No es rentable mantener un trabajo estable pues solo movilizarse en transporte público es una odisea, pues un pasaje cuesta 500 bolívares, teniendo que usar en promedio diariamente por lo menos cuatro veces el servicio; es decir, solo en pasajes urbanos un trabajador que labora 22 días al mes tiene que gastar 44.000 bolívares. La mayoría de la población está subsistiendo construyendo estructuras informales de trabajo y comercio en las que los intercambios se transan en moneda gringa. Hoy al ir a hacer mercado en una cadena del ramo, encontré que, de las diez cajas de cobro, la mitad están habilitadas para cobrar en dólares, ya no en bolívares.

¿Cómo puede subsistir la población en medio de esta situación? El gobierno ha implementado un conjunto de planes sociales y medidas compensatorias que mitigan en alguna medida la situación. Las bolsas de alimentos CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) que en el mejor de los casos tienen 13 productos de la cesta básica, el cual llega mensualmente a familias donde uno o dos miembros de ellas se benefician por ser trabajadores de alguna institución y/o pertenecer a un consejo comunal, logran disminuir el impacto de la inflación.

A ello se suman los bonos mensuales que por un monto aproximado de 25.000 bolívares reciben más de cinco millones de personas, ubicadas en la franja de población más vulnerable.

A pesar de ello, quien no está haciendo alguna actividad informal que le permita acceder a dólares, la está pasando muy mal. Los órganos del poder popular, especialmente los consejos comunales sostienen el andamiaje intermitente de democratización de la cada vez más limitada renta petrolera.

Desestructurado el mundo del trabajo y con una economía informalizada, cualquier negociación burguesa pasa por un ajuste estructural de la economía, al estilo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que eliminaría todos los planes sociales, lanzando a la hambruna generalizada a millones de personas.

Pareciera que la tentación a dolarizar la economía está en un sector de la oposición venezolana. Esto requiere una casta política unificada, de derechas e izquierdas, que sirva de muro de contención y manipulación ante la inminente resistencia que presentará el pueblo a la reestructuración burguesa en ciernes.

Sin embargo, dolarizar la economía puede ser quizá la única anestesia que hago dormir por un periodo las resistencias, porque mucha gente de manera ingenua piensa que si tiene dólares en sus manos su situación cambiará.

Por ello, el tema de la dolarización de la economía seguramente está incluida como uno de los puntos de agenda en Oslo. A ello se oponen voceros como Víctor Álvarez, ex ministro de industrias y comercio exterior de Chávez, quien expresa que ello tendría un efecto negativo en la estructura de costos de producción.

Pero, ¿podrá Oslo desanudar este nudo Giordano de la relación política y economía en el mundo burgués?

10. Poder Popular. El proceso Bolivariano construyó un ideal de la democracia sustentada en la gente. Esta agenda ha tenido un limitado desarrollo en su impacto en las decisiones en los altos niveles de poder, pero es una realidad política en la cotidianidad comunal. Esta nueva geografía social suele ser desestimada por las viejas y nuevas capas de las burguesías, quienes las ven como una simple montonera de negros, desarrapados, desdentados y mal vestidos hablando de política.

Esto no solo es un sentir en la oposición sino también en sectores del propio gobierno. Héctor Rodríguez, uno de los flamantes negociadores en Oslo, señaló el 25 de febrero de 2014, siendo Ministro de Educación, que "no es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos"[xviii], mostrando la cara del discurso de la nueva burguesía surgida entre el 2002 y 2018, que nada tiene que envidiarle en su narrativa e imaginarios a la vieja burguesía de la cuarta república. Se trata de una lógica de instrumentalización de los planes sociales para adormecer al pueblo, no para fortalecer su capacidad rebelde y autónoma.

Este común desprecio por el pueblo, de la vieja y las nuevas burguesías venezolanas, tiene un problema de comprensión sobre el potencial insurgente de los órganos de poder popular y su tejido nacional de relaciones aún existentes, a pesar de la desestimación que desde el poder progresivamente vienen sufriendo desde el año 2009.

Esta realidad invisibilizada en Oslo, Noruega, puede terminar siendo quien dé la patada a los términos que se acuerden en la mesa burguesa de negociación. Todos confían demasiado en el poder de manipulación de los aparatos políticos, desestimando la posibilidad que la toma de conciencia de estos años del poder popular, les permita abrir un nuevo cauce a la liberación socialista en Venezuela.

11. Desarrollismo y dependencia en el siglo XXI. Theotonio Dos Santos, Roy Mauro Marín, Vania Vambirra y André Gunder Frank pusieron en evidencia las formas como se producía la neo colonización y la dependencia en América Latina y el Caribe. Uno de los factores fundamentales en esta reconstrucción capitalista de la dependencia reside en la atrofia de los sistemas educativos y los aparatos de investigación para que solo reproduzcan el conocimiento, la innovación y la tecnología que producen en el norte las naciones imperialistas.

Como lo ha alertado en múltiples oportunidades Luis Bonilla-Molina, en su angustia intelectual sobre el impacto de la cuarta revolución industrial en Venezuela y en América Latina y el Caribe, el sistema educativo venezolano (educación básica, bachillerato y universidad), así como el sistema de ciencia y tecnología, están atorados en los paradigmas de la segunda revolución industrial.

Este atolladero no es solo epistemológico, sino que tiene su impacto en las políticas públicas que se presentan como revolucionarias, decoloniales y alternativas. Siendo en realidad en gran medida retóricas, porque tienen un anclaje paradigmático en el modo de producción de los años cincuenta y sesenta del siglo XX.

El desfase tecnológico e industrial de Venezuela es de una magnitud colosal, a tal punto que casi condena al país en el presente a depender exclusivamente del extractivismo y la venta de materias primas, dentro del circuito del capitalismo trasnacional que emergió de la globalización neoliberal.

El capital trasnacional se beneficia de ello. De hecho, en el presente, América Latina y el Caribe se están convirtiendo en la África del Siglo XX, pues en ella no se está invirtiendo en infraestructura y transferencia tecnológica, sino básicamente en extracción de materias primas. En contraposición la inversión en áfrica pareciera comenzar a dar un giro al desplazarse hacia allí, una parte de la producción de mercancías, claro está sin abandonar el extractivismo en esta región.

Buena parte del interés de las grandes potencias mundiales sobre Venezuela se concentra en el trinomio extracción de materias primas, venta de servicios e innovación tecnológica, así como de todo tipo de mercancía para atrapar la renta derivada de la venta de las riquezas del subsuelo.

Por ello insistimos en los límites de una negociación hecha por fracciones de la burguesía que amasaron su dinero sobre la protección de Estado y a partir de las importaciones de todo tipo de mercancías y partes para ensamblar en el país. Considero que no están preparadas para entrar en la competencia global de capitales del presente.

La incompetencia para adaptarse de esta burguesía les hará entrar en una crisis disolutiva de la cual solo sobrevivirá la fracción burguesa que actualmente, representan políticamente el señor Guaidó, Leopoldo López y María Corina Machado, mucho más ganada a entrar en la asociación y competitividad con el capital mundializado.

Por ello en Oslo está presente Fernando Martínez Mottola. El representó el intento de internacionalización del capital en la segunda administración de CAP (1989-1992). Él y Moisés Naim serían los encargados de llevar adelante la construcción de la arquitectura político, financiera e institucional para lograr el desembarco del capital trasnacional como eje de la economía venezolana a comienzos de los noventa. No pudieron hacerlo por el agravamiento de la crisis política iniciada en 1983 y hoy, como si nos estuvieran troleando el lanzamiento de la película más reciente de los estudios en Hollywood, vuelven a ser personajes centrales; no les extrañe la pronta aparición protagónica de Naim, hoy residenciado en Washington.

Moisés Naim fue director del Banco Central de Venezuela, Director Ejecutivo del Banco Mundial, editor hasta 2008 de Foreign Policy y luego integrante de Carnegie Endowment for International Peace[xix].

En la mesa de Oslo no solo se está construyendo la lápida del proceso revolucionario en Venezuela, sino las mortajas de las burguesías dependientes que surgieron en la cuarta y la quinta república. Veremos cuales elementos de ella se adaptan a la nueva realidad que pareciera emerger de la mirada del capital internacional.

Ello no implica que los actores allí presentes desaparezcan. Héctor Rodríguez y Stalin González parecieran representar un intento consistente por construir una alternancia política de nuevo tipo a partir de los acuerdos de Oslo. Pero para lograrlo deben superar o sumar a la cola a actores políticos que aún tienen ambiciones abiertas y aparentemente irreductibles.

En el caso de Héctor Rodríguez tendría que pactar y sumar a Diosdado Cabello, Elías Jaua Milano, Ameliach y seguir contando con la bendición de Nicolás Maduro, algo que no parece tan fácil ni expedito. Por su parte, el combo Guaidó, López, Blyde, Stalin González tiene que resolver como se rearticulan AD, Primero Justicia (PJ), los restos del chiripero[xx], Capriles Radonski, Henry Falcón y las ambiciones de los nuevos, como Nicmer Evans.

Es decir, Oslo Noruega es solo la apertura de la crisis de reacomodo de las representaciones burguesas en Venezuela. La diferencia y lo nuevo de esta situación es que el capital trasnacional pareciera resuelto a resolver de una vez por todas lo que les ha resultado esquivo desde 1983. Pero ¿todos los actores presentes en Oslo quieren romper con la dependencia del Estado en materia económica que caracterizó al siglo XX? Todo pareciera indicar que no.

12. El colapso de los servicios públicos y el caos que se avecina: la gasolina. Durante la cuarta y la quinta república, el modelo de dependencia neocolonial y el modelo de apropiación de la renta petrolera por parte de las burguesías, demandaba un modelo de gestión de los servicios que desvaloraba el mantenimiento y la prevención.

Se trataba de sustituir lo que se dañaba por algo nuevo, y en el trámite, apropiarse una tajada del monto. El mantenimiento era un goteo que no permitía apropiarse del grueso de la renta destinada a los servicios.

En algunas ocasiones la apropiación de la renta adquiría visos de delincuencia organizada, robándose los administradores el cien por ciento de los equipos que se debían instalar, registrando sustituciones ficticias de los mismos.

Cuando se comenzó a hablar del bloqueo de EE UU a la economía venezolana, las intervenciones que en reuniones de trabajo hiciera el presidente de la estatizada Cantv, el Ingeniero Manuel Fernández, alertaron respecto a que la capacidad instalada en el país estaba pensada para ensamblar repuestos y componentes elaborados en el exterior y que el protocolo tendía a la sustitución de equipos. Y que, dado que la caída de precios del petróleo y el bloqueo de las cuentas en divisas, impedían el acceso a recursos, era previsible el acelerado deterioro de los servicios públicos. Alertaba respecto a que, de no activarse la capacidad tecnológica, de investigación y universitaria para resolver esta situación, podríamos entrar en un shock de los servicios públicos a partir de 2019.

Hoy vemos y estamos viviendo las consecuencias del colapso del servicio de distribución de carga eléctrica y de bombeo de agua potable. A ello se le suma la parálisis que estamos comenzando a vivir en la distribución de gasolina. Esto último se debe a que, ante el colapso tecnológico de buena parte de las refinerías instaladas, Venezuela viene importando desde los últimos años del periodo Chávez buena parte de la gasolina que requiere para su mercado interno, pero al dejar de ingresar dólares por el bloqueo de EE UU esta operación de compra se hace muy difícil.

En el momento que escribo este artículo, las reservas de gasolina del país, a duras penas se estiman que alcanzan para unos quince días. Las colas en las estaciones de gasolina ya no son exclusivas de la frontera, sino que comienzan a verse y padecerse en las grandes capitales. De no resolverse pronto el stock de gasolina, es previsible el corte del suministro de gasolina a muchos Estados del interior del país, para concentrar las limitadas reservas existentes y las que se puedan obtener en el suministro a las grandes ciudades, especialmente Caracas. Sin embargo, como en otras oportunidades, seguramente aparecerá un socio comercial internacional, que a cambio de crudo auxilie el país con combustible

Todo este colapso está logrando poner en la calle la conveniencia de un ajuste estructural de la economía, que elimine los planes sociales y se concentre en la actualización tecnológica de la distribución de electricidad, agua, gas, gasolina, entre otros. La agenda neoliberal construye base social.

La idea que subyace a este discurso es que después que estén modernizados los servicios se proceda a privatizarlos. La desesperación de la gente está haciendo ganar simpatías a esta propuesta, sin medir claramente las consecuencias sociales de las mismas.

Por ello, comparto lo expresado recientemente por Norman Antonio Boscán[xxi], respecto a que el bloqueo económico a Venezuela, es estructuralmente funcional al desembarco del capital trasnacional en Venezuela, y a la neocolonización tecnológica del capitalismo del siglo XXI. Algo que solo puede llevar adelante en la actual estructuración del capitalismo globalizado, el capital trasnacional.

En Oslo, esta preocupación emergerá y se comenzará a construir consenso respecto a la solución ideal para los señores del capital. Y el pueblo ¿lo soportará?

13. El reloj de arena de los tres meses. En los cafés y lugares de pequeñas reuniones, de cualquier signo político, en cualquier rincón Venezuela, se habla cada vez con mayor insistencia, de un plazo que el 30 de abril de 2019 estableció la cúpula cívico militar para iniciar la solución a muchos de los problemas existentes. Este plazo, según dicen las voces populares, no excedería los tres meses; tiempo menos que probable para corregir los entuertos existentes.

De ser cierta esta información, una espada de Damocles pende sobre la cabeza de los negociadores. Pero actuar contra reloj puede ser la presión que necesitan las burguesías para construir un acuerdo, el tiempo máximo para que el autoritarismo o la anarquía se apoderen de las mismas calles que son hoy escenario de múltiples rumores.

Entonces, ¿es posible o no, una negociación y acuerdo?

Eso dependerá de la disposición y voluntad que tengan las tres fracciones de la burguesía venezolana para ponerse de acuerdo en un cambio inevitable: el ingreso de Venezuela al mundo de la economía global y la transnacionalización del capital, de la competitividad y la integración inter burguesa a escala planetaria. El mundo del trabajo no hace parte de esta ronda de negocios.

Sin embargo, las tensiones continúan; el 18 de mayo de 2019, el Presidente Maduro al referirse al cierre del primer ciclo de negociaciones en Escandinavia señalaba, que “hay buenas noticias con respecto al proceso exploratorio que inició esta semana el Gobierno de Noruega en Oslo, con representantes de su gobierno, entre ellos Jorge Rodríguez, y la oposición para construir acuerdos de paz entre las partes”[xxii].

En oposición Guaidó arremetía señalando “no nos van a joder, ya basta que nos vean la cara de tontos. No nos dejemos confundir. Aquí la ruta ha sido clara: cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”[xxiii].

Por su parte, el segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González, participante del diálogo en Oslo “calificó como una fase exploratoria el acercamiento entre el régimen y la oposición venezolana junto al Grupo de Contacto en Noruega”[xxiv].

En estos casos las palabras pueden ser engañosas. Lo único cierto es que hay por lo menos cinco mecanismos de negociación en marcha y que ya no solo la diplomacia norteamericana está actuando, sino que la rusa está haciendo lo propio. Apenas comienza a actuar públicamente este mecanismo, vendrán muchas reuniones secretas y entrelazamientos con las otras iniciativas y veremos que ocurre.

Pero la situación económica se hace cada vez más apremiante, mientras ya la rebatiña por los recursos naturales y minerales de Venezuela se está desacelerando, aunque siempre hay algo más que vender y alguna nación imperial interesada en ello. El agravamiento de la situación nacional producto del bloqueo va a hacer que el capital trasnacional tenga que redoblar su apuesta y jugar por arriba mucho más, para tratar de allanar los caminos que posibiliten el entendimiento entre las burguesías en Venezuela, más aún si la irresponsabilidad e inexperiencia de los actores locales solo logra la dilación perpetua de la confrontación.

Todos los esfuerzos de negociación son externos, lo cual indica que la hoja de ruta la está marcando el capital trasnacional; por ello, solo podemos entender lo que ocurre a partir de su lógica. Cualquier acuerdo local ya no se puede hacer descolgado de esa nueva dinámica internacional. Por eso el acompañamiento, presentado como contradicciones, que hacen las tres más importantes potencias imperialistas (EE UU, China y Rusia) a este proceso.

Todas las iniciativas buscan que Venezuela entre al juego de la economía del capital trasnacional del siglo XXI, ya sea por la puerta rusa, chica, o norteamericana, pero lo que está descartado es que quede fuera. Es un adiós a la vieja forma de apropiarse de la renta y la plusvalía, y a las añejas formas de entender la política en términos burgueses.

Por suerte, está el factor no calculado, la posibilidad siempre latente de que surja una correlación de fuerzas tal que posibilite la resolución socialista revolucionaria a la actual crisis. Pero con tristeza debo decirlo, en estos momentos es muy poco probable y ello solo será posible si se retoma la senda revolucionaria de la alianza cívico-militar de izquierdas que se comenzó a gestar en 1954.

No todo está perdido

Sumergirse en el lodazal de la lógica y las disputas capitalistas, no solo permite conocer mejor lo que ocurre, sino que se corre el riesgo trasmitir una carga de pesimismo en lo que se escribe, aunque una no se lo proponga. Ciertamente el capitalismo del siglo XXI está fuerte y en proceso de reestructuración, trayendo cada día más destrucción de la vida humana y la naturaleza, como lo advirtió Marx. Muy lejos está aún, el tiempo de hacer realidad esa propaganda irresponsable e irracional que propagó el estalinismo, respecto a que solo era cuestión de horas, días o meses, la resolución de la crisis terminal del capitalismo. El capitalismo sigue siendo un monstruo grande que pisa fuerte.

En su dominio asedia, cerca, golpea y liquida procesos de cambio, de transformación. Las resistencias anticapitalistas de cualquier signo saben que es inevitable esta situación. En Venezuela se soñó con el socialismo y Chávez intento construir la plataforma para avanzar en esa dirección. Se acertó en muchos aspectos y otros no tanto; es el riesgo de intentarlo. Hoy vivimos un momento de parálisis y tentativas regresionistas desde el poder.

Pero si dejamos por un momento el análisis de documentos, libros, textos, declaraciones, panfletos y vamos al encuentro de la calle, nos damos cuenta que muchas cosas cambiaron objetiva y subjetivamente durante estos veinte años. En las escuelas, liceos, sindicatos, federaciones estudiantiles, consejos comunales. En las colas para comprar cualquier producto se cuestiona el entreguismo y la corruptela, pero también al capitalismo salvaje que intenta imponer su mirada de destrucción de la agenda social. En las calles se dice, si nos echan una vaina y venden el proceso vamos a resistir al neoliberalismo con la movilización.

Durante los últimos meses son decenas de iniciativas de auto organización de pequeñas vanguardias socialistas con las que me conseguido; cada una de ellas se preparan para enfrentar combativamente a las políticas neoliberales. La primera de las resistencias, dicen, es impedir que se entregue el proceso bolivariano, pero si claudican, vamos a reconstruir organizaciones revolucionarias para enfrentarlos.

Es un proceso hermoso de toma de conciencia colectiva que ya no es exclusivo de sectores estudiantiles y obreros, sino que involucra a mujeres y hombres de los sectores más humildes. En esos laberintos de lo popular, el Chavismo se consolida como el imaginario y narrativa que inspira las nuevas luchas por el socialismo.

Los trabajadores y el pueblo llano tienen un grado de conciencia distinto al que poseían en 1998, cualitativamente superior, y eso no será fácil de borrar. Las izquierdas tendrán que explicar el por qué en este periodo de ascenso de las masas entre 1989 y 2014, no lograron construir una organización revolucionaria y, reaprender con la gente, de su instinto de lucha que vibra de manera desenfrenada.

Los acólitos del capital son muchos, pero nunca antes la posibilidad de construir una organización socialista revolucionaria había tenido tantas posibilidades de concretarse, aunque las masas nos inviten a construir una dosis de humildad y dejar a un lado la arrogancia del vanguardismo.

Se critica que las resistencias son caóticas, desordenadas, pero ello es la esencia de lo revolucionario. El orden es burgués, alegrémonos con el caos rebelde. Los dominados que se liberan están hartos de la rigurosidad que los convierte en máquinas de consumos. A los y las socialistas nos hace falto un poco de caos en nuestros cerebros para entender lo nuevo que emerge.

El Oslo de los humildes está en el barrio, en la fábrica, en la universidad, en los sindicatos que se reorganizan para la pelea, en el movimiento campesino que resiste a la lógica del capital en la producción. Ahora es que hay esperanza socialista en Venezuela.

19/05/2019

*Carol Babroff, doctora en Ciencias Políticas y Economía. Profesora universitaria en Paraguay. Realiza una investigación posdoctoral sobre gobernabilidad y lucha de clases en Venezuela

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[i] A quienes consideraron exagerado, lo que afirme en mi anterior artículo, respecto a que el bloqueo de EEUU sobre Venezuela, era funcionalmente estructural al capital trasnacional, les recomiendo estudiar el informe de marzo de 2019, generado por la Agencia Internacional de Energía. En este se señala que el gran beneficiario de la actual crisis de gobernabilidad en Venezuela y su impacto en la producción petrolera fue Rusia. Mientras ocurrían los apagones, pretendiendo resistir al imperio norteamericano como si este fuera el de los sesenta del siglo XX, le dimos concesiones petroleras a los rusos a precio de gallina flaca. La interrupción del fluido eléctrico por 20 días en Venezuela, le permitió a Rusia tomar el vacío que dejaba Venezuela en el mercado norteamericano. Rusia elevó en 375.000 barriles adicionales su exportación de petróleo a los gringos. Los EE UU no vieron amenazado su suministro del crudo y, el dinero de las ganancias de esta operación le entró al “bolsillo” del señor Trump, dado que la familia del primer mandatario estadounidense y Putin son socios en el negocio del oro negro. Verdades veredes Sancho.

[iii] Tuit del senador Marco Rubio https://bit.ly/2EeR3xP

[iv] Iván Simonovis, de profesión criminalista, fue el comisario que dirigía la policía de la Alcaldía de Caracas, el 11 de abril de 2002. Participó activamente en el golpe de Estado contra Chávez ese año. Al concluir la intentona y volver al poder Hugo Chávez, se le señala como un artífice de lo ocurrido. En el 2004 se le acusa formalmente y en el año 2009 se le condena a 30 años de cárcel. Por razones de salud, en el año 2014 se le aplica la medida judicial de casa por cárcel. El mismo día que se mueven las sillas en Oslo, Guaidó anuncia que "Recibió un indulto el 30 de abril que no fue ejecutado. Hoy está en justa libertad, aquí no habrá más presos políticos”

[v]SEBIN: Servicio Bolivariano de Inteligencia, es decir la policía política.

[vi] Héctor Rodríguez era un dirigente estudiantil universitario sin mayor liderazgo nacional hasta el 2005. Había construido su base juvenil en la Universidad Central de Venezuela. Al irrumpir el movimiento de los manitas blancas en el año XXXX, reactivamente surge un grupo de jóvenes estudiantes bolivarianos. Se promueve un debate en la Asamblea Nacional y Héctor Rodríguez destaca de manera notoria sobre el resto de los jóvenes chavistas y opositores. Rápidamente escalaría la dirección del partido, sería electo diputado con responsabilidades en el parlamento y llegaría a ser Ministro de Educación en el año 2014. Luego sería candidato y fue electo como Gobernador del estado Miranda, el bastión histórico de Primero justicia y la derecha más conservadora. La negativa de la mayoría de la oposición a participar en las elecciones, le abrió paso a la elección de Rodríguez. Durante su recorrido ha expresado que se requiere un cambio generacional en la política y cada vez su gente habla con más desparpajo respecto a su inminente candidatura presidencial.

[vii] Jorge Rodríguez es psiquiatra de profesión. Fue miembro del movimiento ´80 una plataforma electoral universitaria que se presentó como la renovación del pensamiento de izquierdas en la UVC en la década de los ochenta del siglo XX. ES hijo de Jorge Rodríguez, fundador de la Liga Socialista, asesinado por los cuerpos policiales en la cuarta república. Su imagen es cada vez más la de un Fouché en Palacio y un bufón ante los medios de comunicación. Es una de las personas más cercanas a Nicolás Maduro junto a su hermana Delcy Rodríguez, actual Vice presidenta del país.

[viii] Gerardo Blyde fue el abogado que demandó y logró sentencia a su favor respecto a una de las preguntas del referéndum para la constituyente de 1999. Fue militante de Primero Justicia hasta el año 2006 cuando creó el grupo Primero Justicia Popular criticando el activismo clase media del partido que ayudó a fundar. En el año 2007 ingresa al partido socialdemócrata escindido de AD, Un Nuevo Tiempo (UNT). Es un neoliberal con vocación populista.

[ix] Carlos Andrés Pérez, uno de los líderes más importantes de la vieja acción Democrática (AD), presidente electo dos veces en la cuarta república. Contra CAP insurgió en 1992 Hugo Chávez y los militares Bolivarianos. CAP no terminó su segundo mandato, porque fue enjuiciado y destituido del cargo. CAP intento abrir las puertas de la economía venezolana al capital trasnacional entre 1989-1991, pretendiendo hacer algo similar a lo que paralelamente hizo Salinas de Gortari en México, este último con éxito. CAP falló por la oposición y conspiración contra el de la burguesía generada a partir de la revolución democrático burguesa de 1958, la cual había hecho su fortuna bajo el proteccionismo del Estado rentista venezolano.

[x] Se dio a conocer como dirigente estudiantil de derecha a pesar que sus padres estuvieron vinculados a movimientos de izquierda. Con treinta y nueve años de edad se ha convertido en una figura emergente de la socialdemocracia venezolana.

[xi] Alusión al capítulo final de esta semana, de la serie Game of Thrones

[xii] Rojo (Chavista) por fuera y blanco (socialdemócrata y neoliberal) por dentro.

[xiii] Se decía del bipartidismo que era como una guanábana, verde (socialcristiano) por fuera y blanco (adeco o socialdemócrata) por dentro.

[xiv] Comité de Organización Político Electoral Independiente (COPEI), fue el partido demócrata cristiano que junto a AD lideró el Pacto de Punto Fijo, o acuerdo burgués para la gobernabilidad de Venezuela. El Pacto de Punto Fijo marcó la norma política de la democracia representativa 1958-1998.

[xvi] Sectores de Trabajadores Públicos y Privado se pronuncian: La Unidad de Acción de los Trabajadores para una salida a la crisis actual de Venezuela

Introducción e identificación

Los firmantes de este pronunciamiento somos trabajadoras y trabajadores de los sectores públicos y privados. Nos dirigimos a todo(a)s nuestro(a)s hermano(a)s de clase y a toda la sociedad venezolana en especial, al presidente de la República y, a quienes están al frente de las instituciones del Estado. Venezuela vive uno de sus momentos más críticos en la historia republicana. Los trabajadores y trabajadoras debidamente identificadas acá, queremos contribuir con nuestras observaciones y propuestas, las cuales consideramos pertinentes para buscar una salida a la actual crisis que atravesamos.

No obstante, mucho(a)s de nosotros y nosotras desde nuestras organizaciones sindicales hemos señalado en oportunidades recientes, algunas de estas observaciones y propuestas, que no sólo no fueron tomadas en cuenta en su momento, sino que, por mantener nuestras posiciones, hemos sido descalificado(a)s y hasta, considerados enemigos del gobierno y del proceso revolucionario. Cuando no hay ninguna razón para ello. Siempre hemos reconocido al presidente Maduro como el único mandatario nacional constitucionalmente electo. Pero el problema es, que quienes desconfían de nosotros(a)s es porque con la misma intensidad y fervor con que defendemos la revolución bolivariana, señalamos lo que consideramos equivocado y demandamos una solución a la crisis desde la perspectiva del mundo del trabajo y no desde los aparatos, el compadrazgo y los “intocables”.

Los medios de producción del país están prácticamente paralizados y los salarios y bonos de los trabajadores y su poder adquisitivo ha quedado pulverizado. Sí, eso es producto del bloqueo criminal de los EEUU a nuestro país, pero también debido a los errores en las políticas económicas del gobierno Bolivariano en los últimos años. Son responsable de la actual situación, la corrupción desatada y la incapacidad de recuperar la capacidad de diálogo entre la dirigencia y las bases sociales del proceso. Los y las trabajadoras han llevado sobre sus hombros la brutal devaluación de la moneda y la hiperinflación. La maxi devaluación del salario real de la clase trabajadora evidencia una nueva forma de explotación laboral no conocida hasta ahora: la disolución de la capacidad de compra para la subsistencia.

Hay temas y problemas que a muchos de los que ocupan los altos cargos públicos y en el PSUV no les gustan tocar. Uno de ello es, el del gerencialismo militar en la mayoría de las empresas del Estado. No se trata solo del corporativismo militar que deja a un lado a los “civiles”, sino la forma despreciativa de relacionarse con los trabajadores y sus sindicatos. Esta casta militar pareciera considerarse superior a los y las obreras, despreciando la organización sindical que se niega a guardar silencio respecto ante la creciente dilapidación de los recursos, la ineficiencia resultante de la sordera y el afán por los negocios personales a costa de los dineros públicos.

Esa capa de militares “especializados” en la gerencia, está destruyendo la noción revolucionaria de la alianza cívico-militar, haciendo aparecer a los hombres de armas como una nueva élite que domina. Es urgente develar esta situación. Pero no bastan solo buenos deseos. También sabemos y denunciamos que se han enquistado una burocracia sindical de la mano con altos funcionarios del Estado (ministros, presidentes de corporaciones) y han asumido la infatúa tarea de desprestigiar a la dirigencia sindical clasista, a los líderes obreros electos y respetado por los trabajadores en su centro de trabajo.

Esa situación ha sido resistida de manera estoica por los hombres y mujeres que vivimos del trabajo. Pero la paciencia ya se nos agotó. No nos vamos a quedar sentados en un banquillo ni cruzados de brazos ante la que está pasando. O se inicia un cambio radical o vamos a tener que recordar que la revolución es permanente y que el mayor enemigo de todo proceso de transformación es la burocracia y el silencio cómplice de quienes gobiernan.

Ello pasa por construir una unidad sindical revolucionaria, que supere las limitaciones de la actual burocracia corporativa del sindicalismo, preocupada más por complacer a los patronos y los funcionarios del gobierno que a los intereses de sus hermanos de clase. Llegó la hora de construir esa unidad de acción, para apuntalar de manera combativa a la revolución Bolivariana contra el bloqueo económico y las amenazas de invasión. Sin embargo, también contra el corporativismo militar, el gerencialismo de la casta uniformada, la burocracia corrupta y la inactividad de quienes están llamados a liderar el proceso bolivariano en estas circunstancias. Siguen firmas

[xix] Chiripero es el nombre que se creó para identificar a los partidos, micro organizaciones, grupos de interés y personalidades que se aglutinaron en 1993 alrededor de la candidatura del socialcristiano Rafael Caldera como intento y estertor de las representaciones políticas de la burguesía surgida en la cuarta república (1958-1998). Caldera ganó las elecciones, pero fue incapaz de la resolver la crisis política burguesa, viéndose obligado a entregar el poder a Hugo Chávez en 1999.

[xx] En español “Fondo Carnegie para la Paz Internacional”. Creado en 1910 por el multimillonario Andrew Carnegie, es un centro de pensamiento vinculado a gobiernos en todo el mundo, con una clara orientación neoliberal.

 



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